miércoles, 13 de julio de 2011

Reacciones frente al acto electoral del pasado Domingo

A falta de ese tiempo que por suerte tienen periodistas y otros académicos varios, alcanzo estas reacciones frente al Domingo. No creo que alcancen el status de reflexiones (no están precedidas o mediadas por ningún tiempo de análisis respetable).
No persiguen ningún ánimo más allá de compartir el propio, el cual adelanto, está tan animado como con anterioridad a ese día.

Primera reacción:
Confirmar lo que ya se sabía. Macri ganaba en Capital y habría ballotage con el FPV. Salvo porque la brecha entre ambas fuerzas fue algo más abultada que lo esperado, lo esencial de los resultados no se modifica. Sólo como elemento a recordar debemos pensar que en las elecciones de 1973, donde (y más allá de todas sus contradicciones) iba a consolidarse electoralmente una indiscutiblemente mayoritaria fuerza nacional que llegaba luego de años de proscripción y persecución, el radicalismo, principal fuerza de oposición, ganó en la Capital Federal.
En síntesis, y como conclusión algo arriesgada, el peso de las profesiones liberales (profesionales independientes) en la Ciudad de Bs. As. siempre llevaron a que prime en esa ciudad un pensamiento menos integrado a lo colectivo. Aun cuando fuerzas con discurso más “izquierdista” cosecharon importantes reconocimientos electorales, pienso que avanzaron más desde su discurso antipolítica (tan afecto al liberalismo ideológico. No hablo del económico).
Traducido al criollo, me dolió un poquito la brecha (los 19 puntos) pero no la tendencia, esperada, asumida y que indica todo el camino que falta recorrer para incorporar a una parte muy importante de ese sector social a privilegiar una sociedad inclusiva y solidaria.

Segunda reacción:
Me alegró confirmar que quienes más castigados salieron de esas elecciones fueron los discursos más visceralmente opuestos al modelo que se viene empujando desde el Gobierno Nacional: Carrió, Giúdicce, Duhalde e inclusive Pino Solanas fueron severamente castigados.
De aquí una advertencia para 678 y afines: esa oposición visceral ya salió (hace rato) del centro de la escena. En consecuencia deben adecuarse los contenidos a quien presenta la pelea hoy, a riesgo de perder eficiencia en la pelea contrahegemónica.

Tercera reacción:
Entre los variados análisis y comentarios que se hacen desde el propio campo algunos hacen mucho hincapié en la diferencial fuerza de comunicación de uno y otro candidato. En tanto Macri disponía de una estrategia comunicacional unificada (lo que implica un solo comando de decisiones y también la uniformidad de los discursos tanto en su contenido – qué decir - como en su forma – el estilo de los afiches y otras formas de mensajes, sus colores, etc.-), la fórmula del FPV tomaba decisiones en forma dispersa, lo que provocaba menor poder de llegada de su mensaje.
Si bien puede haber una parte de razón, pedirle a las estructuras que conforman el FPV y su multiplicidad de variadas adhesiones que se comporten con el centralismo de la fuerza del PRO es inconducente.
En el espacio del FPV confluyen una diversidad de tradiciones ideológicas y de prácticas políticas con lo cual, en estos momentos, la uniformidad discursiva debe ser una meta pero se está lejos de la misma.
Mientras prime la campaña mediática (sean televisivos, radiales o afiches en vía pública) las fuerzas del FPV estarán en desventaja. Me gustaría ver mucha más campaña en la calle y en los lugares de trabajo. Transformar la adhesión pasiva en esfuerzo activo.

Cuarta reacción:
Al ver el tamaño de la brecha dije que había que aceptarla y no ir al ballotage. Pero cuando pensé, dije qué importante momento para darnos una segunda oportunidad para debatir un poco más profundamente sobre modelos en pugna. ¿Por qué desaprovecharla?
Estoy convencido que muy difícilmente se revierta el resultado: hoy por hoy Macri gana en Ciudad de Buenos Aires. Pero es que el objetivo, en estos momentos, no debe ser ganar la jefatura de Gobierno sino acrecentar y consolidar la fuerza propia. Y aquí hay muchísimo para ganar, por qué negarse.
Salir a convencer escuchando al otro, al vecino o compañero de trabajo que no es Macri ni TN (aunque su sistema de pensamiento funcione desde el armazón ideológico propuesto desde allí).

Quinta reacción:
En algunos intuí cierta tristeza o desazón. Miren, la pelea por un país más justo, solidario, abarcativo, independiente en sus decisiones, con desarrollo de su aparato productivo, alentando la producción antes que la especulación financiera, en fin, esa pelea no empezó hace 2 meses, 4 u 8 años.
Desde las luchas por nuestra Independencia se presenta la disputa por dos modelos diferentes de pensar el país y entender a su pueblo. No somos fundadores de la historia, mal que le pese a nuestro espíritu aventurero y fanfarrón, sino continuadores de innumerables hitos, algunos más heroicos, otros más emotivos, todos imprescindibles.
¿Cómo darse el lujo de permitir hacerse el angustiado justo ahora?
Entonces mi quinta reacción fue llenarme de entusiasmo y salir a empapelarme de alegría. Comprender que falta mucho, pero que estamos caminando.

Rubén Amaro