viernes, 8 de octubre de 2010

HIERVE LA MALA LECHE. LANATA VS 678

¿Qué es 6 7 8? ¿Qué ha significado en el mundo mediático para desatar tantos enconos, litros de tinta, odios desenfrenados, estallidos en las redes sociales y movilizaciones envidiadas?.



En los últimos días el otrora paladín periodístico de las clases medias progres finalmente se sacó. Lanata no pudo mas y vomitó entera la bronca que venía masticando. “¡Seissietechorros! “espetó. Al punto de hervor llegó cuando los panelistas del programa en cuestión trataron el rol de ciertos periodistas “progres”, amantes de las utopías humanistas siempre que se diriman allá lejos y hace tiempo cosa que nunca les salpiquen el traje. La progresía cool o los progres de derecha como quizá debería llamárseles, saben que es posible encontrar el templadito espacio en donde ser políticamente correctos sin irritar a potenciales patrones.


Haciendo un poco de historia, es posible rastrear algunos “ancestros” del actual 678. Un antecedente podría encontrarse en un documental que tuvo amplia difusión hace más de una década llamado “las Patas de la Mentira”. Con un efecto demoledor, el trabajo describía los actos fallidos de los políticos desnudando su verdadero sentir. Luis Barrionuevo, sin ponerse colorado, sugería que había que dejar de robar dos años. Bittel, compañero de fórmula de Italo Luder en las elecciones de 1983, decía lo que no quería decir: “ Si tenemos que elegir entre liberación o dependencia, elegimos dependencia”. Un extraordinario trabajo en donde el pensamiento crudo de gran parte de la clase política vernácula quedaba al desnudo. Por ese entonces Lanata celebraba, pero hoy el ojo está puesto en los periodistas y el rol de los medios y entonces ya no es nada gracioso. Ahora Lanata desespera e insulta.


Históricamente intocables, sin colegios profesionales ni tribunales de ética que los auto regulen, se manejaron hasta hace muy poco con pantallas y micrófonos impunes. Pero el poder omnímodo de los medios y sus periodistas comenzó a descomponerse cuando un humilde programa en pantalla “fría” pero con un gran trabajo de archivo, comenzó a señalar las contradicciones y falacias de la corporación y sus empleados.


Desde el punto de vista del universo discursivo se podría decir que 678 altera en un doble sentido del término: Por un lado rompe el flujo uniforme del discurso hegemónico, el efecto de “naturalización” de lo arbitrario por origen y por otro lado, despierta la ira de los voceros de dicho discurso hegemónico. Altera y los altera. Sobre la primera acepción hay una profusa bibliografía en torno a los discursos sociales, las resistencias culturales, los relatos subalternos y alternativos. A la rabia de “mala leche” Lanata y el resto de las estrellas del firmamento mediático hegemónico, basta explicarla con una metáfora gastronómica. 678 es ese espacio crítico que irrumpe en la cocina de la mercancía informativa y muestra los ingredientes putrefactos con los que se construye “la realidad” mediatizada. Testimonia el gran “secreto”: El aceite que se utiliza para hacer la comida es tóxico, la leche está vencida, y la carne está llena de gusanos. Ahora bien, Lanata y el resto de la indignada aristocracia periodística no afirman, “es mentira.. el aceite no es tóxico, la leche no está vencida, ni la carne está llena de gusanos”. No responden mostrando la idoneidad de los ingredientes que utilizan sino que se despachan enardecidos acusando a 678 de “vigilantearlos”. Siguiendo con la metáfora culinaria dicen: “¿Cómo se animan a meterse en la cocina y mostrar cómo hacemos los platos?. ¡Nos están arruinando el negocio!”. Ahí es donde la angustia argumental se transforma en impotencia y la impotencia en odio que desbarranca.


Los apóstoles del periodismo “independiente” deberían empezar a sospechar que aunque parecen actividades disímiles, vender comida y noticias tienen muchos puntos en común.


Daniel Calabrese


(En honor a mi homónimo cocinero que utiliza ingredientes de primera)