miércoles, 4 de mayo de 2011

La "objetividad" periodística es la subjetividad dominante

Por Juan Manuel Fonrouge
Nuestro país, que supo como ningún otro de cercenamiento a la libertad de prensa en épocas pasadas, puede hoy proclamar a los cuatro vientos que tiene una legislación modelo y un Estado que no persigue a ningún sector, incluido el periodismo, ni por sus ideas ni por sus opiniones. El que diga lo contrario, debería poder demostrarlo.

En todo caso, algunos periodistas o medios de comunicación pueden sentirse desprotegidos. Por caso, los medios monopólicos y sus escribas, que ya no cuentan con el amparo de una legislación hecha a su medida, modificada a su antojo todas las veces que fue necesario, para acumular la sumatoria del poder de la opinión pública, en detrimento de la diversidad de voces.

La cuestión de la libertad de prensa no puede estar atada a la libertad de empresa, y ya es hora de que al hablar de este tema pensemos en los periodistas como comunicadores libres, y en aquellos sectores sociales que permanecen ocultos por no estar en la agenda de los grande medios.

Esta situación de plena vigencia de las libertades nos obliga a profundizarla, debatir, trascendiendo los ámbitos académicos, sobre el rol del comunicador, nuestros derechos y deberes, nuestro compromiso con los que no tienen voz, y la cuestión de la “objetividad”, fundamentalmente, por el derecho a asumir nuestra subjetividad plenamente.

Batalla cultural, batalla por el sentido.

El argumento de la supuesta “objetividad del periodismo” fue desenmascarado como lo que es, la quinta columna del pensamiento único liberal.

Cuando la misma ciencia se ha declarado subjetiva, desde el momento en que un científico selecciona un objeto real y lo transforma en objeto de su conocimiento, involucrando en esa selección su subjetividad, el periodista que sigue proclamando su “objetividad”, o es un caído del catre, o es un canalla que se aprovecha de un concepto de fácil digestión para engañar.

Porque donde dice “objetividad periodística” debería decir “subjetividad dominante”.

¿Por qué cuando un periodista coincide honestamente en sus opiniones con este proyecto de país somos “vergonzosos”, pero cuando ellos lo combaten, muchas veces por intereses económicos, son “neutrales” y “objetivos”? El espíritu de la época, los nuevos vientos que soplan.

Porque cuando desde la política se proclamaba que “si hubiera dicho lo que iba a hacer nadie me votaba”, el periodismo tenía su tránsfuga correlato.

Pero si alguien proclama que “no vine a dejar las convicciones en la puerta de la Casa Rosada”, ningún periodista puede dejar las suyas en la puerta de las redacciones.

Tenemos derecho como comunicadores a ejercer nuestra subjetividad plenamente. Todo periodismo es político.

El pensamiento hegemónico, para reproducirse, en este caso desde los medios de comunicación, ha buscado hábilmente mostrarse como neutral, como desideologizado.

Como correlato del ya en desuso paradigma de “el fin de las ideologías”, los medios imprimieron en la opinión pública esa mirada hipócrita que pregona que “ideología es la que tienen los demás”, mostrándose como dueños de la “objetividad”, como parte de su estrategia mediática para proclamar UNA visión del mundo como única y definitiva.

El periodista, como comunicador de ideas, de una visión del mundo, que ayuda a definir, consolidar, reformar o transformar la visión dominante, cumple una función política, por acción u omisión, a sabiendas o no.

No se trata de pensar en convertir todos nuestros escritos u opiniones en prensa partidaria, en un pensamiento monolítico de lo que esta bien o esta mal. Pensar el mundo y sus relaciones implica también dudar.

Si vamos a asumir nuestra subjetividad como comunicadores de ideas, entonces desarrollémosla plenamente.

Si tenemos derecho a expresar nuestra subjetividad, entonces no podemos trabajar donde la cercenan, al menos que se priorice el dinero. El camino es el de especializarse, opinar porque se sabe, porque se investigo, la mayoría de los periodistas pueden estar informados, pero poco saben sobre lo que hablan.

En esta fecha, donde se conmemora el derecho a la libertad de prensa, propongo dejar de ver a la prensa solamente como empresa, pensar en los comunicadores y en su compromiso con la realidad, para transformarla o dejarla como esta, pero siempre con un rol activo en los procesos históricos, y fundamentalmente en los que no tienen voz, que necesitan ser visibles para ser incluidos, y que están también afuera de la agenda que imponen los dueños del sentido.