Por Mario Toer *
Pasados algunos días desde las elecciones muchas son las interpretaciones que se han venido conociendo y puede decirse que en buena medida coinciden en aspectos centrales. Es extendida la consideración de que la experiencia que venimos transitando es muy valiosa pero se careció de recursos para enfrentar al bloque dominante una vez que éste salió de su sorpresa y atonía y desplegó todo su potencial para detener la confluencia popular en ciernes. Las carencias pueden explicarse de diferente manera pero lo cierto es que nadie venía tallando como para contar con la experiencia y la sabiduría que la dureza de la confrontación requería.
Resulta unánime el destaque del papel de los medios como elemento articulador de la contraofensiva reaccionaria, llevada a cabo de manera impiadosa, rigurosa, contundente, desvergonzada y con notable pericia profesional. Quizá lo que cuesta un poco más asumir es que cuando se avanza, esos recursos van a operar de la manera que lo hicieron. Así viene ocurriendo en otras latitudes de nuestra América. Hoy por hoy ya son un dato de la realidad y continuarán con su sórdido despliegue. Para eso están. En cualquier caso, va quedando más claro que, si bien la inventiva de la cadena mediática es inconmensurable, es por demás naïf darles flancos que van a ser explotados hasta la extenuación. El cuidado y el ingenio para contrarrestar semejantes operativos merecen intensificarse. Podemos ser mucho más perseverantes y creativos y nunca debemos subestimar su capacidad para hacer daño.
Así las cosas, para retomar la iniciativa se requiere metabolizar la experiencia, aprender de los errores y comenzar a darle consistencia a todo aquello que nos faltó. Paradójicamente, uno de los saldos más ricos que quedaron de la campaña es una amplia militancia que no quiere bajar los brazos. Y aquí aparece la primera responsabilidad, con un buen número de liderazgos claves implicados, de arriba abajo. La demanda, el clamor apunta a constituir instancias, redes, que no dispersen esfuerzos y potencien las ganas de hacer sentir las propias fuerzas. Bien nos valdría aprender de nuestros hermanos uruguayos y constituir espacios donde las diferencias puedan procesarse sin que sean motivo de enemistades o pugnas por figuraciones de menor cuantía.
Todo parece indicar que NK ha comenzado a moverse en la perspectiva de reunir a quienes resultan inequívocamente confiables al interior del PJ con la intención de desplazar a los oportunistas de diverso pelaje y a quienes se ofrecen con escaso pudor para liderar el curso de la restauración reaccionaria. Puede que sea el camino más aconsejable para no regalar semejante estructura al campo contrario. Y que las internas abiertas contribuyan al debate y la construcción de fuerza propia. Puede suponerse también que serán posibles nexos más consistentes con quienes no pertenecen al PJ y quieren ser de la partida. Así nos lo expresó NK en la Asamblea de Carta Abierta. Pero esto no tiene que significar, más bien todo lo contrario, que este amplio espectro de variantes que no se reconocen parte del justicialismo se queden a la expectativa. Hoy urge convocar a una amplia confluencia de quienes no queremos ceder terreno, queremos cuidar lo que tenemos y seguir avanzando, tanto por arriba como en los ámbitos de trabajo y estudio. Mostrar que juntos podemos pretender que hay un mundo por ganar. Quedarán afuera los que, como lo enfatiza Emir Sader en su nota del 15/7, siguen aferrados al señalamiento del presunto cambalache donde supuestamente todo da igual y se empeñan en la mera crítica que termina siendo destructiva. Es de esperar que se sumen, en cambio, quienes como Sabbatella no dejan de recordarnos la necesidad de que nos afirmemos en el piso común desde donde partimos. Medidas indispensables que atiendan a los más necesitados habrán de requerir espaldas más anchas. Iniciativas que permitan revelar las diferencias entre los opositores requerirán miradas más perspicaces.
No son tiempos de lamentaciones ni angustias paralizantes. Sobran los tiempos peores en nuestra historia pasada. Nos hemos sincerado y nos conocemos mejor. Hace seis años no había nadie. Hoy podemos empezar a contar con uno de cada tres.
* Profesor titular de Sociología y Política Latinoamericana (UBA), secretario adjunto del gremio docente Feduba.
Un espacio para pensar la comunicación, a los medios y la construcción de lo "real".
sábado, 25 de julio de 2009
martes, 21 de julio de 2009
El triunfo de la virtualidad absoluta
Por José Pablo Feinmann
Hacia mediados de los noventa llamé a mi buen amigo Jean Baudrillard. Sabía que no andaba bien, pero todavía le quedaba una gran misión. Le correspondía a él. Yo había desarrollado una tesis sobre el poder de los medios para sujetar a los sujetos, que era una fórmula de Foucault. Pero el gran Michel no pudo tratar a fondo la cuestión del poder de los medios. Murió un poco abruptamente. Mi trabajo residía en demostrar que lo comunicacional era la revolución de la derecha, que no existía revolución que se le igualara en mucho tiempo. Miren, señores, hemos desarrollado un dispositivo tan poderoso que atraparemos sus conciencias en todos los terrenos posibles. En especial, los del entretenimiento.
Pero, ¡esto ya había ocurrido! La Revolución Comunicacional (vale decir: el poder del Imperio para mentir tan poderosamente que esa mentira era la verdad y se introducía en las subjetividades de los pasivos receptores como tal) había tenido un despegue increíble. ¡Tan espectacular, tan deslumbrante como un viaje a la Luna! Y fue el viaje a la Luna. La más grande patraña de la Historia. El que siga sosteniendo que no fue así, que no fue fraguado, que no fue virtualidad pura, creación del poder virtual, del arte del simulacro, del arte de “crear” la realidad, una realidad que no es real porque no tiene espesor, no es ontológica, no entenderá nada. Lo virtual no es el Ser. Es lo virtual. ¿Cómo un alma creativa puede resistirse a esta tesis? Que llegaron a la Luna en otro acto prometeico de la bendita modernidad no es más que otro cuento en la línea de la revolución industrial del siglo XIX, la máquina de vapor, el tren, el remington. No, esto es algo distinto, revolucionario. Lo sorprendente, lo que revela la nueva y renovada fuerza del poder, incluso su imaginación inagotable es... ¡que no fueron a la Luna! Hicieron así: llamaron a Werner von Braun, el sabio nacional socialista que estuvo a punto de ganar la guerra para Hitler, que alcanzó a tirar unas cuantas V2 sobre Londres pero los yanquis se le adelantaron con la atómica en Hiroshima. Pero no por eso olvidaron a Wernher. Lo llamaron: “Vea, von Braun, usted es muy inteligente y ahora necesitamos unirnos todos contra el nuevo enemigo del Occidente cristiano y democrático: los sucios rojos”, le dijo Henry Kissinger, que estuvo en todos los lados donde hubo que estar. El Mal es omnipresente. Kissinger continuó: “Usted sabe que los rojos nos infligieron una dura derrota con ese Sputnik que arrojaron al espacio. Para colmo, la tripulante, esa puta perrita Laika, murió y todo el mundo derramó lágrimas comunistas por ella”. “¿Qué necesitan ahora?, preguntó Wernher. “Sencillo: mandar el hombre a la Luna”, dijo Kissinger. “No es posible”, negó el gran von Braun. “Estuve trabajando en eso y por ahora es imposible. Pero no se desanime, amigo Kissinger.” Y largó una carcajada. “¿De qué se ríe?”, preguntó Kissinger. “Oh, de las vueltas de la vida”, confesó von Braun. “Aquí estamos usted y yo trabajando para una potencia extranjera. Usted, un sucio judío. Yo, un ario puro. De haberlo pescado en Alemania le hacía conocer Auschwitz, amigo Kissinger.” “Pero eso no ocurrió. Y entienda: América, para mí, no es una potencia extranjera. Es un país poblado por muchos e inteligentes judíos en puestos de poder.” “Oh, mister Kissinger. ‘Judío inteligente’ es un pleonasmo. No hay uno que no lo sea. Por eso los exterminábamos en Alemania. Se devoraban el país y los arios puros son medio idiotas, usted sabe. Ha leído a Nietzsche, sin duda.” “Volvamos a lo nuestro, Wernher von. De modo que no puede mandarnos ni un maldito astronauta a la Luna.” “Imposible por ahora. ¿Pero no es éste el país del show, del espectáculo, de la creación mediática? ¡Consígame a Stanley Kubrick!” Al día siguiente, Kubrick se reunía con von Braun. “Oye, Stanley, yo no puedo mandar todavía un hombre a la Luna y los malditos soviéticos siguen al frente en la carrera espacial. ¿Qué sugieres?” Kubrick, un genio con una enorme confianza en su genio, un genio que sabía que lo era, dice: “La solución es sencilla: hagamos una remake de 2001. Hagamos otra ‘odisea del espacio’. Pero en algún lugar secreto de California”. Llaman a Nixon. Nixon entiende de inmediato. Hombre inteligente, sólo acaso con un ultrapatológico “complejo de Dios” que le permitía arrojar millares de bombas sobre cientos de miles de seres humanos en nombre de la causa del Occidente cristiano, bien acompañado, por cierto, por Robert McNamara (cuya muerte durante estos días el entero mundo llora menos los millones que están bajo tierra gracias a su eficacia demoledora llevada a cabo con el aporte inestimable del patriótico asesino de masas Curtis Le May), Nixon respalda en todo al genial Stanley Kubrick y al inestimable von Braun. Viajan a California y llaman a todo el equipo de producción de 2001. En poco tiempo el set está construido. Es una obra maestra. Lo demás es sencillo. Eso hicieron: un simulacro perfecto. La primera obra maestra de la construcción de la realidad a partir de los medios. Todos vieron por televisión a Armstrong y sus amigos alunizar en un set de California. Nixon hablaba con ellos. “¿Cómo va todo, muchachos?” “Bien, señor presidente. Es maravilloso haber llegado a la Luna.” Nixon, que estaba junto a von Braun, a Kubrick y a McNamara –que había dejado por un instante de arrojar bombas incendiarias sobre Vietnam, bombas que mataban cien mil civiles por noche, una minucia—, se despanzurraba de risa. “¡Somos unos hijos de perra!”, exclamaba. “¡Tenemos engañados a todos los idiotas de este mundo!” Kubrick, exaltado, vociferaba: “¡Es el triunfo del show sobre la realidad! La realidad ha sido abolida. Ha muerto. No hay realidad. Sólo construcción de la realidad. Sólo show. Simulacro. Mentira. ¡Ya no hay ser! Las cosas ya no son. Son virtuales. Se ven por televisión y el entero mundo las cree”. Era tan brillante ese ególatra neurótico que se expresaba con los conceptos de Baudrillard antes de éste siquiera los hubiera pensado.
Por eso a mediados de los noventa llamé a mi amigo francés. Era él quien tendría que haber fundamentado la importancia de ese hecho: Del poderoso hecho de no-haber-ido-a-la-Luna. ¡Que libro para vos, Jean! El viaje a la Luna no ha tenido lugar. Armstrong no ha tenido lugar. Yo te conocía bien. Te leí atentamente. Fuiste el mejor de los posmodernos. El que dio en el clavo del nuevo poder absoluto. Te pusiste contento cuando te mandé mis primeras notas, que luego incluí en ese grueso libro de filosofía que ahora anda por ahí. ¿Recuerdas, Jean? Decía: “Según la Ontología Negativa de Baudrillard el Ser está en todas partes y en ninguna. No puede haber ontología de lo virtual (...) Al final de su largo periplo la razón occidental no es. Se ha evaporado. Es simulacro. Y el simulacro no tiene nada que ver con el Ser. El mundo está poblado, constituido por imágenes y las imágenes son el ‘mundo’. No hay ‘mundo’. El ‘mundo’ ha muerto. Porque el mundo era el mundo ‘real’. Y lo ‘real’ ha muerto” (La filosofía y el barro de la historia, Planeta, p. 720). ¿Cómo no aprovechaste este tema, Jean? Es el punto exacto en que se inaugura el mundo de lo virtual. En que se asesina la realidad. Eso que vos, en uno de tus mejores libros, llamaste El crimen perfecto. Bien, el llamado “viaje a la Luna” es el crimen perfecto. El crimen de la realidad. El crimen de la verdad. De una verdad, pero no de otra. El mundo queda inaugurado como mundo virtual. Como verdad virtual. Se ve por televisión.
Señores, ustedes no fueron a la Luna y eso me parece mucho más admirable que si mediocremente, realmente, sumidos en la tosca realidad-real hubieran ido. Pero no fueron. Crearon todo el gran relato. Demostraron que la entera humanidad puede ser engañada. Crearon la nueva era. La del poder de lo virtual mediático. Hoy vivimos inmersos en ese mundo. Y van a ver: el señor De Narváez (y perdón por esta recurrencia a nuestra exigua política nacional en medio de tanta genialidad desbocada) dará, en el año 2011, su discurso de final de campaña desde Saturno. Con traje de astronauta y en medio de llamaradas espectaculares. Superiores a las de Lo que el viento se llevó. Y todo lo habrán hecho los realizadores de Matrix en un set remoto, inhallable de la Patagonia. Y todos dirán: “Si este hombre pudo ir a Saturno, ¿cómo no va a sacar a la Argentina de su eterna postergación?” Entre tanto, millones de clones de De Narváez recorrerán el país hablando cálidamente con la gente, escuchando sus problemas. Y la gente dirá: “Este hombre está en todas partes. Escucha a todos. Entra en todos los hogares”. Y alguien, por fin, dirá la verdad: “Para mí, es Dios”. Y lo será. Porque el que se apodere de la nuevas tecnologías comunicacionales, será Dios.
Hacia mediados de los noventa llamé a mi buen amigo Jean Baudrillard. Sabía que no andaba bien, pero todavía le quedaba una gran misión. Le correspondía a él. Yo había desarrollado una tesis sobre el poder de los medios para sujetar a los sujetos, que era una fórmula de Foucault. Pero el gran Michel no pudo tratar a fondo la cuestión del poder de los medios. Murió un poco abruptamente. Mi trabajo residía en demostrar que lo comunicacional era la revolución de la derecha, que no existía revolución que se le igualara en mucho tiempo. Miren, señores, hemos desarrollado un dispositivo tan poderoso que atraparemos sus conciencias en todos los terrenos posibles. En especial, los del entretenimiento.
Pero, ¡esto ya había ocurrido! La Revolución Comunicacional (vale decir: el poder del Imperio para mentir tan poderosamente que esa mentira era la verdad y se introducía en las subjetividades de los pasivos receptores como tal) había tenido un despegue increíble. ¡Tan espectacular, tan deslumbrante como un viaje a la Luna! Y fue el viaje a la Luna. La más grande patraña de la Historia. El que siga sosteniendo que no fue así, que no fue fraguado, que no fue virtualidad pura, creación del poder virtual, del arte del simulacro, del arte de “crear” la realidad, una realidad que no es real porque no tiene espesor, no es ontológica, no entenderá nada. Lo virtual no es el Ser. Es lo virtual. ¿Cómo un alma creativa puede resistirse a esta tesis? Que llegaron a la Luna en otro acto prometeico de la bendita modernidad no es más que otro cuento en la línea de la revolución industrial del siglo XIX, la máquina de vapor, el tren, el remington. No, esto es algo distinto, revolucionario. Lo sorprendente, lo que revela la nueva y renovada fuerza del poder, incluso su imaginación inagotable es... ¡que no fueron a la Luna! Hicieron así: llamaron a Werner von Braun, el sabio nacional socialista que estuvo a punto de ganar la guerra para Hitler, que alcanzó a tirar unas cuantas V2 sobre Londres pero los yanquis se le adelantaron con la atómica en Hiroshima. Pero no por eso olvidaron a Wernher. Lo llamaron: “Vea, von Braun, usted es muy inteligente y ahora necesitamos unirnos todos contra el nuevo enemigo del Occidente cristiano y democrático: los sucios rojos”, le dijo Henry Kissinger, que estuvo en todos los lados donde hubo que estar. El Mal es omnipresente. Kissinger continuó: “Usted sabe que los rojos nos infligieron una dura derrota con ese Sputnik que arrojaron al espacio. Para colmo, la tripulante, esa puta perrita Laika, murió y todo el mundo derramó lágrimas comunistas por ella”. “¿Qué necesitan ahora?, preguntó Wernher. “Sencillo: mandar el hombre a la Luna”, dijo Kissinger. “No es posible”, negó el gran von Braun. “Estuve trabajando en eso y por ahora es imposible. Pero no se desanime, amigo Kissinger.” Y largó una carcajada. “¿De qué se ríe?”, preguntó Kissinger. “Oh, de las vueltas de la vida”, confesó von Braun. “Aquí estamos usted y yo trabajando para una potencia extranjera. Usted, un sucio judío. Yo, un ario puro. De haberlo pescado en Alemania le hacía conocer Auschwitz, amigo Kissinger.” “Pero eso no ocurrió. Y entienda: América, para mí, no es una potencia extranjera. Es un país poblado por muchos e inteligentes judíos en puestos de poder.” “Oh, mister Kissinger. ‘Judío inteligente’ es un pleonasmo. No hay uno que no lo sea. Por eso los exterminábamos en Alemania. Se devoraban el país y los arios puros son medio idiotas, usted sabe. Ha leído a Nietzsche, sin duda.” “Volvamos a lo nuestro, Wernher von. De modo que no puede mandarnos ni un maldito astronauta a la Luna.” “Imposible por ahora. ¿Pero no es éste el país del show, del espectáculo, de la creación mediática? ¡Consígame a Stanley Kubrick!” Al día siguiente, Kubrick se reunía con von Braun. “Oye, Stanley, yo no puedo mandar todavía un hombre a la Luna y los malditos soviéticos siguen al frente en la carrera espacial. ¿Qué sugieres?” Kubrick, un genio con una enorme confianza en su genio, un genio que sabía que lo era, dice: “La solución es sencilla: hagamos una remake de 2001. Hagamos otra ‘odisea del espacio’. Pero en algún lugar secreto de California”. Llaman a Nixon. Nixon entiende de inmediato. Hombre inteligente, sólo acaso con un ultrapatológico “complejo de Dios” que le permitía arrojar millares de bombas sobre cientos de miles de seres humanos en nombre de la causa del Occidente cristiano, bien acompañado, por cierto, por Robert McNamara (cuya muerte durante estos días el entero mundo llora menos los millones que están bajo tierra gracias a su eficacia demoledora llevada a cabo con el aporte inestimable del patriótico asesino de masas Curtis Le May), Nixon respalda en todo al genial Stanley Kubrick y al inestimable von Braun. Viajan a California y llaman a todo el equipo de producción de 2001. En poco tiempo el set está construido. Es una obra maestra. Lo demás es sencillo. Eso hicieron: un simulacro perfecto. La primera obra maestra de la construcción de la realidad a partir de los medios. Todos vieron por televisión a Armstrong y sus amigos alunizar en un set de California. Nixon hablaba con ellos. “¿Cómo va todo, muchachos?” “Bien, señor presidente. Es maravilloso haber llegado a la Luna.” Nixon, que estaba junto a von Braun, a Kubrick y a McNamara –que había dejado por un instante de arrojar bombas incendiarias sobre Vietnam, bombas que mataban cien mil civiles por noche, una minucia—, se despanzurraba de risa. “¡Somos unos hijos de perra!”, exclamaba. “¡Tenemos engañados a todos los idiotas de este mundo!” Kubrick, exaltado, vociferaba: “¡Es el triunfo del show sobre la realidad! La realidad ha sido abolida. Ha muerto. No hay realidad. Sólo construcción de la realidad. Sólo show. Simulacro. Mentira. ¡Ya no hay ser! Las cosas ya no son. Son virtuales. Se ven por televisión y el entero mundo las cree”. Era tan brillante ese ególatra neurótico que se expresaba con los conceptos de Baudrillard antes de éste siquiera los hubiera pensado.
Por eso a mediados de los noventa llamé a mi amigo francés. Era él quien tendría que haber fundamentado la importancia de ese hecho: Del poderoso hecho de no-haber-ido-a-la-Luna. ¡Que libro para vos, Jean! El viaje a la Luna no ha tenido lugar. Armstrong no ha tenido lugar. Yo te conocía bien. Te leí atentamente. Fuiste el mejor de los posmodernos. El que dio en el clavo del nuevo poder absoluto. Te pusiste contento cuando te mandé mis primeras notas, que luego incluí en ese grueso libro de filosofía que ahora anda por ahí. ¿Recuerdas, Jean? Decía: “Según la Ontología Negativa de Baudrillard el Ser está en todas partes y en ninguna. No puede haber ontología de lo virtual (...) Al final de su largo periplo la razón occidental no es. Se ha evaporado. Es simulacro. Y el simulacro no tiene nada que ver con el Ser. El mundo está poblado, constituido por imágenes y las imágenes son el ‘mundo’. No hay ‘mundo’. El ‘mundo’ ha muerto. Porque el mundo era el mundo ‘real’. Y lo ‘real’ ha muerto” (La filosofía y el barro de la historia, Planeta, p. 720). ¿Cómo no aprovechaste este tema, Jean? Es el punto exacto en que se inaugura el mundo de lo virtual. En que se asesina la realidad. Eso que vos, en uno de tus mejores libros, llamaste El crimen perfecto. Bien, el llamado “viaje a la Luna” es el crimen perfecto. El crimen de la realidad. El crimen de la verdad. De una verdad, pero no de otra. El mundo queda inaugurado como mundo virtual. Como verdad virtual. Se ve por televisión.
Señores, ustedes no fueron a la Luna y eso me parece mucho más admirable que si mediocremente, realmente, sumidos en la tosca realidad-real hubieran ido. Pero no fueron. Crearon todo el gran relato. Demostraron que la entera humanidad puede ser engañada. Crearon la nueva era. La del poder de lo virtual mediático. Hoy vivimos inmersos en ese mundo. Y van a ver: el señor De Narváez (y perdón por esta recurrencia a nuestra exigua política nacional en medio de tanta genialidad desbocada) dará, en el año 2011, su discurso de final de campaña desde Saturno. Con traje de astronauta y en medio de llamaradas espectaculares. Superiores a las de Lo que el viento se llevó. Y todo lo habrán hecho los realizadores de Matrix en un set remoto, inhallable de la Patagonia. Y todos dirán: “Si este hombre pudo ir a Saturno, ¿cómo no va a sacar a la Argentina de su eterna postergación?” Entre tanto, millones de clones de De Narváez recorrerán el país hablando cálidamente con la gente, escuchando sus problemas. Y la gente dirá: “Este hombre está en todas partes. Escucha a todos. Entra en todos los hogares”. Y alguien, por fin, dirá la verdad: “Para mí, es Dios”. Y lo será. Porque el que se apodere de la nuevas tecnologías comunicacionales, será Dios.
martes, 30 de junio de 2009
El verdadero ganador del 28, Clarín Festeja.
La corporación mediática, El Jugador "invisible" de estas elecciones.
Se dispararon ayer las acciones del Grupo Clarín en la bolsa.
BUENOS AIRES, jun 29 (Reuters) - Las acciones del gigantesco conglomerado argentino de medios Grupo Clarín, que mantiene una tensa relación con el Gobierno, se dispararon el lunes tras el resultado adverso para el oficialismo en las elecciones legislativas de medio término.
A las 1711 GMT, los papeles del Grupo Clarín CLA.BA (GCSAq.L: Cotización) en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subían un 30,63 por ciento, a 7,25 pesos.
El Gobierno argentino aseguró en repetidas oportunidades que el Grupo Clarín opera en su contra al publicar notas nocivas para la estabilidad del país.
El partido de Gobierno, liderado por el ex presidente Néstor Kirchner, fue derrotado el domingo en las elecciones de medio término, consideradas por analistas como un plebiscito sobre la gestión de la presidenta, Cristina Fernández.
El Grupo Clarín, uno de los conglomerados de medios más grandes de América Latina, es controlado por accionistas privados, que poseen el 70,99 por ciento de los títulos, mientras que un 19,9 por ciento flota en el mercado local y en el de Londres, y un 9,11 por ciento está en manos del banco de inversión Goldman Sachs.
El monto operado con los títulos de Clarín sumaba escasos 3,1 millones de pesos (unos 800.000 dólares).
(Reporte de Walter Bianchi; Editado por Lucas Bergman y César Illiano)
Se dispararon ayer las acciones del Grupo Clarín en la bolsa.
BUENOS AIRES, jun 29 (Reuters) - Las acciones del gigantesco conglomerado argentino de medios Grupo Clarín, que mantiene una tensa relación con el Gobierno, se dispararon el lunes tras el resultado adverso para el oficialismo en las elecciones legislativas de medio término.
A las 1711 GMT, los papeles del Grupo Clarín CLA.BA (GCSAq.L: Cotización) en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subían un 30,63 por ciento, a 7,25 pesos.
El Gobierno argentino aseguró en repetidas oportunidades que el Grupo Clarín opera en su contra al publicar notas nocivas para la estabilidad del país.
El partido de Gobierno, liderado por el ex presidente Néstor Kirchner, fue derrotado el domingo en las elecciones de medio término, consideradas por analistas como un plebiscito sobre la gestión de la presidenta, Cristina Fernández.
El Grupo Clarín, uno de los conglomerados de medios más grandes de América Latina, es controlado por accionistas privados, que poseen el 70,99 por ciento de los títulos, mientras que un 19,9 por ciento flota en el mercado local y en el de Londres, y un 9,11 por ciento está en manos del banco de inversión Goldman Sachs.
El monto operado con los títulos de Clarín sumaba escasos 3,1 millones de pesos (unos 800.000 dólares).
(Reporte de Walter Bianchi; Editado por Lucas Bergman y César Illiano)
lunes, 29 de junio de 2009
Reflexiones en una madrugada fría y lluviosa.
Por Daniel Calabrese
Lo tendríamos que haber advertido el día del voto "no positivo" y la alegría mayoritaria de los "moderados" que volvían a erigir a un hombre gris y timorato como su nuevo paladín. No lo quisimos ver.
Lo cierto que a casi un año de esa derrota, nuevamente una gran parte del pueblo argentino castiga con su voto a un gobierno que con errores y aciertos fue el único en los 25 años de democracia, que no abdicó y le discutió poder real a las grandes corporaciones. Las mismas que siguen teniendo para la Argentina el modelo que pensaron hace mas de cien años.
No bastaron las fundamentaciones y realizaciones concretas con las que se interpeló al pueblo argentino. Es falso que no hubo propuestas en las elecciones por lo menos de parte del oficialismo. Cada alocución de la presidenta -como mínimo una por día, durante el último año - era una batería argumental lógicamente sostenida, pedagógicamente explicada y abrumadoramente confrontada con los hechos concretos.
Era la oposición política la que frente a los hechos y argumentos, debería haber propuesto como superarlas, como confrontarlas a sus propias ideas. No fue así. Un cúmulo de palabras vacías, agravios y slogans publicitarios bastaron para encumbrar a cierta argentina que ya gobernó.
Ahí, a la vuelta de la esquina de la historia, hace sólo siete años, dejó la prueba de cómo y para que quiere el poder político de la República. El que quiera ver ni siquiera tiene que recordar. La Capital Federal y su gobierno presente tendrían que haber servido como ayuda memoria.
¿Qué pasó entonces?
No faltarán los análisis de acá en mas que hablen de errores de comunicación, de errores de “construcción” política y otras aristas todas pasibles de ser analizadas.
Es claro también que un formidable dispositivo comunicacional desatado desde hace mas de un año ayudó a construir relatos y desgastar desde las operaciones de prensa mas canallas. Sería tortuoso a las horas de la noche que esto escribo, enumerar las distintas acciones y operaciones que los grandes medios diseñaron para erosionar al gobierno. Algún día estos grandes actores de la política Argentina deberán rendir cuentas por tantas mentiras, miedos y confusiones diseminadas sobre una población inerme.
Pero ni aun por su papel se explica lo que sucedió hace un año, ni lo que ocurrido ayer.
Habrá que preguntarse entonces si enormes proporciones de la población argentina, sencillamente no están preparadas para sostener un intento serio por cambios que al menos restituyan condiciones de vida que en algún momento se han tenido. Habrá que pensar si la critica a los supuestos modos “confrontativos” , a los problemas de “estilo” que se le adjudican al gobierno, no esconden simplemente la actitud de un pueblo que no quiere discutirle a aquellos sectores concentrados y monopólicos parte de la renta otrora propia.
Ese sector mayoritario de este pueblo no quiere saber de que se “trata”. Está mas cerca de la idea de consumir candidaturas que de elegir propuestas y proyectos. Solo así se explica que no hayan comprendido lo que los medios masivos luego llamaron “Testimoniales”. Solo así se explica que un día voten masivamente al Pro y a unos meses sin sonrojarse los mismos voten a “Pino”.
Muchos dirán es la cultura menemista “instalada” en nuestro pueblo, yo me preguntaría en tal caso, si dicho soft no ha encontrado en ciertos rasgos de la “argentinidad” el hardward adecuado.
Lo tendríamos que haber advertido el día del voto "no positivo" y la alegría mayoritaria de los "moderados" que volvían a erigir a un hombre gris y timorato como su nuevo paladín. No lo quisimos ver.
Lo cierto que a casi un año de esa derrota, nuevamente una gran parte del pueblo argentino castiga con su voto a un gobierno que con errores y aciertos fue el único en los 25 años de democracia, que no abdicó y le discutió poder real a las grandes corporaciones. Las mismas que siguen teniendo para la Argentina el modelo que pensaron hace mas de cien años.
No bastaron las fundamentaciones y realizaciones concretas con las que se interpeló al pueblo argentino. Es falso que no hubo propuestas en las elecciones por lo menos de parte del oficialismo. Cada alocución de la presidenta -como mínimo una por día, durante el último año - era una batería argumental lógicamente sostenida, pedagógicamente explicada y abrumadoramente confrontada con los hechos concretos.
Era la oposición política la que frente a los hechos y argumentos, debería haber propuesto como superarlas, como confrontarlas a sus propias ideas. No fue así. Un cúmulo de palabras vacías, agravios y slogans publicitarios bastaron para encumbrar a cierta argentina que ya gobernó.
Ahí, a la vuelta de la esquina de la historia, hace sólo siete años, dejó la prueba de cómo y para que quiere el poder político de la República. El que quiera ver ni siquiera tiene que recordar. La Capital Federal y su gobierno presente tendrían que haber servido como ayuda memoria.
¿Qué pasó entonces?
No faltarán los análisis de acá en mas que hablen de errores de comunicación, de errores de “construcción” política y otras aristas todas pasibles de ser analizadas.
Es claro también que un formidable dispositivo comunicacional desatado desde hace mas de un año ayudó a construir relatos y desgastar desde las operaciones de prensa mas canallas. Sería tortuoso a las horas de la noche que esto escribo, enumerar las distintas acciones y operaciones que los grandes medios diseñaron para erosionar al gobierno. Algún día estos grandes actores de la política Argentina deberán rendir cuentas por tantas mentiras, miedos y confusiones diseminadas sobre una población inerme.
Pero ni aun por su papel se explica lo que sucedió hace un año, ni lo que ocurrido ayer.
Habrá que preguntarse entonces si enormes proporciones de la población argentina, sencillamente no están preparadas para sostener un intento serio por cambios que al menos restituyan condiciones de vida que en algún momento se han tenido. Habrá que pensar si la critica a los supuestos modos “confrontativos” , a los problemas de “estilo” que se le adjudican al gobierno, no esconden simplemente la actitud de un pueblo que no quiere discutirle a aquellos sectores concentrados y monopólicos parte de la renta otrora propia.
Ese sector mayoritario de este pueblo no quiere saber de que se “trata”. Está mas cerca de la idea de consumir candidaturas que de elegir propuestas y proyectos. Solo así se explica que no hayan comprendido lo que los medios masivos luego llamaron “Testimoniales”. Solo así se explica que un día voten masivamente al Pro y a unos meses sin sonrojarse los mismos voten a “Pino”.
Muchos dirán es la cultura menemista “instalada” en nuestro pueblo, yo me preguntaría en tal caso, si dicho soft no ha encontrado en ciertos rasgos de la “argentinidad” el hardward adecuado.
Etiquetas:
elecciones 2009,
medios de comunicacion,
política
miércoles, 24 de junio de 2009
Despolitizar la política o politizar la sociedad
Por Daniel Rosso *
Francisco de Narváez habla sereno, intimista, a cámara. El pronunciado primer plano no permite ver a sus interlocutores. Estos aparecen luego, en otros planos. Vemos a un señor tomando mate que lo escucha por la radio. Al lado, un niño con boina. Luego, una serie de hombres y mujeres que miran, concentrados y reflexivos, hacia un fuera de cámara donde –no es difícil deducir– hay pantallas televisivas. Los protagonistas del spot “El plan es cambiar” de De Narváez son consumidores de medios. Y, como tales, aparecen escuchando la radio o atentos ante las pantallas televisivas. En otro spot, jóvenes seleccionados en prolijos casting caminan por calles vacías increpando a miles de ciudadanos escondidos detrás de persianas cerradas. Irritados, nerviosos, los instan a participar, para que no “nos roben el voto”. Por supuesto, esa gente, detrás de las persianas cerradas, está asustada. Es sabido: el espacio público ha sido tomado por los delincuentes. Pero, de paso, esa gente encerrada mira televisión. Desde los años ochenta a la actualidad mucho se ha escrito sobre la relación entre política y medios. Se ha insistido con que la política se fue trasladando desde las calles hacia los medios. E, incluso, se ha dicho que cuando retorna a las calles lo hace a través de los medios. Así sucedió en los tramos más álgidos de la disputa por la aprobación de la resolución 125, cuando los medios concentrados pusieron sus cámaras en las calles para alentar la salida de caceroleros y otros sectores medios nerviosos y embarcables en una intermitente militancia delivery. La cacerola ilustra bien este modo específico de movilización activado por los medios desde el interior profundo de la esfera privada. Se trata de la señora o el señor que mira TV en su living y, de pronto, encuentra un estímulo para salir a la calle. Toma un instrumento disponible, por ejemplo una cacerola, en el camino agrega una cuchara o cualquier cosa a mano. Son utensilios del ámbito privado, muy lejos de los bombos y los redoblantes, los clásicos instrumentos militantes del espacio público. Se trata de un activo militante de crisis que nace y se reproduce en el ámbito privado. A ellos les está hablando De Narváez. Por eso, los protagonistas de sus spots son consumidores de medios. El empresario sabe que los tiene del otro lado de las pantallas, pero decide ponerlos también dentro de las pantallas, como protagonistas del spot. Por supuesto, dentro del spot aparecen escuchando a De Narváez. Así, el empresario televisivo dispone que la gente lo escuche dos veces: dentro del spot y en las casas cuando miran el spot. Y cuando los muestra movilizados, lo hace en la lógica de esa militancia intermitente que nace y se reproduce en la esfera privada: militantes de un día, el de la votación, que luego vuelven a sus ámbitos privados a mirar televisión. Es también lo que sucede en el último spot, donde una multitud corre por las calles hacia los lugares de votación. El origen del maratón es espontáneo, no hay historia política de esa movilización. También, infaltable, se muestra una pantalla televisiva desde donde se observa la rara épica ciudadana de miles corriendo a votar. Es la política fluyendo leve y localizada, en la superficie, despolitizada. La publicidad de Kirchner-Scioli también recurre a la gente, pero la ubica en otra posición. Los protagonistas de los spots hablan –a través de carteles o contando su experiencia personal– desde las calles, desde la puerta de su casa, desde su lugar de trabajo. Son protagonistas que se mueven en el espacio público. No están escuchando pasivamente. Hablan, opinan, relatan. También, Kirchner, en sus caminatas, en sus recorridos por los barrios, aparece rodeado de miles de personas. Incluso se zambulle literalmente en la gente. Son dos modelos de pensar la comunicación. Y de pensar al ciudadano. El que expresa Durán Barba, que se resume en despolitizar la política. Y el que expresa Néstor Kirchner, que consiste en politizar la sociedad. Esto también se elige el 28 de junio.
* Ex subsecretario de Medios de la Nación.
Francisco de Narváez habla sereno, intimista, a cámara. El pronunciado primer plano no permite ver a sus interlocutores. Estos aparecen luego, en otros planos. Vemos a un señor tomando mate que lo escucha por la radio. Al lado, un niño con boina. Luego, una serie de hombres y mujeres que miran, concentrados y reflexivos, hacia un fuera de cámara donde –no es difícil deducir– hay pantallas televisivas. Los protagonistas del spot “El plan es cambiar” de De Narváez son consumidores de medios. Y, como tales, aparecen escuchando la radio o atentos ante las pantallas televisivas. En otro spot, jóvenes seleccionados en prolijos casting caminan por calles vacías increpando a miles de ciudadanos escondidos detrás de persianas cerradas. Irritados, nerviosos, los instan a participar, para que no “nos roben el voto”. Por supuesto, esa gente, detrás de las persianas cerradas, está asustada. Es sabido: el espacio público ha sido tomado por los delincuentes. Pero, de paso, esa gente encerrada mira televisión. Desde los años ochenta a la actualidad mucho se ha escrito sobre la relación entre política y medios. Se ha insistido con que la política se fue trasladando desde las calles hacia los medios. E, incluso, se ha dicho que cuando retorna a las calles lo hace a través de los medios. Así sucedió en los tramos más álgidos de la disputa por la aprobación de la resolución 125, cuando los medios concentrados pusieron sus cámaras en las calles para alentar la salida de caceroleros y otros sectores medios nerviosos y embarcables en una intermitente militancia delivery. La cacerola ilustra bien este modo específico de movilización activado por los medios desde el interior profundo de la esfera privada. Se trata de la señora o el señor que mira TV en su living y, de pronto, encuentra un estímulo para salir a la calle. Toma un instrumento disponible, por ejemplo una cacerola, en el camino agrega una cuchara o cualquier cosa a mano. Son utensilios del ámbito privado, muy lejos de los bombos y los redoblantes, los clásicos instrumentos militantes del espacio público. Se trata de un activo militante de crisis que nace y se reproduce en el ámbito privado. A ellos les está hablando De Narváez. Por eso, los protagonistas de sus spots son consumidores de medios. El empresario sabe que los tiene del otro lado de las pantallas, pero decide ponerlos también dentro de las pantallas, como protagonistas del spot. Por supuesto, dentro del spot aparecen escuchando a De Narváez. Así, el empresario televisivo dispone que la gente lo escuche dos veces: dentro del spot y en las casas cuando miran el spot. Y cuando los muestra movilizados, lo hace en la lógica de esa militancia intermitente que nace y se reproduce en la esfera privada: militantes de un día, el de la votación, que luego vuelven a sus ámbitos privados a mirar televisión. Es también lo que sucede en el último spot, donde una multitud corre por las calles hacia los lugares de votación. El origen del maratón es espontáneo, no hay historia política de esa movilización. También, infaltable, se muestra una pantalla televisiva desde donde se observa la rara épica ciudadana de miles corriendo a votar. Es la política fluyendo leve y localizada, en la superficie, despolitizada. La publicidad de Kirchner-Scioli también recurre a la gente, pero la ubica en otra posición. Los protagonistas de los spots hablan –a través de carteles o contando su experiencia personal– desde las calles, desde la puerta de su casa, desde su lugar de trabajo. Son protagonistas que se mueven en el espacio público. No están escuchando pasivamente. Hablan, opinan, relatan. También, Kirchner, en sus caminatas, en sus recorridos por los barrios, aparece rodeado de miles de personas. Incluso se zambulle literalmente en la gente. Son dos modelos de pensar la comunicación. Y de pensar al ciudadano. El que expresa Durán Barba, que se resume en despolitizar la política. Y el que expresa Néstor Kirchner, que consiste en politizar la sociedad. Esto también se elige el 28 de junio.
* Ex subsecretario de Medios de la Nación.
lunes, 22 de junio de 2009
EL OPORTUNISMO A COSTA DEL PROYECTO NACIONAL - USTED LO SABE PINO !!!
Por Santiago "Coco" Plaza
El conífero PINO va a sacar buenos votos ... pero no con los de Heller, sino con los de la "derecha progre" contenedora de gelatina de frutas en el bocho en vez de ideas, propio del porteñismo mediopelo. Señor Pino Solanas, convertido en un Lilito coyuntural; la historia lo tendrá muy en cuenta (o NO) por su execrable oportunismo, que le da la categoría de mediocre hombre que tira por la borda lo que construyó con sacrificio y arte (que de última es SU problema). Juega también la decepción de los que creyeron en usted alguna vez (no es mi caso). Y ... si de respeto se trata, usted se lo está faltando nada menos que a un PROYECTO NACIONAL Y POPULAR - no a los K - sino al pueblo que es el primer beneficiado. Un Proyecto Nacional que lleva gestándose desde hace 5 años con un esfuerzo titánico y con logros jamás vistos desde los primeros gobiernos del Gral. Perón. Con todas las fuerzas de la reacción opositora de la derecha destituyente pujando con su poder en contra. Y TODO ESTO USTED LO SABE, porque de boludo no tiene nada; y esto es lo triste del asunto, QUE LO SABE. No venga a vender minas a cielo abierto ni negociados petroleros, que está en lo cierto quizás,... pero usted sabe muy bien que acá se está jugando algo más serio y definitorio; y eso es lo lamentable...USTED LO SABE. Pero antes que un proyecto nacional y popular prefiere dar rienda suelta a la debilidad humana de un ego enfermizo y oportunista.
El conífero PINO va a sacar buenos votos ... pero no con los de Heller, sino con los de la "derecha progre" contenedora de gelatina de frutas en el bocho en vez de ideas, propio del porteñismo mediopelo. Señor Pino Solanas, convertido en un Lilito coyuntural; la historia lo tendrá muy en cuenta (o NO) por su execrable oportunismo, que le da la categoría de mediocre hombre que tira por la borda lo que construyó con sacrificio y arte (que de última es SU problema). Juega también la decepción de los que creyeron en usted alguna vez (no es mi caso). Y ... si de respeto se trata, usted se lo está faltando nada menos que a un PROYECTO NACIONAL Y POPULAR - no a los K - sino al pueblo que es el primer beneficiado. Un Proyecto Nacional que lleva gestándose desde hace 5 años con un esfuerzo titánico y con logros jamás vistos desde los primeros gobiernos del Gral. Perón. Con todas las fuerzas de la reacción opositora de la derecha destituyente pujando con su poder en contra. Y TODO ESTO USTED LO SABE, porque de boludo no tiene nada; y esto es lo triste del asunto, QUE LO SABE. No venga a vender minas a cielo abierto ni negociados petroleros, que está en lo cierto quizás,... pero usted sabe muy bien que acá se está jugando algo más serio y definitorio; y eso es lo lamentable...USTED LO SABE. Pero antes que un proyecto nacional y popular prefiere dar rienda suelta a la debilidad humana de un ego enfermizo y oportunista.
martes, 16 de junio de 2009
Los medios y la campaña electoral
Por Luciano Sanguinetti (*)
Habría que celebrar esta campaña electoral. Y celebrar dos cosas: el trabajo de los medios de comunicación y el trabajo de la gente.
Vayamos por lo primero: los medios. Desde los que se dedican a la información hasta los que hacen entretenimiento.
En realidad, desde la refundada democracia en el ’83 hasta ahora, probablemente nunca fueron más objetivos. Digo, más objetivos en mostrar y demostrar cuáles eran y son sus intereses. Todos.
¿Es malo eso?
No. Lo que no tiene es remedio.
Porque de algún modo sería ingenuo suponer que, como actores políticos en la sociedad, los medios no tienen (y defienden) sus intereses.
Que sus productos sean noticias (es decir, construcciones simbólicas sobre cómo es el mundo y sus avatares cotidianos) no los excomulga del resto de las otras industrias dedicadas a elaborar mercancías que circulan también en este mundo.
¿No habrá que exigirles a esta altura, como al resto de las otras mercancías, un mínimo de calidad?
Sí. Porque nunca antes actuaron de manera más desembozada. Y juegan con fuego.
“Bueno, no es para tanto; no afectan la salud”, nos dirá exculpándose algún empresario periodístico.
¿Pero las sociedades no se enferman también?
Digresión: la semana pasada un diario porteño tituló en su tapa, para referirse a las colas que había en los hospitales: “Gripe A: colapsan servicios médicos y piden cautela”. Enseguida recordé la Alemania de los años ’30, y aquel film genial de Ingmar Bergman, El huevo de la serpiente. Recordé a Orson Welles y su radioteatro sobre la invasión marciana, del ’38, previo a la Segunda Guerra Mundial. Y recordé también que aquí nomás desaparecieron 30.000 personas y apenas si hubo alguna gacetilla que decía “subversivos caen en un enfrentamiento”.
La pregunta es por qué ahora sí y antes no.
Sencillamente porque antes los partidos políticos no eran tan débiles y la gente no estaba tan expuesta a los medios. Más lo segundo que lo primero.
Que una encuesta diera por resultado que un 15 por ciento de los porteños admitiera que “Gran cuñado” tendrá influencia en su decisión electoral no hace más que confirmarlo.
Que en ese mismo programa, Francisco de Narváez reconociera cuánto lo estaba ayudando el programa, cierra el círculo. A confesión de parte, relevo de prueba.
En los Estados Unidos tienen una práctica saludable: los periódicos informan un tiempo antes de las elecciones a qué candidato apoyan. Eso daría a los medios una mayor transparencia. Porque la transparencia no supone desinterés: nadie está ajeno a las disputas y conflictos que hacen la historia.
Quienes dicen actuar por desinterés, en realidad demuestran que creen estar por encima de los demás.
¿Quién puede estar en una democracia por encima de los demás?
Nadie. O en todo caso, sólo aquellos que saben o suponen que sus intereses no deben estar sometidos al escrutinio público.
¿Y la gente?
La gente porque nunca también como antes se involucró tanto políticamente. Y no solo se involucró sino que armó sus propios medios, especialmente las redes, los celulares, las pantallas de YouTube, los blogs, para hacerse sentir y trabajar, por fuera de la estructura monopolizadora de la información que imponen las grandes corporaciones mediáticas.
La blogósfera se llenó de ciberactivistas, de militantes, de ciudadanos preocupados por el país y por los medios, haciendo una suerte de contrainformación permanente.
Nunca como antes el instrumento político fundamental del juego democrático (la comunicación y los medios que la hacen posible) se ha sometido a ese escrutinio público.
Y más, mucho más, los jóvenes y no tan jóvenes.
Pienso: si la globalización fragmenta la sociedad y concentra poder, no hay otro medio para enfrentarla que transparentando el poder y democratizando la sociedad y sus medios.
Todos.
* Docente e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.
Habría que celebrar esta campaña electoral. Y celebrar dos cosas: el trabajo de los medios de comunicación y el trabajo de la gente.
Vayamos por lo primero: los medios. Desde los que se dedican a la información hasta los que hacen entretenimiento.
En realidad, desde la refundada democracia en el ’83 hasta ahora, probablemente nunca fueron más objetivos. Digo, más objetivos en mostrar y demostrar cuáles eran y son sus intereses. Todos.
¿Es malo eso?
No. Lo que no tiene es remedio.
Porque de algún modo sería ingenuo suponer que, como actores políticos en la sociedad, los medios no tienen (y defienden) sus intereses.
Que sus productos sean noticias (es decir, construcciones simbólicas sobre cómo es el mundo y sus avatares cotidianos) no los excomulga del resto de las otras industrias dedicadas a elaborar mercancías que circulan también en este mundo.
¿No habrá que exigirles a esta altura, como al resto de las otras mercancías, un mínimo de calidad?
Sí. Porque nunca antes actuaron de manera más desembozada. Y juegan con fuego.
“Bueno, no es para tanto; no afectan la salud”, nos dirá exculpándose algún empresario periodístico.
¿Pero las sociedades no se enferman también?
Digresión: la semana pasada un diario porteño tituló en su tapa, para referirse a las colas que había en los hospitales: “Gripe A: colapsan servicios médicos y piden cautela”. Enseguida recordé la Alemania de los años ’30, y aquel film genial de Ingmar Bergman, El huevo de la serpiente. Recordé a Orson Welles y su radioteatro sobre la invasión marciana, del ’38, previo a la Segunda Guerra Mundial. Y recordé también que aquí nomás desaparecieron 30.000 personas y apenas si hubo alguna gacetilla que decía “subversivos caen en un enfrentamiento”.
La pregunta es por qué ahora sí y antes no.
Sencillamente porque antes los partidos políticos no eran tan débiles y la gente no estaba tan expuesta a los medios. Más lo segundo que lo primero.
Que una encuesta diera por resultado que un 15 por ciento de los porteños admitiera que “Gran cuñado” tendrá influencia en su decisión electoral no hace más que confirmarlo.
Que en ese mismo programa, Francisco de Narváez reconociera cuánto lo estaba ayudando el programa, cierra el círculo. A confesión de parte, relevo de prueba.
En los Estados Unidos tienen una práctica saludable: los periódicos informan un tiempo antes de las elecciones a qué candidato apoyan. Eso daría a los medios una mayor transparencia. Porque la transparencia no supone desinterés: nadie está ajeno a las disputas y conflictos que hacen la historia.
Quienes dicen actuar por desinterés, en realidad demuestran que creen estar por encima de los demás.
¿Quién puede estar en una democracia por encima de los demás?
Nadie. O en todo caso, sólo aquellos que saben o suponen que sus intereses no deben estar sometidos al escrutinio público.
¿Y la gente?
La gente porque nunca también como antes se involucró tanto políticamente. Y no solo se involucró sino que armó sus propios medios, especialmente las redes, los celulares, las pantallas de YouTube, los blogs, para hacerse sentir y trabajar, por fuera de la estructura monopolizadora de la información que imponen las grandes corporaciones mediáticas.
La blogósfera se llenó de ciberactivistas, de militantes, de ciudadanos preocupados por el país y por los medios, haciendo una suerte de contrainformación permanente.
Nunca como antes el instrumento político fundamental del juego democrático (la comunicación y los medios que la hacen posible) se ha sometido a ese escrutinio público.
Y más, mucho más, los jóvenes y no tan jóvenes.
Pienso: si la globalización fragmenta la sociedad y concentra poder, no hay otro medio para enfrentarla que transparentando el poder y democratizando la sociedad y sus medios.
Todos.
* Docente e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.
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sábado, 13 de junio de 2009
Ecuanimidad, si. Objetividad JAMÁS
Por Dante López Foresi
Quienes trabajamos con las palabras, debemos tener muy claro el significado de cada término que utilizamos al informar.
Permanentemente se hace referencia a una supuesta y necesaria “objetividad” periodística con la cual ideológica y conceptualmente no coincidimos. Es más. Nos parece que el periodista que se autodefine como “objetivo” atenta directamente contra su credibilidad, ya que nadie puede creer en alguien que comienza su tarea basado en una mentira o falacia. La objetividad presupone la definición del periodista como un “objeto” alejado y no involucrado en las noticias que produce.
La elección de las noticias es, de por si, un acto de subjetividad absoluta: las noticias que Usted leerá en esta edición de EL VIGÍA fueron elegidas subjetivamente y, para ello, miles de informaciones debieron quedar sin tratamiento. Por ende, sería una hipocresía jurarle que somos objetivos. Nos parece que los medios o periodistas que aluden a la objetividad, lo hacen simplemente para ocultar deliberadamente la función que “eligieron” cumplir y los intereses que optaron defender. No es respetable un ciudadano que no se involucra en lo que a su sociedad le sucede.
Quizás muchos periodistas que hacen de la objetividad una guía de ética y conducta, quieran referirse en realidad a la “ecuanimidad” imprescindible al ejercer nuestro oficio. La objetividad puede ser comprada y el “periodista objetivo” puede escudarse tras ella a cambio de sobornos o, simplemente, simpatías o antipatías. Pero aquel periodista que es ecuánime debe ser necesariamente creíble, ya que al publicar equilibradamente todas las voces hace imposibles segundas interpretaciones. Nos parece que para lograr esa credibilidad, que es el capital más preciado de cualquier periodista, deben al menos cumplirse dos requisitos ineludibles. El primero es el de ser equilibrado e intentar reflejar todas las posiciones, sobre todo aquellas con las cuales el periodista, en tanto ser humano con ideas y reflexiones que es, no concuerda. En segundo lugar, sólo es creíble el periodista que avisa con su firma las oportunidades en las cuales está opinando y cuando solamente informa. Esta reflexión es imprescindible a pocos días de unas elecciones cargadas de contenido como las que se desarrollarán el próximo 28 de junio.
La prueba más cabal de que los periodistas jamás podemos ser objetivos, es que ese día también votaremos. Está en Usted, estimado lector, determinar si le resulta más creíble quien le jura ser “objetivo” y no tener asumida posición alguna en cada tema que aborda pero que, a la vez, lo abruma con mensajes subliminales en sus informaciones y presenta solamente determinadas campanas ocultando deliberadamente las otras o, por el contrario, aquellos periodistas que elegimos dejar sentada nuestra posición en cada oportunidad pero no le negamos espacio a nadie para expresarse. En EL VIGÍA se diferencian claramente cuáles son opiniones y cuáles, solo noticias. Piense profundamente si cuando en un programa de TV o de radio o cualquier publicación escrita insisten rabiosamente en transmitir los mismos mensajes casi con los mismos invitados o consultados, están haciendo periodismo equilibrado o no. Y suelen ser, casualmente, medios o periodistas que más alarde hacen de una supuesta “objetividad”.
La historia está llena de frases que definen a los “objetivos”: “A los tibios los vomita Dios” o “Quien en una guerra no se coloca en ninguno de los dos bandos, también es enemigo”, son solo dos ejemplos. Sirva esta reflexión a pocos días de haberse conmemorado el Día del Periodista que honra a hombres como Mariano Moreno que, lejos de ser objetivo, sirvió expresamente a los intereses de la verdad, la libertad y la independencia, poniendo en juego su propio honor en cada palabra que publicó.
Gracias a Dios hubo hombres como él o como Rodolfo Walsh, quien eligió no ser “objetivo” el 24 de marzo de 1976 y escribió la memorable “Carta a la Junta Militar”, por la cual pagó con su vida. Nos parece que el periodismo no es un oficio para “tibios” ni para “objetivos”, sino para personas decentes que, al informar, son concientes de que asumen una responsabilidad social importantísima, que implica deberes que no pueden eludirse tras una supuesta “objetividad” absurda y mentirosa.
Ésta será la nota editorial de la próxima edición de Periódico EL VIGÍA, a punto de aparecer.
Quienes trabajamos con las palabras, debemos tener muy claro el significado de cada término que utilizamos al informar.
Permanentemente se hace referencia a una supuesta y necesaria “objetividad” periodística con la cual ideológica y conceptualmente no coincidimos. Es más. Nos parece que el periodista que se autodefine como “objetivo” atenta directamente contra su credibilidad, ya que nadie puede creer en alguien que comienza su tarea basado en una mentira o falacia. La objetividad presupone la definición del periodista como un “objeto” alejado y no involucrado en las noticias que produce.
La elección de las noticias es, de por si, un acto de subjetividad absoluta: las noticias que Usted leerá en esta edición de EL VIGÍA fueron elegidas subjetivamente y, para ello, miles de informaciones debieron quedar sin tratamiento. Por ende, sería una hipocresía jurarle que somos objetivos. Nos parece que los medios o periodistas que aluden a la objetividad, lo hacen simplemente para ocultar deliberadamente la función que “eligieron” cumplir y los intereses que optaron defender. No es respetable un ciudadano que no se involucra en lo que a su sociedad le sucede.
Quizás muchos periodistas que hacen de la objetividad una guía de ética y conducta, quieran referirse en realidad a la “ecuanimidad” imprescindible al ejercer nuestro oficio. La objetividad puede ser comprada y el “periodista objetivo” puede escudarse tras ella a cambio de sobornos o, simplemente, simpatías o antipatías. Pero aquel periodista que es ecuánime debe ser necesariamente creíble, ya que al publicar equilibradamente todas las voces hace imposibles segundas interpretaciones. Nos parece que para lograr esa credibilidad, que es el capital más preciado de cualquier periodista, deben al menos cumplirse dos requisitos ineludibles. El primero es el de ser equilibrado e intentar reflejar todas las posiciones, sobre todo aquellas con las cuales el periodista, en tanto ser humano con ideas y reflexiones que es, no concuerda. En segundo lugar, sólo es creíble el periodista que avisa con su firma las oportunidades en las cuales está opinando y cuando solamente informa. Esta reflexión es imprescindible a pocos días de unas elecciones cargadas de contenido como las que se desarrollarán el próximo 28 de junio.
La prueba más cabal de que los periodistas jamás podemos ser objetivos, es que ese día también votaremos. Está en Usted, estimado lector, determinar si le resulta más creíble quien le jura ser “objetivo” y no tener asumida posición alguna en cada tema que aborda pero que, a la vez, lo abruma con mensajes subliminales en sus informaciones y presenta solamente determinadas campanas ocultando deliberadamente las otras o, por el contrario, aquellos periodistas que elegimos dejar sentada nuestra posición en cada oportunidad pero no le negamos espacio a nadie para expresarse. En EL VIGÍA se diferencian claramente cuáles son opiniones y cuáles, solo noticias. Piense profundamente si cuando en un programa de TV o de radio o cualquier publicación escrita insisten rabiosamente en transmitir los mismos mensajes casi con los mismos invitados o consultados, están haciendo periodismo equilibrado o no. Y suelen ser, casualmente, medios o periodistas que más alarde hacen de una supuesta “objetividad”.
La historia está llena de frases que definen a los “objetivos”: “A los tibios los vomita Dios” o “Quien en una guerra no se coloca en ninguno de los dos bandos, también es enemigo”, son solo dos ejemplos. Sirva esta reflexión a pocos días de haberse conmemorado el Día del Periodista que honra a hombres como Mariano Moreno que, lejos de ser objetivo, sirvió expresamente a los intereses de la verdad, la libertad y la independencia, poniendo en juego su propio honor en cada palabra que publicó.
Gracias a Dios hubo hombres como él o como Rodolfo Walsh, quien eligió no ser “objetivo” el 24 de marzo de 1976 y escribió la memorable “Carta a la Junta Militar”, por la cual pagó con su vida. Nos parece que el periodismo no es un oficio para “tibios” ni para “objetivos”, sino para personas decentes que, al informar, son concientes de que asumen una responsabilidad social importantísima, que implica deberes que no pueden eludirse tras una supuesta “objetividad” absurda y mentirosa.
Ésta será la nota editorial de la próxima edición de Periódico EL VIGÍA, a punto de aparecer.
lunes, 8 de junio de 2009
domingo, 31 de mayo de 2009
Como los Medios ocultan el mundo
Por Sandra Russo
“Este nuevo libro de Pascual Serrano establece de modo definitivo, con un catálogo estremecedor de hechos, la prueba del ADN de que los medios desinforman.” La frase es de Ignacio Ramonet, quien prologa Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, que acaba de ser publicado en España. Ramonet es ese francés un poco respingado de Le Monde Diplomatique, a quien a su vez el propio Pascual Serrano admira porque le atribuye la noción de “pensamiento único”. Fue una frase que Ramonet usó en un Foro Social, y que prendió en todo el mundo para nombrar algo que todavía, antes de ser detectado y pasado a discurso, circulaba camuflado en el agua del neoliberalismo de los ’90.
Pascual Serrano, me gustaría presentarlo, es uno de los directores del periódico digital Rebelión, en el que diariamente se pueden leer algunos de los mejores artículos de política exterior y derechos humanos de todo el mundo. Y Pascual tiene una especialidad, una especificidad como intelectual de izquierda, y es detectar la trampa del poder en el lenguaje periodístico. Tiene un ojo entrenado como he visto pocos y una solidez admirable para transmitir sus hallazgos semánticos en textos breves que desvisten títulos, ediciones, formas de expresión, fotos, secuencias de información.
De eso se trata su nuevo libro, pero lo que es verdaderamente nuevo y necesario es el enfoque del trabajo de Serrano. Porque vivimos un tiempo en el que los circuitos de la información se han llenado de dinero. La información ya no es sólo poder, sino capacidad económica para escindir el poder de la política. La libertad de la economía para subordinar a la política a sus intereses específicos es la libertad central que se defiende en el coloquio al que fueron a hablar los Vargas Llosa.
Pero precisamente a propósito de sus presuntas detenciones o retenciones en el aeropuerto, que no fueron más que trámites migratorios largos, y del operativo mediático increíble que se montó en la Argentina, donde el aire preelectoral es el cultivo en el que crecen los hongos informativos, es oportuno hacer pie en el trabajo de Serrano. En el mundo del capitalismo globalizado, la información que circula por los grandes medios construye diariamente un mundo paralelo a su antojo, hundiendo a los espectadores, oyentes y lectores en los velos de ese mundo paralelo, en el que fue detenido Mario Vargas Llosa al llegar a Venezuela. Eso jamás ocurrió, pero es lo de menos. Se monta la estantería mediática de los hechos y se pone a hablar a todo el mundo como si lo que no ocurrió hubiera ocurrido, y después sólo se debe repetir las declaraciones: una ficción está siendo consumida como información.
La semana pasada, Serrano publicó un artículo en el que afirma que “sólo se puede llegar a la conclusión de que en Venezuela hay un empresario de apellido Chávez que compra bancos. Para los medios no es que el Estado venezolano haya comprado el Banco de Santander, ha sido Chávez quien ha sacado los millones de su bolsillo y se lo ha quedado. Es curiosa la sintonía de todos los medios: Agencia AFP: Grupo Santander vende a Chávez el Banco de Venezuela por 1050 millones de dólares, El Mundo: Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, EFE en Heraldo de Soria: El Santander acuerda la venta del Banco de Venezuela a Chávez, RTVE: El Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, El País: El Santander vende su filial venezolana a Chávez por 750 millones. Y, por si no fuera poco, El Mundo llega a titular Chávez se convierte en el primer banquero de Venezuela.”
Los medios sustraen al Estado venezolano del escenario significante. Atribuyéndole a Chávez un personalismo propio de la presunta dictadura que describen, son los propios medios los que se niegan a entrar en la lógica de un Estado democrático y soberano. “En El País del día siguiente, ya ni siquiera Chávez compra el banco, se lo entregan: ‘El Santander entrega el Banco de Venezuela a Chávez por 755 millones’.”
Quizá sea necesaria esta manipulación informativa del proceso venezolano, ya que lo que está haciendo el gobierno de Chávez es lo mismo que hacen otros gobiernos. Por eso debe ser narrado de otra manera. “Los estados están comprando acciones de los bancos, es decir, nacionalizando. Medio año antes, Bush anunció la compra de acciones en nueve de los mayores bancos del país por un total de 250.000 millones de dólares. Claro que, entonces, el dueño ya no era el presidente, por eso titulaban EE.UU. negocia la nacionalización de hasta el 40 por ciento de Citigroup (El País 22-2-2009) o EE.UU. baraja nacionalizar parte de la banca (Público 9-20-2008). No publicaban que Obama negocia la compra o Bush baraja comprar.
El objetivo preciso, discursivo, es evitar “la asociación entre Hugo Chávez como legítimo representante de los venezolanos y convertir las decisiones de su gobierno en iniciativas personales y, si es posible, que las audiencias crean que el banco se lo queda Chávez para él”. Un ejemplo, apenas, del mundo paralelo que crean los medios, para no responder por el mundo que ocultan.
“Este nuevo libro de Pascual Serrano establece de modo definitivo, con un catálogo estremecedor de hechos, la prueba del ADN de que los medios desinforman.” La frase es de Ignacio Ramonet, quien prologa Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, que acaba de ser publicado en España. Ramonet es ese francés un poco respingado de Le Monde Diplomatique, a quien a su vez el propio Pascual Serrano admira porque le atribuye la noción de “pensamiento único”. Fue una frase que Ramonet usó en un Foro Social, y que prendió en todo el mundo para nombrar algo que todavía, antes de ser detectado y pasado a discurso, circulaba camuflado en el agua del neoliberalismo de los ’90.
Pascual Serrano, me gustaría presentarlo, es uno de los directores del periódico digital Rebelión, en el que diariamente se pueden leer algunos de los mejores artículos de política exterior y derechos humanos de todo el mundo. Y Pascual tiene una especialidad, una especificidad como intelectual de izquierda, y es detectar la trampa del poder en el lenguaje periodístico. Tiene un ojo entrenado como he visto pocos y una solidez admirable para transmitir sus hallazgos semánticos en textos breves que desvisten títulos, ediciones, formas de expresión, fotos, secuencias de información.
De eso se trata su nuevo libro, pero lo que es verdaderamente nuevo y necesario es el enfoque del trabajo de Serrano. Porque vivimos un tiempo en el que los circuitos de la información se han llenado de dinero. La información ya no es sólo poder, sino capacidad económica para escindir el poder de la política. La libertad de la economía para subordinar a la política a sus intereses específicos es la libertad central que se defiende en el coloquio al que fueron a hablar los Vargas Llosa.
Pero precisamente a propósito de sus presuntas detenciones o retenciones en el aeropuerto, que no fueron más que trámites migratorios largos, y del operativo mediático increíble que se montó en la Argentina, donde el aire preelectoral es el cultivo en el que crecen los hongos informativos, es oportuno hacer pie en el trabajo de Serrano. En el mundo del capitalismo globalizado, la información que circula por los grandes medios construye diariamente un mundo paralelo a su antojo, hundiendo a los espectadores, oyentes y lectores en los velos de ese mundo paralelo, en el que fue detenido Mario Vargas Llosa al llegar a Venezuela. Eso jamás ocurrió, pero es lo de menos. Se monta la estantería mediática de los hechos y se pone a hablar a todo el mundo como si lo que no ocurrió hubiera ocurrido, y después sólo se debe repetir las declaraciones: una ficción está siendo consumida como información.
La semana pasada, Serrano publicó un artículo en el que afirma que “sólo se puede llegar a la conclusión de que en Venezuela hay un empresario de apellido Chávez que compra bancos. Para los medios no es que el Estado venezolano haya comprado el Banco de Santander, ha sido Chávez quien ha sacado los millones de su bolsillo y se lo ha quedado. Es curiosa la sintonía de todos los medios: Agencia AFP: Grupo Santander vende a Chávez el Banco de Venezuela por 1050 millones de dólares, El Mundo: Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, EFE en Heraldo de Soria: El Santander acuerda la venta del Banco de Venezuela a Chávez, RTVE: El Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, El País: El Santander vende su filial venezolana a Chávez por 750 millones. Y, por si no fuera poco, El Mundo llega a titular Chávez se convierte en el primer banquero de Venezuela.”
Los medios sustraen al Estado venezolano del escenario significante. Atribuyéndole a Chávez un personalismo propio de la presunta dictadura que describen, son los propios medios los que se niegan a entrar en la lógica de un Estado democrático y soberano. “En El País del día siguiente, ya ni siquiera Chávez compra el banco, se lo entregan: ‘El Santander entrega el Banco de Venezuela a Chávez por 755 millones’.”
Quizá sea necesaria esta manipulación informativa del proceso venezolano, ya que lo que está haciendo el gobierno de Chávez es lo mismo que hacen otros gobiernos. Por eso debe ser narrado de otra manera. “Los estados están comprando acciones de los bancos, es decir, nacionalizando. Medio año antes, Bush anunció la compra de acciones en nueve de los mayores bancos del país por un total de 250.000 millones de dólares. Claro que, entonces, el dueño ya no era el presidente, por eso titulaban EE.UU. negocia la nacionalización de hasta el 40 por ciento de Citigroup (El País 22-2-2009) o EE.UU. baraja nacionalizar parte de la banca (Público 9-20-2008). No publicaban que Obama negocia la compra o Bush baraja comprar.
El objetivo preciso, discursivo, es evitar “la asociación entre Hugo Chávez como legítimo representante de los venezolanos y convertir las decisiones de su gobierno en iniciativas personales y, si es posible, que las audiencias crean que el banco se lo queda Chávez para él”. Un ejemplo, apenas, del mundo paralelo que crean los medios, para no responder por el mundo que ocultan.
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martes, 19 de mayo de 2009
La fórmula de Clarín, la verdad al desnudo
Por Daniel Calabrese
Diego Genoud publicó hoy en el diario Crítica un artículo que deja a las claras -por si hacia falta -que se juega y quienes son los reales jugadores en la discución politica y comunicacional que tendrá su momento cúlmine el día de la elecciones.
Diego Genoud publicó hoy en el diario Crítica un artículo que deja a las claras -por si hacia falta -que se juega y quienes son los reales jugadores en la discución politica y comunicacional que tendrá su momento cúlmine el día de la elecciones.
Para aquellos que decimos que Los oligopolios mediáticos no solo apoyan sino que son la oposición misma, dicha nota lo muestra con un cruda sinceridad.
Por otra parte demuestra la necesidad urgente por dotar a nuestra sociedad de una nueva Ley de Servicios de Comunicación de la democracia, herramienta imprescindible para acompañar los cambios que proponga cualquier gobierno que pretenda gobernar para las mayorías.
Este artículo cuyo link adjunto, es también la prueba de como los politicos de derecha, serviles y rastreros se pavonean ante las grandes corporaciones para ver quien será elegido para representar sus minoritarios intereses.
Por otra parte demuestra la necesidad urgente por dotar a nuestra sociedad de una nueva Ley de Servicios de Comunicación de la democracia, herramienta imprescindible para acompañar los cambios que proponga cualquier gobierno que pretenda gobernar para las mayorías.
Este artículo cuyo link adjunto, es también la prueba de como los politicos de derecha, serviles y rastreros se pavonean ante las grandes corporaciones para ver quien será elegido para representar sus minoritarios intereses.
Queda mas claro que nunca La verdadera discusión que se dará el 28 de junio: Proseguir con los cambios y profundizar la democracia o los impresentables de siempre, al servicio de las corporaciones. La verdad al desnudo.
Hacer Clic en el copete para leer nota completa.
abierta competencia por el padrinazgo del gran grupo periodístico en el poskirchnerismo
Clarín, el árbitro de la pelea hacia 2011
Reutemann y Schiaretti, éste último que quiere ser vice, se adjudican el aval del diario de Ernestina Herrera de Noble en la carrera presidencial. A cambio, apoyan públicamente la cruzada contra la ley de Radiodifusión. Quejas de Carrió: “Siempre te pide más”.
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abierta competencia por el padrinazgo del gran grupo periodístico en el poskirchnerismo
Clarín, el árbitro de la pelea hacia 2011
Reutemann y Schiaretti, éste último que quiere ser vice, se adjudican el aval del diario de Ernestina Herrera de Noble en la carrera presidencial. A cambio, apoyan públicamente la cruzada contra la ley de Radiodifusión. Quejas de Carrió: “Siempre te pide más”.
El Grupo Clarín y su particular método de construir "realidades"
Por Víctor Ego Ducrot
A las 9 y 36 minutos de la mañana del martes 19 de mayo de 2009, la página electrónica del diario Clarín, de Buenos Aires, difundía la siguiente información: Conmoción en la Ciudad y el GBA por tres violentos casos de inseguridad. Ocurrieron ayer, con diferencia de horas. En Mataderos, un hombre de 70 años fue asesinado al resistirse al robo de su auto. Y dos ladrones murieron en tiroteos con la Policía, que intentaba impedir dos asaltos, uno en Ingeniero Maschwitz y otro en Parque Chas.No trata este artículo sobre la evolución de la curva del delito en un conglomerado urbano como el de Buenos Aires – la ciudad y su área metropolitana o Gran Buenos Aires, unos 12 millones de habitantes según el censo de 2001- ni mucho menos negar la gravedad de los tres hechos consignados por el matutino porteño. La propuesta consiste en reflexionar sobre los mecanismos, sobre las herramientas que utilizan lo medios periodísticos pertenecientes al oligopolio de la corporación mediática, para crear sus propias “realidades”.El modelo teórico y metodológico Intencionalidad Editorial, desarrollado en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y recogido en sus primeras aproximaciones por un libro de próxima aparición (El sigilo y la nocturnidad de las prácticas periodísticas hegemónicas, compilado y prologado por quien esto escribe ) plantea (entre muchos otros conceptos) y reconoce como legítimo y perteneciente a la naturaleza misma del periodismo que sus discursos se inscriben dentro del campo de la puja por el poder, y que el fin último de los mismos es la construcción de sentidos hegemónicos.Por consiguiente, considera que no existe el discurso periodístico imparcial (en el marco del desarrollo teórico se habla de procesos, no de discursos) y que las parcialidades se construyen básicamente desde tres campos: la selección de agenda (temas a tratar), el recorte de fuentes (voces con las cuales se traza la noticia, la información) y las herramientas de gramáticas periodistas (las que ofrecen una amplia gama de posibilidades, en consideración de géneros y diversidad de soportes –gráficos tradicionales, audiovisuales y digitales-).Dentro de esos parámetros funcionan el diario Clarín y todos los medios periodísticos, de cualquier posicionamiento editorial. Y ello es así porque no hay discurso periodístico que pueda plasmarse de otra forma. Lo que nuestro modelo teórico y metodológico cuestiona no es la construcción y difusión de parcialidades sino que las mismas aparezcan encubiertas por los velos de la Objetividad como mito hegemónico (por necesidad de eficacia a la hora de construir sentidos hegemónicos, presentar esas parcialidades, que son de grupo o de clase, como valores universales, como verdades “objetivas”).En atención al cumplimiento de dos derechos y garantías que deben ser contemplados por todo orden democrático (y proclamados por los propios medios hegemónicos) –el derecho de todos y todas a informar y a estar informados, y la libertad de prensa, que rige para todos y todas, no sólo para las empresas de medios y para los periodistas- el diario Clarín (y todos los medios) están obligados a cumplir con un conjunto de preceptivas profesionales, reconocidas por el conjunto de la comunidad aplicada a estos tópicos, e incluso, una vez más, por los propios medios hegemónicos.El no cumplimiento de esas normas se transforma en un atentado sistemático contra los principios anunciados de derecho a la información y de libertad de prensa.Cuando el diario Clarín, en la nota de su portal electrónico que nos ocupa, sostiene que en la ciudad y el gran Buenos Aires impera la conmoción por tres violentos casos de inseguridad, desconoce, niega, oculta y tergiversa el significado de la palabra conmoción.El diccionario de la Real Academia Española nos informa al respecto: (Del lat. commotĭo, -ōnis). 1. f. Movimiento o perturbación violenta del ánimo o del cuerpo. 2. f. Tumulto, levantamiento, alteración de un Estado, provincia o pueblo. 3. f. Movimiento sísmico muy perceptible.Esa manipulación de los métodos aplicables a la construcción de parcialidades, y la utilización en forma indiscriminada de la objetividad como mito hegemónico concluyen en lo que quizá sea el grado más alto de desinformación: la construcción de “realidades” mediáticas ajenas al campo de la realidad.Los tres episodios en cuestión, graves y de suficiente envergadura como para convertirse en materia noticiable, según la selección de agenda a la que tiene derecho todo medio periodístico, pudieron haber registrado, al tiempo de la difusión de la noticia, cualquier tipo reacción. Pero ningún habitante de la ciudad y del Gran Buenos Aires fue partícipe o testigo de movimiento o perturbación violenta (…) alguna, ni de ningún tumulto, levantamiento, alteración de un Estado, provincia o pueblo, ni mucho menos de un movimiento sísmico muy perceptible. Si a las breves consideraciones que hace este artículo sobre el comportamiento puntual de Clarín digital en la información difundida el martes 19 de mayo a las 9 y 36 minutos de la mañana, las cruzamos con los resultados que arrojaron algunos de los detallados análisis realizados por el Observatorio de Medios de Argentina, de la FPyCS de la UNLP, respecto del mismo diario Clarín a lo largo del año pasado (ver www.pecyp.com.ar y elobservatoriodemediosdeargentina.blogspot.com), podríamos concluir que ese diario sí pretende provocar un conmoción, en sentido metafórico, según se desprende de otra acepción que le reconoce el diccionario de la Real Academia Española, cuando se refiere a la cerebral: 1. f. Estado de aturdimiento o de pérdida del conocimiento, producido por un golpe en la cabeza, por una descarga eléctrica o por los efectos de una violenta explosión…la explosión desinformativa para la cual trabajan los oligopolios mediáticos.
martes, 28 de abril de 2009
Acerca de epidemias y otras calamidades.
Por Daniel Calabrese
La aparición de la gripe porcina en México y EEUU ocurrida en las últimas horas permite comparar la cobertura que los medios internacionales le están dando a la noticia respecto a como nuestros medios nacionales se han referido a la problemática del dengue.
Son pocas las áreas en donde queda mas claro el rol social que deben jugar los medios de comunicación como en el caso de un evento que afecta la salud pública e implica la posibilidad de epidemias, pandemias y contagios masivos,. Si la responsabilidad informativa y el derecho ciudadano a recibir información fidedigna es necesario siempre, es en estas situaciones donde cobran vital importancia. Veamos entonces.
Los medios internacionales, por ejemplo la CNN, recurren como fuentes de primer orden a las autoridades sanitarias tanto mexicanas como estadounidenses para dar cuenta del estado de situación y comunican a través de distintos reportes las medidas que van tomando las autoridades.
Simultáneamente se informa sobre los cuidados básicos a tener en cuenta para evitar el contagio siempre en un tono que intenta evitar el pánico y el amarillismo.
Basta con detenerse unos minutos en la pantalla de nuestros noticieros vernáculos para confirmar que respecto al dengue están haciendo todo lo contrario.
No se recurre a los funcionarios sanitarios salvo para desacreditarlos o desmentirlos con el claro objeto de generar dudas sobre sus versiones en la población. Se apelan a fuentes difusas que cuanto peores y mas infundadas sean sus versiones, mas espacio obtendrán en las pantallas.
Un ejemplo de ello fue el luego desmentido caso de bebes que habían nacido infectados por el dengue.
Las cifras supuestas de contagios y de casos fatales se transmiten con ligereza y sin ningún tipo de chequeo previo de la información. En cuanto al tono en que se dan ciertas estadísticas, remite con su jerga liviana, a la de una contienda deportiva en la que se le va “ganando” a las versiones estadísticas oficiales y realmente comprobadas.
Todo intento de investigar profundamente las causas del avance del mosquito, sea el calentamiento global, la deforestación -en muchos casos producto del avance sobre los bosques nativos del cultivo de soja transgénica - y el efecto del glifosato sobre los predadores naturales del agente transmisor, son deliberadamente ocultados.
En un terreno donde la responsabilidad y la información certera son de altísima necesidad, los medios no ven otra cosa que un espacio para erosionar al gobierno, generar pánico en la población y jugar su rol opositor.
Momentos tan oscuros como estos, en donde se vulneran limites éticos básicos y normas elementales del ejercicio profesional de la comunicación, no se pueden entender sino como una manifestación de desesperación política ante un gobierno que junto a la sociedad civil avanza en la discusión de una nueva ley de medios antimonopólica y que pondrá en jaque muchos de los negocios de los medios comerciales.
La mentira, la omisión y el sinceramiento.
Conjuntamente con la problemática del dengue, tres actos canallescos se destacaron en los últimos días en el tratamiento mediático. Una mentira, una omisión y un sinceramiento .
La mentira.
En el marco de la visita del presidente del Brasil, Clarín informó que durante la conferencia de prensa ofrecida en conjunto por ambos mandatarios y ante la pregunta que su periodista le hiciera a Lula, “Cristina pidió que no le conteste por tratarse de un medio opositor”.
Para aquellos que hemos escuchado en vivo tal conferencia, sabemos que esto fue una mentira desvergonzada , para quienes no la hayan podido escuchar solo basta volver a el propio diario que al día siguiente aclara, muy chiquito por cierto, que se trató de un “error" al dar la noticia.
La aparición de la gripe porcina en México y EEUU ocurrida en las últimas horas permite comparar la cobertura que los medios internacionales le están dando a la noticia respecto a como nuestros medios nacionales se han referido a la problemática del dengue.
Son pocas las áreas en donde queda mas claro el rol social que deben jugar los medios de comunicación como en el caso de un evento que afecta la salud pública e implica la posibilidad de epidemias, pandemias y contagios masivos,. Si la responsabilidad informativa y el derecho ciudadano a recibir información fidedigna es necesario siempre, es en estas situaciones donde cobran vital importancia. Veamos entonces.
Los medios internacionales, por ejemplo la CNN, recurren como fuentes de primer orden a las autoridades sanitarias tanto mexicanas como estadounidenses para dar cuenta del estado de situación y comunican a través de distintos reportes las medidas que van tomando las autoridades.
Simultáneamente se informa sobre los cuidados básicos a tener en cuenta para evitar el contagio siempre en un tono que intenta evitar el pánico y el amarillismo.
Basta con detenerse unos minutos en la pantalla de nuestros noticieros vernáculos para confirmar que respecto al dengue están haciendo todo lo contrario.
No se recurre a los funcionarios sanitarios salvo para desacreditarlos o desmentirlos con el claro objeto de generar dudas sobre sus versiones en la población. Se apelan a fuentes difusas que cuanto peores y mas infundadas sean sus versiones, mas espacio obtendrán en las pantallas.
Un ejemplo de ello fue el luego desmentido caso de bebes que habían nacido infectados por el dengue.
Las cifras supuestas de contagios y de casos fatales se transmiten con ligereza y sin ningún tipo de chequeo previo de la información. En cuanto al tono en que se dan ciertas estadísticas, remite con su jerga liviana, a la de una contienda deportiva en la que se le va “ganando” a las versiones estadísticas oficiales y realmente comprobadas.
Todo intento de investigar profundamente las causas del avance del mosquito, sea el calentamiento global, la deforestación -en muchos casos producto del avance sobre los bosques nativos del cultivo de soja transgénica - y el efecto del glifosato sobre los predadores naturales del agente transmisor, son deliberadamente ocultados.
En un terreno donde la responsabilidad y la información certera son de altísima necesidad, los medios no ven otra cosa que un espacio para erosionar al gobierno, generar pánico en la población y jugar su rol opositor.
Momentos tan oscuros como estos, en donde se vulneran limites éticos básicos y normas elementales del ejercicio profesional de la comunicación, no se pueden entender sino como una manifestación de desesperación política ante un gobierno que junto a la sociedad civil avanza en la discusión de una nueva ley de medios antimonopólica y que pondrá en jaque muchos de los negocios de los medios comerciales.
La mentira, la omisión y el sinceramiento.
Conjuntamente con la problemática del dengue, tres actos canallescos se destacaron en los últimos días en el tratamiento mediático. Una mentira, una omisión y un sinceramiento .
La mentira.
En el marco de la visita del presidente del Brasil, Clarín informó que durante la conferencia de prensa ofrecida en conjunto por ambos mandatarios y ante la pregunta que su periodista le hiciera a Lula, “Cristina pidió que no le conteste por tratarse de un medio opositor”.
Para aquellos que hemos escuchado en vivo tal conferencia, sabemos que esto fue una mentira desvergonzada , para quienes no la hayan podido escuchar solo basta volver a el propio diario que al día siguiente aclara, muy chiquito por cierto, que se trató de un “error" al dar la noticia.
La idea de Cristina "censurando" a la prensa, ya estaba instalada.
La omisión
En el crimen de Lanús que ocupó la tapa de los medios graficos , los noticieros televisivos y todos los programas de opinología barata se calló en lo posible, o lisa y llanamente se ocultó la información de que la víctima, Facundo Capristo, tenia un arma y que disparó al adolescente que le dio muerte.
Todos sabemos la diferencia, entre un asesinato a sangre fría y un crimen producto de un intercambio de fuego. Esa información solo puede ser soslayada si lo que se persigue es generar sensación “intencionada” de inseguridad en la población.
El sinceramiento.
En su incesante y centenaria búsqueda de los “pilares” de la patria , las fuerzas armadas, la iglesia, el campo o todos juntos, el diario La Nación ha encontrado un nuevo pilar. En este caso un pilar de la producción nacional: El glifosato
La omisión
En el crimen de Lanús que ocupó la tapa de los medios graficos , los noticieros televisivos y todos los programas de opinología barata se calló en lo posible, o lisa y llanamente se ocultó la información de que la víctima, Facundo Capristo, tenia un arma y que disparó al adolescente que le dio muerte.
Todos sabemos la diferencia, entre un asesinato a sangre fría y un crimen producto de un intercambio de fuego. Esa información solo puede ser soslayada si lo que se persigue es generar sensación “intencionada” de inseguridad en la población.
El sinceramiento.
En su incesante y centenaria búsqueda de los “pilares” de la patria , las fuerzas armadas, la iglesia, el campo o todos juntos, el diario La Nación ha encontrado un nuevo pilar. En este caso un pilar de la producción nacional: El glifosato
El acto de sincericio del diario de los Mitre apareció en el suplemento rural y lo pueden apreciar en este link:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1121563&pid=6307205&toi=6279
El menú de canalladas semanales fue coronado con una amplia solicitada de ADEPA denunciando persecución a los medios “independientes”.
Veremos esta semana que se inicia con que otras se nos vienen: Observando su comportamiento, quizá podamos entender que la peor de todas las epidemias, la mas nociva, la estamos soportando a diario propagada a toda hora por nuestros inefables medios masivos de desinformación. -
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1121563&pid=6307205&toi=6279
El menú de canalladas semanales fue coronado con una amplia solicitada de ADEPA denunciando persecución a los medios “independientes”.
Veremos esta semana que se inicia con que otras se nos vienen: Observando su comportamiento, quizá podamos entender que la peor de todas las epidemias, la mas nociva, la estamos soportando a diario propagada a toda hora por nuestros inefables medios masivos de desinformación. -
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jueves, 23 de abril de 2009
Parodiando entrevistas por Cadena Nacional
Por Daniel Calabrese
Fue ayer, pero podría haber sido antes de ayer, hoy o mañana que no hubiera diferido en mucho el panorama que describiré a continuación.
Me dispuse luego de cenar a hacer zapping entre los canales abiertos y de cable con contenidos periodísticos a ver que me encontraba.
En el canal de Francisco De Narváez, AMERICA, la inefable Mónica Gutiérrez entrevistaba, ¿entrevistaba? a Hilda “Chiche” Duhalde y anunciaba a Gabriela Michetti para el próximo bloque.
Jorge Lanata en el 26 tuteaba a Cobos en lo que parecía una tertulia de café entre dos amigotes. Detrás del "ex periodista" como lo llama Horacio Verbitsky, se anunciaba el programa de los “independientes” Leuco y Eliaschev .
Marcelo Longobardi en C5N miraba extasiado a Marcos Aguinis que le contaba a la audiencia que estamos en el medio de una dictadura. Se anunciaba un próximo bloque con “Gabriela”, que yendo de canal en canal explicaba su renunciamiento “heroico” a un puesto que jamás ejerció según su índice de ausencias en la legislatura. Los canales del grupo Clarín tocaban la misma partitura junto a los impresentables exponentes de la derecha argentina. En TN Santo Biazatti metía miedo con la “amenaza narco” en nuestro país y Daniel Muchnik en METRO entrevistaba a tres “consultores” económicos que anunciaban calamidades que nunca llegan. En MAGAZINE, De Narváez, mientras en su propio medio de comunicación Chiche le cuidaba las espaldas, le explicaba a a otro Chiche, Gelblung, que ser millonario no tiene nada de malo y que es auténtico, pues si no se hubiera mandado a sacar el tatuaje del cuello.
Indigna la uniformidad ideológica vendida como prensa independiente. Pero lo que mas asombra es que se rompan reglas básicas del periodismo en general y del género entrevista política en particular convirtiendo al momento en un simulacro en el que se diluyen los roles de entrevistador y entrevistado.
Todo se convierte en una gran parodia en la que no se sabe finalmente si el entrevistador es el agente de prensa del político de turno o el político entrevistado es una suerte de columnista del programa.
No es objetividad lo que tenemos derecho a reclamar como auditorio, la objetividad no existe desde el momento que el entrevistador es un sujeto que interpela desde sus propias competencias culturales, ideológicas, sus simpatías o antipatías políticas, etc. Lo que si tenemos derecho a exigir es rigurosidad, profundidad, investigación.
Una entrevista desde el punto de vista formal implica la repregunta como herramienta inherente. El entrevistado debe sortear preguntas comprometedoras, al entrevistado se le deben marcar sus contradicciones argumentales, se le debe exponer su trayectoria y conducta sobre ciertos temas y lo que opina de ellos. Reglas básicas del género permanentemente pisoteadas y vulneradas.
Luego del paneo por los medios comerciales, Me preguntaba..¿Nos tomarán de idiotas? ¿No pensarán algunos al menos, que están protagonizando una de las etapas mas oscuras del periodismo?
¿No se dan cuenta que la inminente sanción de una nueva ley de servicios audiovisuales de la democracia los dejará descolocados?
Es posible que en su interior se pregunten ciertas cosas, lo que creo que no deberían olvidar son las lecciones de la historia.
Alguna vez en la Argentina 60 minutos con audiencias multitudinarias eran conducidos por un tal José Gómez Fuentes. En su momento también debe haber creído que éramos todos idiotas y que el poder omnímodo con el que contaba desde su parafernalia tecnológico comunicacional no terminaría nunca.
Por los mismos tiempos, mimetizado para no ser descubierto por los agentes de la muerte, Rodolfo Walsh en la clandestinidad metía en un buzón de la ciudad una de las copias de su famosa, “Carta abierta a la junta militar”
El tiempo puso todo en su lugar. El susodicho Gómez Fuentes al olvido y al repudio, Esa carta tipeada en una máquina casera y distribuida artesanalmente se ha convertido en una de las piezas informativas y literarias mas asombrosas de la historia del periodismo.
Cambia todo cambia dice el estribillo de una hermosa canción de Julio Numhauser a la que la Negra Sosa le puso su voz y sus entrañas. Los comunicadores que hoy gozan de pantalla impune, deberían escucharla de vez en cuando.
Fue ayer, pero podría haber sido antes de ayer, hoy o mañana que no hubiera diferido en mucho el panorama que describiré a continuación.
Me dispuse luego de cenar a hacer zapping entre los canales abiertos y de cable con contenidos periodísticos a ver que me encontraba.
En el canal de Francisco De Narváez, AMERICA, la inefable Mónica Gutiérrez entrevistaba, ¿entrevistaba? a Hilda “Chiche” Duhalde y anunciaba a Gabriela Michetti para el próximo bloque.
Jorge Lanata en el 26 tuteaba a Cobos en lo que parecía una tertulia de café entre dos amigotes. Detrás del "ex periodista" como lo llama Horacio Verbitsky, se anunciaba el programa de los “independientes” Leuco y Eliaschev .
Marcelo Longobardi en C5N miraba extasiado a Marcos Aguinis que le contaba a la audiencia que estamos en el medio de una dictadura. Se anunciaba un próximo bloque con “Gabriela”, que yendo de canal en canal explicaba su renunciamiento “heroico” a un puesto que jamás ejerció según su índice de ausencias en la legislatura. Los canales del grupo Clarín tocaban la misma partitura junto a los impresentables exponentes de la derecha argentina. En TN Santo Biazatti metía miedo con la “amenaza narco” en nuestro país y Daniel Muchnik en METRO entrevistaba a tres “consultores” económicos que anunciaban calamidades que nunca llegan. En MAGAZINE, De Narváez, mientras en su propio medio de comunicación Chiche le cuidaba las espaldas, le explicaba a a otro Chiche, Gelblung, que ser millonario no tiene nada de malo y que es auténtico, pues si no se hubiera mandado a sacar el tatuaje del cuello.
Indigna la uniformidad ideológica vendida como prensa independiente. Pero lo que mas asombra es que se rompan reglas básicas del periodismo en general y del género entrevista política en particular convirtiendo al momento en un simulacro en el que se diluyen los roles de entrevistador y entrevistado.
Todo se convierte en una gran parodia en la que no se sabe finalmente si el entrevistador es el agente de prensa del político de turno o el político entrevistado es una suerte de columnista del programa.
No es objetividad lo que tenemos derecho a reclamar como auditorio, la objetividad no existe desde el momento que el entrevistador es un sujeto que interpela desde sus propias competencias culturales, ideológicas, sus simpatías o antipatías políticas, etc. Lo que si tenemos derecho a exigir es rigurosidad, profundidad, investigación.
Una entrevista desde el punto de vista formal implica la repregunta como herramienta inherente. El entrevistado debe sortear preguntas comprometedoras, al entrevistado se le deben marcar sus contradicciones argumentales, se le debe exponer su trayectoria y conducta sobre ciertos temas y lo que opina de ellos. Reglas básicas del género permanentemente pisoteadas y vulneradas.
Luego del paneo por los medios comerciales, Me preguntaba..¿Nos tomarán de idiotas? ¿No pensarán algunos al menos, que están protagonizando una de las etapas mas oscuras del periodismo?
¿No se dan cuenta que la inminente sanción de una nueva ley de servicios audiovisuales de la democracia los dejará descolocados?
Es posible que en su interior se pregunten ciertas cosas, lo que creo que no deberían olvidar son las lecciones de la historia.
Alguna vez en la Argentina 60 minutos con audiencias multitudinarias eran conducidos por un tal José Gómez Fuentes. En su momento también debe haber creído que éramos todos idiotas y que el poder omnímodo con el que contaba desde su parafernalia tecnológico comunicacional no terminaría nunca.
Por los mismos tiempos, mimetizado para no ser descubierto por los agentes de la muerte, Rodolfo Walsh en la clandestinidad metía en un buzón de la ciudad una de las copias de su famosa, “Carta abierta a la junta militar”
El tiempo puso todo en su lugar. El susodicho Gómez Fuentes al olvido y al repudio, Esa carta tipeada en una máquina casera y distribuida artesanalmente se ha convertido en una de las piezas informativas y literarias mas asombrosas de la historia del periodismo.
Cambia todo cambia dice el estribillo de una hermosa canción de Julio Numhauser a la que la Negra Sosa le puso su voz y sus entrañas. Los comunicadores que hoy gozan de pantalla impune, deberían escucharla de vez en cuando.
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miércoles, 22 de abril de 2009
El peor analfabeto
El peor analfabeto es el analfabeto político.
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales". Bertolt Brecht. (1898)
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales". Bertolt Brecht. (1898)
domingo, 19 de abril de 2009
Por que hay que votar a la oposición
Por Orlando Barone
Hay que votar a la oposición para no volver a votar a esta dictadura. Que reprime en las calles y que impide marchas pastoralespacifistas, donde se pueda decir la verdad: que Kirchner es Nerón.
Sí, hay que votar a la oposición para que los grandes medios vuelvan a tener libertad de prensa. Y no como ahora que tienen que callarse por miedo a la persecución.Porque si critican al gobierno van a la mazmorra, y si no lo alaban y dicen que es maravilloso, los echan de /Clarín/, de /La Nación/, de /Perfil/, de /Ámbito/, de /El Cronista/, de /Para Ti/, de /Gente/ y de la mayor parte de los canales y emisoras.Hay que votar a la oposición porque la Expoagro es postergada y tiene que realizarse a escondidas y con recursos modestos. Y porque las tapas de los grandes diarios y noticieros están censuradas y condenadas a poner títulos chupamedias del gobierno. Y el ciudadano debe resignarse a tener que leer, ver y escuchar únicamente noticias benévolas oficialistas.
Porque los grandes diarios no pueden publicar editoriales que denuncien escándalos y corrupción; y porque los noticieros tienen que ocultar el drama de la inseguridad y no poner en pantalla a víctimas de delitos para que nadie se entere de que las calles sonun matadero.Porque los ricos y famosos de la farándula no se atreven a decir lo que piensan acerca de torturar y fusilar o guillotinar a los delincuentes a simple vista.
Porque los taxistas van calladitos sin decir nada en contra del Gobierno y miran por el espejito desconfiando de los pasajeros porteños, que son todos oficialistas.Porque no se puede denunciar que Guillermo Moreno manipula el Indec.
Y porque el periodismo político está controlado. Y tiene que contenerse de revelar que El Calafate es como el principado de Mónaco.
Y porque ningún entrevistador puede entrevistar libremente a los líderes opositores, que por eso nunca aparecen en pantalla y son condenados al silencio. Nadie sabe quiénes son los políticosopositores porque no tienen espacio en los medios: los censuran.
Y porque también el campo es silenciado. Y aunque sus dirigentes no participan en la política y son neutrales, es sospechado. Porque los representantes rurales están sin voz, empobrecidos. Porque se les impide bloquear rutas, decomisar camiones y presionar intendentes ylegisladores.
Y mientras, el vicepresidente por temor a represalias no se atreve a confesar su adoración por la soja y debe comportarse furtivamente de todo el esfuerzo que hace para que no haya más retenciones.
Hay que votar a la oposición para que cuando el país deje de percibir estos ingresos, los ciudadanos que no tienen campo compensen la falta de dinero de la retenciones pagando más impuestos.
Hay que votar a la oposición para que el país vuelva al FMI como se debe, para que termine sus relaciones con países indígenas que inferiorizan a la Argentina, y para que los sindicatos dejen deexpoliar a las patronales.Hay que votar a la oposición para salvarnos de este desastre que no deja ni siquiera ánimo ni plata para festejar Semana Santa e irse a la costa en masa.
Los ciudadanos son sabios. Por eso, si la dictadura gana es por fraude. O por culpa de la OEA.
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elecciones del 28 de junio,
oposición
miércoles, 15 de abril de 2009
El rap del dengue sojero
Por Eduardo Real
Llega enfermo de dengue
Mosquito pica al enfermo
Sapo se come mosquito
¡No hay dengue!
Alfredo planta soja
Alfredo fumiga veneno
Veneno mata sapito
Sapo muerto no come mosquito
¡Hay soja!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!
Nonsanto reparte los sobres
Al periodismo in-the-pendiente
¡Hay soja!
¡No hay noticia!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!
Hormiga atómica fumiga mosquito
Sapo vivo se caga de hambre
¡Se muere!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!
¡Hay malaria!
¡Hay fiebre amarilla!
Nonsanto no garpa bloguero
Bloguero publica noticia
¡Nonsanto se cae de culo!
¡Cristina prohibe la soja!
¡Hay sapo!
¡No hay mosquito!
¡No hay dengue!
Llega enfermo de dengue
Mosquito pica al enfermo
Sapo se come mosquito
¡No hay dengue!
Alfredo planta soja
Alfredo fumiga veneno
Veneno mata sapito
Sapo muerto no come mosquito
¡Hay soja!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!
Nonsanto reparte los sobres
Al periodismo in-the-pendiente
¡Hay soja!
¡No hay noticia!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!
Hormiga atómica fumiga mosquito
Sapo vivo se caga de hambre
¡Se muere!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!
¡Hay malaria!
¡Hay fiebre amarilla!
Nonsanto no garpa bloguero
Bloguero publica noticia
¡Nonsanto se cae de culo!
¡Cristina prohibe la soja!
¡Hay sapo!
¡No hay mosquito!
¡No hay dengue!
La nueva ley de servicios audiovisuales, una discusión estratégica.
Por Daniel Calabrese
Mientras el gran ojo de los “mass media” transmitía en cadena falseando multitudes en Plaza de Mayo, en un emotivo acto en el Teatro Argentino de la Plata, deliberadamente ocultada por los mismos medios, comenzaba a rodar la propuesta de ley de Servicios de Comunicaciones Audiovisuales.
Inspirada en la legislación comparada que es referente en el mundo, y sostenida en los 21 puntos que han podido consensuar una amplia gama de organizaciones como la CGT, CTA, madres, abuelas , organizaciones de derechos humanos, universidades nacionales, entidades representativas de radios comunitarias, sindicatos de trabajadores de prensa, educación, canillitas, la nueva ley se propone reemplazar a la 22285 dictada por la dictadura en 1980.
Son pocos los casos en donde un sueño que aboga por el derecho a la información y la libertad de expresión en tanto derechos humanos básicos, se enriquece en su proceso de materialización con el aporte democrático del mas amplio abanico de organizaciones y que cuenta con la posibilidad de enriquecerse aún mas en estos dos meses de debate en donde se incorporarán mas ideas y se afinarán detalles de implementación.
Algunos de los aspectos mas destacados del anteproyecto se describen a continuación. Se reserva el 33 % del espectro a entidades sin fines de lucro de la sociedad civil. Se desmonopolizan los medios restringiendo la cantidad de licencias para un solo titular. Los titulares de licencias de canales abiertos no podrán tener licencias de televisión por cable. Se estipulan cuotas de pantalla para el cine nacional, se exigirá un mínimo del 70 % de producción nacional en radio y un 60 % en televisión. Se fomentará la producción de contenidos educativos e infantiles, Se impedirá la codificación de todo espectáculo considerado de interés público que se deberá transmitir por canales abiertos. Se implementarán medidas para permitir el acceso a las minorías y a las personas con capacidades diferentes. Se establecerán tarifas sociales para el pago de los abonos de cable, se le dará al ciudadano el derecho de conservar su número telefónico aunque cambie de compañía, etc.
Bajo estas y muchas otras propuestas que van en el sentido de garantizar derechos básicos a la ciudadanía, parecería imposible que alguien, salvo que represente a los intereses mas espurios y antidemocráticos, ponga algún obstáculo para su sanción.
Aún así, a solo horas de ser presentada públicamente, algunas voces mostraron su desacuerdo bajo dos argumentos a saber: que prefieren defender los intereses de los grupos monopólicos antes que votar una ley propuesta por el gobierno y que la campaña electoral no es el momento para discutir la nueva ley. La primera afirmación no merece la pena ni refutarse, le cabe solo el viejo adagio de los abogados: “a confesión de parte relevo de pruebas”.
El segundo argumento no por menos crudo es más inocente y se merece un análisis mas profundo.
Que quieren decir cuando dicen “el momento preelectoral no es el marco adecuado para debatir la nueva ley”.
¿Qué deberían debatir los argentinos si no es propuestas, ideas y proyectos previos a una elección?
Desde 1983 dos visiones discuten entre si, una visión entiende por democracia una estructura formal, vacía de contenidos, que no debe modificar nada y por consecuencia conservar los privilegios y el statu quo instaurado a partir de la dictadura.
Otra es una concepción de la democracia que a las formas no las entiende disociada de los contenidos, que intenta plasmar modelos distintos de producción y de distribución de la riqueza y por cierto, modos mas democráticos de acceso a los medios de comunicación fomentando la polifonía de opiniones a las que tiene derecho la población. En esta matriz habrá que insertar algunos argumentos que se escucharán en los principales medios, respecto a la “oportunidad” para presentar la ley. En otras palabras nos quieren decir que la política debe ser entendida como cáscara vacía al servicio del marketing político y los asesores de imagen y no como la discusión de proyectos e ideas, con el pueblo participando y opinando.
Muchos han denominado al debate que se avecina como la madre de todas las batallas y no les falta razón, pues expone al desnudo a los verdaderos jugadores y sus proyectos de restauración o cambio. De un lado los medios que manejan el 80 % del flujo de la información circulante, entrelazados de diversas formas con intereses en múltiples esferas de la economía. Medios que no apoyan a la oposición como erróneamente se dice a veces, sino que son la oposición misma.
Nunca mas expuestos, comienzan a comprender que puede perder muchísimo poder y recurren a modos cada vez más canallescos de sostener su emporio. El país deberá saber que estos meses de discusión alrededor de la nueva ley y en el marco de una campaña electoral, implicará resistir campañas mediáticas furibundas, relatos catastróficos de la realidad, victimizaciones por supuestas agresiones “a la prensa independiente” y todo el andamiaje de recursos que tengan para defender sus intereses.
Este es el momento por lo tanto, para que las más amplias masas hagan suya una herramienta que le pondrá límites al discurso único e interesado de los monopolios mediáticos que permanentemente insultan la inteligencia y provocan miedos paralizantes.
Este es el momento, han pasado 25 años de democracia, de romper un eslabón estratégico del perverso cepo cultural que nos dejó la última dictadura
Mientras el gran ojo de los “mass media” transmitía en cadena falseando multitudes en Plaza de Mayo, en un emotivo acto en el Teatro Argentino de la Plata, deliberadamente ocultada por los mismos medios, comenzaba a rodar la propuesta de ley de Servicios de Comunicaciones Audiovisuales.
Inspirada en la legislación comparada que es referente en el mundo, y sostenida en los 21 puntos que han podido consensuar una amplia gama de organizaciones como la CGT, CTA, madres, abuelas , organizaciones de derechos humanos, universidades nacionales, entidades representativas de radios comunitarias, sindicatos de trabajadores de prensa, educación, canillitas, la nueva ley se propone reemplazar a la 22285 dictada por la dictadura en 1980.
Son pocos los casos en donde un sueño que aboga por el derecho a la información y la libertad de expresión en tanto derechos humanos básicos, se enriquece en su proceso de materialización con el aporte democrático del mas amplio abanico de organizaciones y que cuenta con la posibilidad de enriquecerse aún mas en estos dos meses de debate en donde se incorporarán mas ideas y se afinarán detalles de implementación.
Algunos de los aspectos mas destacados del anteproyecto se describen a continuación. Se reserva el 33 % del espectro a entidades sin fines de lucro de la sociedad civil. Se desmonopolizan los medios restringiendo la cantidad de licencias para un solo titular. Los titulares de licencias de canales abiertos no podrán tener licencias de televisión por cable. Se estipulan cuotas de pantalla para el cine nacional, se exigirá un mínimo del 70 % de producción nacional en radio y un 60 % en televisión. Se fomentará la producción de contenidos educativos e infantiles, Se impedirá la codificación de todo espectáculo considerado de interés público que se deberá transmitir por canales abiertos. Se implementarán medidas para permitir el acceso a las minorías y a las personas con capacidades diferentes. Se establecerán tarifas sociales para el pago de los abonos de cable, se le dará al ciudadano el derecho de conservar su número telefónico aunque cambie de compañía, etc.
Bajo estas y muchas otras propuestas que van en el sentido de garantizar derechos básicos a la ciudadanía, parecería imposible que alguien, salvo que represente a los intereses mas espurios y antidemocráticos, ponga algún obstáculo para su sanción.
Aún así, a solo horas de ser presentada públicamente, algunas voces mostraron su desacuerdo bajo dos argumentos a saber: que prefieren defender los intereses de los grupos monopólicos antes que votar una ley propuesta por el gobierno y que la campaña electoral no es el momento para discutir la nueva ley. La primera afirmación no merece la pena ni refutarse, le cabe solo el viejo adagio de los abogados: “a confesión de parte relevo de pruebas”.
El segundo argumento no por menos crudo es más inocente y se merece un análisis mas profundo.
Que quieren decir cuando dicen “el momento preelectoral no es el marco adecuado para debatir la nueva ley”.
¿Qué deberían debatir los argentinos si no es propuestas, ideas y proyectos previos a una elección?
Desde 1983 dos visiones discuten entre si, una visión entiende por democracia una estructura formal, vacía de contenidos, que no debe modificar nada y por consecuencia conservar los privilegios y el statu quo instaurado a partir de la dictadura.
Otra es una concepción de la democracia que a las formas no las entiende disociada de los contenidos, que intenta plasmar modelos distintos de producción y de distribución de la riqueza y por cierto, modos mas democráticos de acceso a los medios de comunicación fomentando la polifonía de opiniones a las que tiene derecho la población. En esta matriz habrá que insertar algunos argumentos que se escucharán en los principales medios, respecto a la “oportunidad” para presentar la ley. En otras palabras nos quieren decir que la política debe ser entendida como cáscara vacía al servicio del marketing político y los asesores de imagen y no como la discusión de proyectos e ideas, con el pueblo participando y opinando.
Muchos han denominado al debate que se avecina como la madre de todas las batallas y no les falta razón, pues expone al desnudo a los verdaderos jugadores y sus proyectos de restauración o cambio. De un lado los medios que manejan el 80 % del flujo de la información circulante, entrelazados de diversas formas con intereses en múltiples esferas de la economía. Medios que no apoyan a la oposición como erróneamente se dice a veces, sino que son la oposición misma.
Nunca mas expuestos, comienzan a comprender que puede perder muchísimo poder y recurren a modos cada vez más canallescos de sostener su emporio. El país deberá saber que estos meses de discusión alrededor de la nueva ley y en el marco de una campaña electoral, implicará resistir campañas mediáticas furibundas, relatos catastróficos de la realidad, victimizaciones por supuestas agresiones “a la prensa independiente” y todo el andamiaje de recursos que tengan para defender sus intereses.
Este es el momento por lo tanto, para que las más amplias masas hagan suya una herramienta que le pondrá límites al discurso único e interesado de los monopolios mediáticos que permanentemente insultan la inteligencia y provocan miedos paralizantes.
Este es el momento, han pasado 25 años de democracia, de romper un eslabón estratégico del perverso cepo cultural que nos dejó la última dictadura
martes, 31 de marzo de 2009
La quinta Carta
Restauración conservadora o profundización del cambio
Recorre la Argentina la fanfarria de una restauración conservadora, expresión de una derecha vieja y nueva. Con arrebatos cambiantes, a veces con estridencia, muchas veces en la penumbra, nerviosamente se preparan. Van de reunión en reunión, en una coreografía que se hace y rehace bajo la bitácora de semanales gacetilleros del gran desquite. Ventrílocuos, pronostican el próximo viraje.El fin de la pesadilla. No llegan a ser aún la Santa Alianza. Pero a falta de un Metternich, pululan políticos de diversas historias y procedencias, estilos comunicacionales aparentemente objetivos y representantes de economías facciosas que apuestan a recrear un Estado sin capacidad de pensar el conjunto de la Nación, cuando es necesario transformarlo en el sentido contrario, sacudiéndose sus modos neoliberales y su debilidad institucional. Los restauradores exudan el deseo de recuperar los fastos de la Argentina del primer centenario, aquella en la que la mitología agroganadera representaba los fundamentos de la Nación. Sus narrativas del presente se inspiran en las injusticias y desigualdades del pasado.Ellos realizan sus rápidos cálculos de reposición del viejo orden. Alegan pureza institucional, pero se han abstenido de hacer gala de ella cada vez que les tocó actuar en tareas de responsabilidad. Esgrimen que se han superado los límites tolerables en materia de seguridad, pero en vez de pensar los abismos sociales que sólo se remedian con políticas democráticas y con el desafío aún pendiente de una nueva distribución del ingreso, expanden un miedo difuso preparando futuras agencias y formas regresivas de control poblacional.Vigilar y castigar parecen ser sus recursos privilegiados, el núcleo primero y último de la brutal simplificación de la anomia que subyace a una sociedad desquiciada por la implantación, desde los años de la dictadura videlista, de un proyecto de país fundado en la exclusión, la marginalidad y la miseria creciente de aquellos mismos que acabarán convertidos en carne de prisión o de gatillo fácil.Si es el caso, no vacilan en aceptar pigmentos de “izquierda” para presentar un proyecto que pertenece a las fantasías recónditas de una nueva derecha mundial.Desenfadados, anuncian que todo lo que harán no será contradictorio con la asunción de “la política de derechos humanos”. El neo-conservadorismo argentino ha aprendido a no ser literal como sus ancestros. Puede ser también, si lo apuran, un “progresismo de derecha”, imbuido de los miles de fragmentos sueltos que vagan por los lenguajes políticos. Todo vale. Pueden tomar las premisas de una lengua que hace poco pertenecía a los movimientos sociales de transformación.O pueden sonreír por lo bajo pues alguien sustituyéndolos reclamará magnas puniciones y pronunciará el supremo veredicto: “pena de muerte”. Será la forma sublimada de indicar el rumbo de la reingeniería de una “sociedad turbada”, una Argentina que reclamaría la pastoral de la seguridad, que en vez de considerarse un grave problema que debe convocar imaginativas soluciones económicas, democráticas, laborales y pedagógicas, es visto como una peste medieval que exige periódicos exorcismos de punitivas sacerdotisas y ávidos prelados.Junto a la complicidad con quienes exigen un cadalso público como forma de una nueva razón disciplinadora, los mundos políticos de la restauración conservadora extienden bruscamente ante sí el descuartizado mapa de las ideologías argentinas. Unos buscando “patas peronistas”, otros “patas liberales” y otros “patas radicales” para lo que creen que son sus baches a ser rellenados con cuadrillas políticas nocturnas de urgencia. Confunden política con pavimentación. Se entrecruzan en el complaciente intercambio de figuritas sobre el vacío que se atribuyen a sí mismos. Comienzan por reconocerse carentes, vivir en el socavón de su propia escasez. No sorprende que la decadencia de las grandes ideas de cambio social haya traído aparejada la decadencia del lenguaje político.Las viejas corrientes políticas, que supieron ser corrientes de ideas, son ahora partes de un pensamiento rápido, aleatorio, que se arrastra por el piso como un mueble que desgastó sus soportes. La nueva derecha, forjada en los lenguajes massmediáticos, carece de escrúpulos a la hora de arrojar por la borda ideas y principios o de adherirse a los restos tumefactos de tradiciones antagónicas; lo único que le importa es conquistar, por la vía de la simplificación y el vaciamiento ideológico, a una ciudadanía apresada en las matrices heredadas de los noventa menemistas. Pretenden organizar las filas del individualismo atemorizado pero si triunfan no gobernarán como estrategas de la concordia social sino como artífices de una implacable revancha represiva.Los representantes de la restauración han memorizado así archisabidos preceptos, míseras cartillas para refundar el Orden Conservador, pero se sienten vivados por los abstractos públicos presentados como momentánea platea popular sustituta. Saben que actúan en medio de poblaciones estremecidas por los diversos planos de una crisis civilizatoria de la que dicen no tiene conclusión visible, pero la suelen ver como parte de un oscuro deseo de que esa crisis llegue pronto a la Argentina como “gran electora catastrófica”.La crisis mundial sería la prestidigitadora de una devastación. Desarticularía previsiones, refutaría políticas públicas y esparciría desempleo, inestabilidad o pánico. Y les daría votos. La conciencia invisible del conservador se mueve en todos los rubros de la lengua movilizadora, pues sabe que hay un público difuso extendido en todo el país que lo escucha y que proviene de muchos legados políticos destrozados. Se parte del anhelo de que la crisis venga ya. Que irrumpa por fin esa crisis mundial y derrote a los esfuerzos que se hacen por conjurarla, a veces buenos, otras improvisados sobre el vértigo que la crisis impone, no siempre efectivos.En el inconciente colectivo de la restauración se halla emplazado el pensamiento de que la “llegada visible de la crisis” equivaldría a una admonición mesiánica que se encargaría de derrotar a los frágiles gobiernos a martillazos del Dow Jones y drásticos patrullajes del Nasdaq. Ninguna conciencia parecen tener de que esas catástrofes en el centro del mundo se han llevado consigo los paradigmas sobre los que construyeron sus capitales político-intelectuales. Más que paradigmas, son sofismas que no cesan de repetir a despecho de las evidencias. Eluden dar cuenta de la gravedad mundial de la crisis para menoscabar las medidas que atenúan sus ondas expansivas más duras. No se atreven a reconocer que la demora y cierta “suavidad” relativa de la crisis en Argentina se vincula con las políticas gubernamentales de moderada desconexión de las lógicas financieras del capitalismo contemporáneo. Los restauradores repiten sus axiomas ya fallidos y no trepidan en solicitar el fin de la desconexión: volver al seno del FMI es ya una consigna de batalla.Los líderes del "partido del orden", mientras aguardan el auxilio de la crisis, no pueden atravesar ciertos dilemas de parroquia: ¿qué representación política dará finalmente el nuevo bloque agrario que trae la sorprendente fusión en las consignas de los agronegocios de los sectores que antaño se diferenciaban por distintos tipos de actividad agropecuaria? Una nueva soldadura material y simbólica ha ocurrido frente a las nuevas características tecnológicas y empresariales de la explotación de la tierra sobre el trasfondo de ganancias inesperadas. Se trata de un bloque “enlazado” que, bajo un débil manto de republicanismo, se propone la cruzada restauradora y para hacerlo declara vetustos a los desvencijados partidos remanentes, exige una derechización social y pone en crisis también a las tradicionales representaciones del sector..Los restauradores anuncian que están frente a una impostura histórica pero llaman impostura a novedades introducidas por un juego democrático que sin duda es desprolijo pero vital; anuncian que están frente a manifestaciones de locura y tilinguería, pero no se privan de reclutar en sus filas a toda clase de comediantes que postulan el regreso a una normalidad administrada desde antiguos retablos ajustistas. Anuncian también que están frente a un gobierno errático, peligrosamente estatista –si son liberales-, e insensible a lo social –si asumen aires ocasionales de izquierda. La impostura de la que acusan al gobierno atraviesa de lado a lado su lenguaje, en especial cuando recurren a antiguas y venerables simbologías populares en nombre de intereses antagónicos de esas tradiciones.Este tema es necesario recorrerlo claramente. El gobierno se halla en medio de una tormenta social y política –local e internacional- acerca de la cual, tanto como no se puede aceptar que la haya provocado en lo que tiene de incierta, tampoco es posible dejar de ver en sus medidas más atrevidas el origen de las hirientes esquirlas que recibe como respuesta y debe afrontar. Estas medidas ya se conocen, y van desde los primeros gestos en relación a fuertes reparaciones simbólicas que desataron nudos asfixiantes de la historia hasta el pasaje de las existencias de las AFJP al patrimonio público bajo administración estatal o el profundo y necesario proyecto de ley de medios audiovisuales, sin dejar en un segundo plano la recuperación de una perspectiva latinoamericana que abandonó el paradigma de las “relaciones carnales” para encontrarse con irredentas pertenencias histórico-culturales.Con sus diferencias y particularidades, los procesos boliviano, venezolano, brasileño, ecuatoriano, cubano, uruguayo, chileno, paraguayo, nicaragüense, salvadoreño, no nos dejan pensar que esta hora latinoamericana va a ceder su horizonte de realizaciones ante la agresión mancomunada de las nigromantes y los hechiceros del retroceso. Y sabemos que la difícil encrucijada económica y social no puede sortearse sin la composición de tramas políticas, económicas y culturales de alcance regional.El ciclo abierto en el 2003, no sin titubeos, produjo una diferencia con las formas de gobernabilidad anteriores, diferencia surgida de la lectura de los acontecimientos de 2001, cuando el protagonismo popular sancionó el fin de aquellas formas. Diferencia que se percibe en sus intentos democratizadores (que van desde la modificación virtuosa de la Corte Suprema hasta la afirmación de una política de derechos humanos que retoma los reclamos de los grupos organizados por su defensa), en el tipo de encuentro que propició con los movimientos sociales (entrecruzamiento de diálogos y no de medidas represivas), en el planteo de núcleos centrales para una sociedad justa (desde la enunciación de una pendiente redistribución del ingreso hasta la extensión de los derechos jubilatorios y la reposición de la movilidad de los haberes), desde la innovación en políticas de defensa hasta la decisión de no rendir ante el altar de la crisis los sacrificios tradicionales del trabajo y del salario.Se conocen también sus deficiencias. Existe un gran contraste entre acciones innovadoras en campos sensibles de la vida social y apoyaturas que arrastran estilos rígidos, no decididamente democráticos, de organización política. Nos referimos a una escasa renovación en los sostenes oficiales del gobierno, cuando no a un chato horizonte de conveniencias sectoriales –encarnadas por lo general en porciones extensas del Partido Justicialista- y específicamente en el profundo error que se comete con alianzas como las de Catamarca, donde se marchó junto a la figura que gobernaba la provincia cuando sacudía al país el caso María Soledad y con las huestes de un confeso ladrón.También lo que implica la cercanía con Aldo Rico en San Miguel, para mencionar sólo los casos que más hieren. No sólo por lo que componen, también por la ausencia que revelan de otra construcción política capaz de efectuar una interpelación popular, convocar a los hombres y mujeres, a los trabajadores, a los desocupados, a los que estudian y los que crean, a apoyar y expandir una diferencia que efectivamente existe en ciertos actos y se opaca en la rutina de las antiguallas partidarias. No es casual que en las entretelas de estas alianzas de ocasión con personajes sin moral y sin conciencia, que han navegado los últimos veinte años de vida política, haya tomado cuerpo la “idea” de una “salida ordenada” del kirchnerismo, manejando figuras como el cáustico sojero fórmula 1.Esa salida –engalanada con prefijo post- dejaría al pueblo como rehén. Se trata, en realidad, de la restauración conservadora con la misma soja al cuello pero con Hugo del Carril en la vitrola. El gobierno se recuesta sobre una estructura partidaria que parece garantizarle un piso electoral imprescindible, sin transitar por sendas en las que se podría vislumbrar un horizonte distinto. Comprender la carencia no significa aceptar la solución como la única posible. Es, más bien, anticipar los costos a pagar.Son temas que es necesario revisar. La dignidad de un proyecto social de cambios requiere que sus apoyos surjan convencidamente de llamados a las vertientes sociales, productivas y culturales que esperan participar en un movimiento que pueda gobernar en medio de desafíos fundamentales y vencerlos innovadoramente.Ese llamado aún no ha ocurrido aunque, como debe brotar de los pliegues críticos de la sociedad, es necesario encontrar en la sociedad civil el lenguaje y los argumentos para concretarlo. Un lenguaje sensible a una sociedad que se ha transformado y cuyas disidencias internas, sus polémicas públicas, no pueden ser explicadas sólo con la cartilla de las anteriores lecturas nacional-populares.El desafío es apropiarse de aquellas lecturas pero entramadas en una nueva y compleja realidad; de reencontrarse con los afluentes de una memoria de la justicia y la igualdad en el contexto de inéditos saltos al vacío del capitalismo actual. Es bajo esta perspectiva que reconocemos la trascendencia de lo abierto en mayo del 2003 y que no olvidamos las enormes dificultades que existían y que todavía persisten para construir un proyecto democrático y popular. Algunas izquierdas, como lo han hecho repetidamente, no atinan a dar cuenta de la singularidad de los acontecimientos.Es hora de entrelazar miradas, perspectivas, tradiciones y biografías diversas que comparten el ideal emancipatorio, intuyendo que la hora argentina reclama una fuerte toma de partido que sea capaz de enfrentar la restauración conservadora.No queda mucho tiempo para ello. Pero reconocer las dificultades no implica bajar los brazos. Las consecuencias de un triunfo de la coalición conservadora pueden ser graves, pero este documento quiere ser de esperanza y de reagrupamiento en la lucha. Veamos: en la Ciudad de Buenos Aires está en curso una experiencia. La gobierna una derecha que con remozada gestualidad despliega destructivos ataques a las instituciones públicas de la ciudad, rastrilla las calles con anteojeras represivas y no desdeña ocasión de borrar aquello que otros pensamientos políticos habían inscripto en la vida estatal. Gobierna esa derecha por su capacidad de seducir a un electorado dispuesto al festejo de fórmulas abstractas que (ilusoriamente) resolverían problemas complejos. Pero el progresismo porteño aún merece una revisión crítica y el gobierno nacional el cuestionamiento de su escasa reflexión sobre la peculiar sensibilidad cultural y política de la ciudad. Cuando algo permanece intratado, cuando no se lo considera en su especificidad, es arrojado a un trato consignista, abstracto, reactivo. Campo fértil para las derechas, con sus maniqueísmos excluyentes.Por eso, se arriesga demasiado cuando se trata con categorías deseñosas a una ciudadanía que puede ser complaciente y superficial, pero en ocasiones, además, díscola y crítica. También el riesgo es altísimo cuando se renuncia a considerar ciertos temas, como el de seguridad, por lo que arrastran de amenaza. Las grandes ciudades argentinas, escenarios y protagonistas de luchas emblemáticas de la historia nacional (desde las huelgas de la Semana Trágica o la Reforma universitaria hasta el Cordobazo; desde el 17 de octubre o la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre hasta las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001), esas mismas ciudades han sido permeables al discurso neoliberal. Pero las ciudades anteriores persisten.Tradiciones culturales y memorias comunitarias subyacen a la espera de una invocación política que las reavive y contenga. Nadie es dueño de la conciencia de los millones que viven, sueñan y despotrican en estas urbes. La crisis puede ser oportunidad de reabrir esa historia y para considerar los núcleos potentes de las luchas urbanas actuales: la confrontación contra la precarización del trabajo y el desempleo, el enfrentamiento contra las añejas pero actualizadas formas de opresión a las mujeres, para nombrar sólo algunas. No damos por perdida esa apuesta por arrebatar las ciudades de sus cautiverios mediáticos y sus temblores restauradores.Cuestiones vitales como el modelo energético, el régimen de entidades financieras, el transporte ferroviario y fluvial, la explotación minera, requieren formas de desarrollo viables que no acepten fáciles composiciones con empresas transnacionales que no tienen hipótesis de preservación ambiental ni se componen con un modelo económico nacional autónomo. Es necesario actuar con criterios eficaces en torno a crear opciones económicas democráticas, donde un pragmatismo inmediatista no sustituya un proyecto más profundo de economía distributiva, proteccionismo democrático, urbanismo integrador e inclusivo y ordenamientos normativos que impidan la rapiña de recursos. Esto requeriría de instituciones estatales con capacidad de desplegar políticas públicas, con efectiva llegada a todo el territorio nacional. Pero sabemos que, si entre los méritos del ciclo abierto en el 2003 está el de resituar la importancia del Estado, también es claro que el realmente existente no está a la altura de esa relevancia.Se han desplegado, sin embargo, considerables apoyos a los compromisos científicos sustantivos, expandiendo la investigación, los presupuestos a ella destinados e incentivando la innovación intelectual en la vida social productiva. En este mismo itinerario, queda pendiente la renovación de las fuentes de la reflexión crítica sobre estas materias, sin esquematismos ni fervores momentáneos que demoren el encuentro de los grandes núcleos de acción intelectual creativa en torno a la ciencia, el arte, el urbanismo, los medios de comunicación, el lenguaje, el diseño y las tecnologías. La creación del Ministerio de Cultura de la Nación, capaz de articularse con el de Ciencia y Tecnología, permitiría pensar la inteligencia y la creatividad sociales en conjunto, no como secciones estancas de acciones nómadas.Por todo esto, llamamos a ejercer el derecho de crítica autónoma dentro de un gran campo de apoyo a los aspectos realizativos que ha encarnado el gobierno nacional. El momento lo reclama. No somos partisanos de una axiomática y binaria contradicción fundamental, aún cuando reconozcamos que las situaciones críticas conllevan, a nuestro pesar, un borramiento de matices. Debe haber distintas variantes y situaciones para los pensamientos críticos.Pero tampoco el gobierno es ese manojo irreversible de contradicciones obtusas que a diario nos propone la vasta maquinaria mediática que lo envía al patíbulo en miles de minutos diarios de televisión, acudiendo a las doctrinas ubicuas del escándalo y el odio, en uno de los momentos más graves de irracionalismo asustadizo y de no tan encubiertos racismos que haya vivido la sociedad argentina contemporánea. Esa ofensiva de una derecha agromediática que no deja nada por tocar ni ensuciar, que corta rutas y agita conspiraciones, nos persuade de la decisiva importancia que adquiere no solamente la defensa de la legitimidad democrática sino, más hondo y grave, del decisivo entrelazamiento de un proyecto popular con el destino del gobierno. Desatar el nudo que une ambas perspectivas constituye un error cuyo costo puede ser desmesuradamente elevado; imaginar que la caída de lo inaugurado en el 2003 puede ensanchar el horizonte popular y nacional es no sólo una gigantesca quimera sino una perturbadora irresponsabilidad histórica de los que todavía no comprenden el carácter y la dimensión del peligro restaurador.La restauración tiene sus antenas y tentáculos preparados para aprovechar los deficientes reconocimientos mutuos que hemos tenido entre aquellos que en el pasado compartimos horas decisivas para constituir una fuerza popular transformadora desde distintas vertientes de la historia argentina. Llamamos entonces a que consideren favorablemente estas ideas, precisamente los compañeros de las izquierdas, de las corrientes nacional-populares, de los libertarismos, de los autonomismos y de los socialismos.Es imprescindible que sigan realizando observaciones críticas a las que siempre les otorgamos credibilidad, pero también les proponemos que las integren a un seno común aunque heterogéneo de opiniones situado ante la urgencia de oponerse a la restauración conservadora. Pero no menos imprescindible es que se constituya una gran fuerza autónoma que recorra las diversas experiencias de transformación social y las devuelva a la esfera pública de un modo movilizador, renovado y creíble. Allí radica una de las apuestas sin la que resulta casi inimaginable la profundización popular de un proyecto democrático que vino a renovar las lenguas políticas en un tiempo dominado por las clausuras y las desesperanzas.Llamamos a actuar contra la restauración conservadora de un modo creativo, inhibiendo su diseminación con argumentos sutiles y masivos, que pongan en evidencia su auténtica impostura, su anacronismo y la amenaza que suponen a cualquier forma de redención social, defendiendo los aspectos progresivos de la actual situación y haciendo explícitas las reservas, a modo de un necesario reencaminamiento de las acciones políticas populares. Llamamos a no dejarnos sorprender por el clima de desprecio que crean los operadores de una crisis anunciada, que es el ensueño de las viejas fuerzas del Orden con pañuelito de seda al cuello, gozando ahora de la masividad mediática con que instalaron el partido del miedo.Llamamos a retirarnos de la quietud y a no quedar atados al comprensible malestar por los enredos que poseen muchos de los recorridos políticos de la hora. Porque la aparente claridad de los restauradores traerá al país los capítulos ya conocidos de la pasividad cívica, el descompromiso con el trabajo colectivo, la mediocridad política y el predominio de los círculos áulicos que operan en el servicialismo a los más oscuros poderes imperiales, cuyo resultado previsible es la multiplicación de la desigualdad, su marca más auténtica.En estos meses, se desplegará una contienda electoral que tendrá mucho de plebiscito respecto de las políticas gubernamentales, que en algunos casos presentan deficiencias pero que configuran acciones reparatorias para una sociedad dañada. Las rutinas electorales –con sus desfiles de espantajos y sus diatribas mutuas- serían insufladas de otro entusiasmo si se las dota de un carácter programático. De un programa en el que la defensa de los humanos, la consideración de la seguridad sin reduccionismos represivos, políticas de retención de las rentas extraordinarias, estrategias de apoyo a la producción, proyectos educativos que promuevan sujetos autónomos e inclusión social, políticas de salud enraizadas en las vastas necesidades populares, la profundización de la integración regional, la preservación ambiental (incluidos los glaciares) no puedan ser expurgados ni menoscabados. Por otro lado, también se estará debatiendo una de las más radicales medidas de distribución cultural: una ley que impulsa la democratización del sistema de medios de comunicación. El proyecto, surgido de intercambios y consultas, estará recorriendo los vericuetos del debate en la sociedad civil antes de su trato parlamentario. No serán, no son, tiempos fáciles, portan una nitidez casi dolorosa y exigen renovadas pasiones. Muestran que no hay para el pueblo argentino “salida ordenada” contra la restauración conservadora. ¡Profundicemos los cambios! Ese es nuestro llamado.
CARTA ABIERTA marzo de 2009
Recorre la Argentina la fanfarria de una restauración conservadora, expresión de una derecha vieja y nueva. Con arrebatos cambiantes, a veces con estridencia, muchas veces en la penumbra, nerviosamente se preparan. Van de reunión en reunión, en una coreografía que se hace y rehace bajo la bitácora de semanales gacetilleros del gran desquite. Ventrílocuos, pronostican el próximo viraje.El fin de la pesadilla. No llegan a ser aún la Santa Alianza. Pero a falta de un Metternich, pululan políticos de diversas historias y procedencias, estilos comunicacionales aparentemente objetivos y representantes de economías facciosas que apuestan a recrear un Estado sin capacidad de pensar el conjunto de la Nación, cuando es necesario transformarlo en el sentido contrario, sacudiéndose sus modos neoliberales y su debilidad institucional. Los restauradores exudan el deseo de recuperar los fastos de la Argentina del primer centenario, aquella en la que la mitología agroganadera representaba los fundamentos de la Nación. Sus narrativas del presente se inspiran en las injusticias y desigualdades del pasado.Ellos realizan sus rápidos cálculos de reposición del viejo orden. Alegan pureza institucional, pero se han abstenido de hacer gala de ella cada vez que les tocó actuar en tareas de responsabilidad. Esgrimen que se han superado los límites tolerables en materia de seguridad, pero en vez de pensar los abismos sociales que sólo se remedian con políticas democráticas y con el desafío aún pendiente de una nueva distribución del ingreso, expanden un miedo difuso preparando futuras agencias y formas regresivas de control poblacional.Vigilar y castigar parecen ser sus recursos privilegiados, el núcleo primero y último de la brutal simplificación de la anomia que subyace a una sociedad desquiciada por la implantación, desde los años de la dictadura videlista, de un proyecto de país fundado en la exclusión, la marginalidad y la miseria creciente de aquellos mismos que acabarán convertidos en carne de prisión o de gatillo fácil.Si es el caso, no vacilan en aceptar pigmentos de “izquierda” para presentar un proyecto que pertenece a las fantasías recónditas de una nueva derecha mundial.Desenfadados, anuncian que todo lo que harán no será contradictorio con la asunción de “la política de derechos humanos”. El neo-conservadorismo argentino ha aprendido a no ser literal como sus ancestros. Puede ser también, si lo apuran, un “progresismo de derecha”, imbuido de los miles de fragmentos sueltos que vagan por los lenguajes políticos. Todo vale. Pueden tomar las premisas de una lengua que hace poco pertenecía a los movimientos sociales de transformación.O pueden sonreír por lo bajo pues alguien sustituyéndolos reclamará magnas puniciones y pronunciará el supremo veredicto: “pena de muerte”. Será la forma sublimada de indicar el rumbo de la reingeniería de una “sociedad turbada”, una Argentina que reclamaría la pastoral de la seguridad, que en vez de considerarse un grave problema que debe convocar imaginativas soluciones económicas, democráticas, laborales y pedagógicas, es visto como una peste medieval que exige periódicos exorcismos de punitivas sacerdotisas y ávidos prelados.Junto a la complicidad con quienes exigen un cadalso público como forma de una nueva razón disciplinadora, los mundos políticos de la restauración conservadora extienden bruscamente ante sí el descuartizado mapa de las ideologías argentinas. Unos buscando “patas peronistas”, otros “patas liberales” y otros “patas radicales” para lo que creen que son sus baches a ser rellenados con cuadrillas políticas nocturnas de urgencia. Confunden política con pavimentación. Se entrecruzan en el complaciente intercambio de figuritas sobre el vacío que se atribuyen a sí mismos. Comienzan por reconocerse carentes, vivir en el socavón de su propia escasez. No sorprende que la decadencia de las grandes ideas de cambio social haya traído aparejada la decadencia del lenguaje político.Las viejas corrientes políticas, que supieron ser corrientes de ideas, son ahora partes de un pensamiento rápido, aleatorio, que se arrastra por el piso como un mueble que desgastó sus soportes. La nueva derecha, forjada en los lenguajes massmediáticos, carece de escrúpulos a la hora de arrojar por la borda ideas y principios o de adherirse a los restos tumefactos de tradiciones antagónicas; lo único que le importa es conquistar, por la vía de la simplificación y el vaciamiento ideológico, a una ciudadanía apresada en las matrices heredadas de los noventa menemistas. Pretenden organizar las filas del individualismo atemorizado pero si triunfan no gobernarán como estrategas de la concordia social sino como artífices de una implacable revancha represiva.Los representantes de la restauración han memorizado así archisabidos preceptos, míseras cartillas para refundar el Orden Conservador, pero se sienten vivados por los abstractos públicos presentados como momentánea platea popular sustituta. Saben que actúan en medio de poblaciones estremecidas por los diversos planos de una crisis civilizatoria de la que dicen no tiene conclusión visible, pero la suelen ver como parte de un oscuro deseo de que esa crisis llegue pronto a la Argentina como “gran electora catastrófica”.La crisis mundial sería la prestidigitadora de una devastación. Desarticularía previsiones, refutaría políticas públicas y esparciría desempleo, inestabilidad o pánico. Y les daría votos. La conciencia invisible del conservador se mueve en todos los rubros de la lengua movilizadora, pues sabe que hay un público difuso extendido en todo el país que lo escucha y que proviene de muchos legados políticos destrozados. Se parte del anhelo de que la crisis venga ya. Que irrumpa por fin esa crisis mundial y derrote a los esfuerzos que se hacen por conjurarla, a veces buenos, otras improvisados sobre el vértigo que la crisis impone, no siempre efectivos.En el inconciente colectivo de la restauración se halla emplazado el pensamiento de que la “llegada visible de la crisis” equivaldría a una admonición mesiánica que se encargaría de derrotar a los frágiles gobiernos a martillazos del Dow Jones y drásticos patrullajes del Nasdaq. Ninguna conciencia parecen tener de que esas catástrofes en el centro del mundo se han llevado consigo los paradigmas sobre los que construyeron sus capitales político-intelectuales. Más que paradigmas, son sofismas que no cesan de repetir a despecho de las evidencias. Eluden dar cuenta de la gravedad mundial de la crisis para menoscabar las medidas que atenúan sus ondas expansivas más duras. No se atreven a reconocer que la demora y cierta “suavidad” relativa de la crisis en Argentina se vincula con las políticas gubernamentales de moderada desconexión de las lógicas financieras del capitalismo contemporáneo. Los restauradores repiten sus axiomas ya fallidos y no trepidan en solicitar el fin de la desconexión: volver al seno del FMI es ya una consigna de batalla.Los líderes del "partido del orden", mientras aguardan el auxilio de la crisis, no pueden atravesar ciertos dilemas de parroquia: ¿qué representación política dará finalmente el nuevo bloque agrario que trae la sorprendente fusión en las consignas de los agronegocios de los sectores que antaño se diferenciaban por distintos tipos de actividad agropecuaria? Una nueva soldadura material y simbólica ha ocurrido frente a las nuevas características tecnológicas y empresariales de la explotación de la tierra sobre el trasfondo de ganancias inesperadas. Se trata de un bloque “enlazado” que, bajo un débil manto de republicanismo, se propone la cruzada restauradora y para hacerlo declara vetustos a los desvencijados partidos remanentes, exige una derechización social y pone en crisis también a las tradicionales representaciones del sector..Los restauradores anuncian que están frente a una impostura histórica pero llaman impostura a novedades introducidas por un juego democrático que sin duda es desprolijo pero vital; anuncian que están frente a manifestaciones de locura y tilinguería, pero no se privan de reclutar en sus filas a toda clase de comediantes que postulan el regreso a una normalidad administrada desde antiguos retablos ajustistas. Anuncian también que están frente a un gobierno errático, peligrosamente estatista –si son liberales-, e insensible a lo social –si asumen aires ocasionales de izquierda. La impostura de la que acusan al gobierno atraviesa de lado a lado su lenguaje, en especial cuando recurren a antiguas y venerables simbologías populares en nombre de intereses antagónicos de esas tradiciones.Este tema es necesario recorrerlo claramente. El gobierno se halla en medio de una tormenta social y política –local e internacional- acerca de la cual, tanto como no se puede aceptar que la haya provocado en lo que tiene de incierta, tampoco es posible dejar de ver en sus medidas más atrevidas el origen de las hirientes esquirlas que recibe como respuesta y debe afrontar. Estas medidas ya se conocen, y van desde los primeros gestos en relación a fuertes reparaciones simbólicas que desataron nudos asfixiantes de la historia hasta el pasaje de las existencias de las AFJP al patrimonio público bajo administración estatal o el profundo y necesario proyecto de ley de medios audiovisuales, sin dejar en un segundo plano la recuperación de una perspectiva latinoamericana que abandonó el paradigma de las “relaciones carnales” para encontrarse con irredentas pertenencias histórico-culturales.Con sus diferencias y particularidades, los procesos boliviano, venezolano, brasileño, ecuatoriano, cubano, uruguayo, chileno, paraguayo, nicaragüense, salvadoreño, no nos dejan pensar que esta hora latinoamericana va a ceder su horizonte de realizaciones ante la agresión mancomunada de las nigromantes y los hechiceros del retroceso. Y sabemos que la difícil encrucijada económica y social no puede sortearse sin la composición de tramas políticas, económicas y culturales de alcance regional.El ciclo abierto en el 2003, no sin titubeos, produjo una diferencia con las formas de gobernabilidad anteriores, diferencia surgida de la lectura de los acontecimientos de 2001, cuando el protagonismo popular sancionó el fin de aquellas formas. Diferencia que se percibe en sus intentos democratizadores (que van desde la modificación virtuosa de la Corte Suprema hasta la afirmación de una política de derechos humanos que retoma los reclamos de los grupos organizados por su defensa), en el tipo de encuentro que propició con los movimientos sociales (entrecruzamiento de diálogos y no de medidas represivas), en el planteo de núcleos centrales para una sociedad justa (desde la enunciación de una pendiente redistribución del ingreso hasta la extensión de los derechos jubilatorios y la reposición de la movilidad de los haberes), desde la innovación en políticas de defensa hasta la decisión de no rendir ante el altar de la crisis los sacrificios tradicionales del trabajo y del salario.Se conocen también sus deficiencias. Existe un gran contraste entre acciones innovadoras en campos sensibles de la vida social y apoyaturas que arrastran estilos rígidos, no decididamente democráticos, de organización política. Nos referimos a una escasa renovación en los sostenes oficiales del gobierno, cuando no a un chato horizonte de conveniencias sectoriales –encarnadas por lo general en porciones extensas del Partido Justicialista- y específicamente en el profundo error que se comete con alianzas como las de Catamarca, donde se marchó junto a la figura que gobernaba la provincia cuando sacudía al país el caso María Soledad y con las huestes de un confeso ladrón.También lo que implica la cercanía con Aldo Rico en San Miguel, para mencionar sólo los casos que más hieren. No sólo por lo que componen, también por la ausencia que revelan de otra construcción política capaz de efectuar una interpelación popular, convocar a los hombres y mujeres, a los trabajadores, a los desocupados, a los que estudian y los que crean, a apoyar y expandir una diferencia que efectivamente existe en ciertos actos y se opaca en la rutina de las antiguallas partidarias. No es casual que en las entretelas de estas alianzas de ocasión con personajes sin moral y sin conciencia, que han navegado los últimos veinte años de vida política, haya tomado cuerpo la “idea” de una “salida ordenada” del kirchnerismo, manejando figuras como el cáustico sojero fórmula 1.Esa salida –engalanada con prefijo post- dejaría al pueblo como rehén. Se trata, en realidad, de la restauración conservadora con la misma soja al cuello pero con Hugo del Carril en la vitrola. El gobierno se recuesta sobre una estructura partidaria que parece garantizarle un piso electoral imprescindible, sin transitar por sendas en las que se podría vislumbrar un horizonte distinto. Comprender la carencia no significa aceptar la solución como la única posible. Es, más bien, anticipar los costos a pagar.Son temas que es necesario revisar. La dignidad de un proyecto social de cambios requiere que sus apoyos surjan convencidamente de llamados a las vertientes sociales, productivas y culturales que esperan participar en un movimiento que pueda gobernar en medio de desafíos fundamentales y vencerlos innovadoramente.Ese llamado aún no ha ocurrido aunque, como debe brotar de los pliegues críticos de la sociedad, es necesario encontrar en la sociedad civil el lenguaje y los argumentos para concretarlo. Un lenguaje sensible a una sociedad que se ha transformado y cuyas disidencias internas, sus polémicas públicas, no pueden ser explicadas sólo con la cartilla de las anteriores lecturas nacional-populares.El desafío es apropiarse de aquellas lecturas pero entramadas en una nueva y compleja realidad; de reencontrarse con los afluentes de una memoria de la justicia y la igualdad en el contexto de inéditos saltos al vacío del capitalismo actual. Es bajo esta perspectiva que reconocemos la trascendencia de lo abierto en mayo del 2003 y que no olvidamos las enormes dificultades que existían y que todavía persisten para construir un proyecto democrático y popular. Algunas izquierdas, como lo han hecho repetidamente, no atinan a dar cuenta de la singularidad de los acontecimientos.Es hora de entrelazar miradas, perspectivas, tradiciones y biografías diversas que comparten el ideal emancipatorio, intuyendo que la hora argentina reclama una fuerte toma de partido que sea capaz de enfrentar la restauración conservadora.No queda mucho tiempo para ello. Pero reconocer las dificultades no implica bajar los brazos. Las consecuencias de un triunfo de la coalición conservadora pueden ser graves, pero este documento quiere ser de esperanza y de reagrupamiento en la lucha. Veamos: en la Ciudad de Buenos Aires está en curso una experiencia. La gobierna una derecha que con remozada gestualidad despliega destructivos ataques a las instituciones públicas de la ciudad, rastrilla las calles con anteojeras represivas y no desdeña ocasión de borrar aquello que otros pensamientos políticos habían inscripto en la vida estatal. Gobierna esa derecha por su capacidad de seducir a un electorado dispuesto al festejo de fórmulas abstractas que (ilusoriamente) resolverían problemas complejos. Pero el progresismo porteño aún merece una revisión crítica y el gobierno nacional el cuestionamiento de su escasa reflexión sobre la peculiar sensibilidad cultural y política de la ciudad. Cuando algo permanece intratado, cuando no se lo considera en su especificidad, es arrojado a un trato consignista, abstracto, reactivo. Campo fértil para las derechas, con sus maniqueísmos excluyentes.Por eso, se arriesga demasiado cuando se trata con categorías deseñosas a una ciudadanía que puede ser complaciente y superficial, pero en ocasiones, además, díscola y crítica. También el riesgo es altísimo cuando se renuncia a considerar ciertos temas, como el de seguridad, por lo que arrastran de amenaza. Las grandes ciudades argentinas, escenarios y protagonistas de luchas emblemáticas de la historia nacional (desde las huelgas de la Semana Trágica o la Reforma universitaria hasta el Cordobazo; desde el 17 de octubre o la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre hasta las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001), esas mismas ciudades han sido permeables al discurso neoliberal. Pero las ciudades anteriores persisten.Tradiciones culturales y memorias comunitarias subyacen a la espera de una invocación política que las reavive y contenga. Nadie es dueño de la conciencia de los millones que viven, sueñan y despotrican en estas urbes. La crisis puede ser oportunidad de reabrir esa historia y para considerar los núcleos potentes de las luchas urbanas actuales: la confrontación contra la precarización del trabajo y el desempleo, el enfrentamiento contra las añejas pero actualizadas formas de opresión a las mujeres, para nombrar sólo algunas. No damos por perdida esa apuesta por arrebatar las ciudades de sus cautiverios mediáticos y sus temblores restauradores.Cuestiones vitales como el modelo energético, el régimen de entidades financieras, el transporte ferroviario y fluvial, la explotación minera, requieren formas de desarrollo viables que no acepten fáciles composiciones con empresas transnacionales que no tienen hipótesis de preservación ambiental ni se componen con un modelo económico nacional autónomo. Es necesario actuar con criterios eficaces en torno a crear opciones económicas democráticas, donde un pragmatismo inmediatista no sustituya un proyecto más profundo de economía distributiva, proteccionismo democrático, urbanismo integrador e inclusivo y ordenamientos normativos que impidan la rapiña de recursos. Esto requeriría de instituciones estatales con capacidad de desplegar políticas públicas, con efectiva llegada a todo el territorio nacional. Pero sabemos que, si entre los méritos del ciclo abierto en el 2003 está el de resituar la importancia del Estado, también es claro que el realmente existente no está a la altura de esa relevancia.Se han desplegado, sin embargo, considerables apoyos a los compromisos científicos sustantivos, expandiendo la investigación, los presupuestos a ella destinados e incentivando la innovación intelectual en la vida social productiva. En este mismo itinerario, queda pendiente la renovación de las fuentes de la reflexión crítica sobre estas materias, sin esquematismos ni fervores momentáneos que demoren el encuentro de los grandes núcleos de acción intelectual creativa en torno a la ciencia, el arte, el urbanismo, los medios de comunicación, el lenguaje, el diseño y las tecnologías. La creación del Ministerio de Cultura de la Nación, capaz de articularse con el de Ciencia y Tecnología, permitiría pensar la inteligencia y la creatividad sociales en conjunto, no como secciones estancas de acciones nómadas.Por todo esto, llamamos a ejercer el derecho de crítica autónoma dentro de un gran campo de apoyo a los aspectos realizativos que ha encarnado el gobierno nacional. El momento lo reclama. No somos partisanos de una axiomática y binaria contradicción fundamental, aún cuando reconozcamos que las situaciones críticas conllevan, a nuestro pesar, un borramiento de matices. Debe haber distintas variantes y situaciones para los pensamientos críticos.Pero tampoco el gobierno es ese manojo irreversible de contradicciones obtusas que a diario nos propone la vasta maquinaria mediática que lo envía al patíbulo en miles de minutos diarios de televisión, acudiendo a las doctrinas ubicuas del escándalo y el odio, en uno de los momentos más graves de irracionalismo asustadizo y de no tan encubiertos racismos que haya vivido la sociedad argentina contemporánea. Esa ofensiva de una derecha agromediática que no deja nada por tocar ni ensuciar, que corta rutas y agita conspiraciones, nos persuade de la decisiva importancia que adquiere no solamente la defensa de la legitimidad democrática sino, más hondo y grave, del decisivo entrelazamiento de un proyecto popular con el destino del gobierno. Desatar el nudo que une ambas perspectivas constituye un error cuyo costo puede ser desmesuradamente elevado; imaginar que la caída de lo inaugurado en el 2003 puede ensanchar el horizonte popular y nacional es no sólo una gigantesca quimera sino una perturbadora irresponsabilidad histórica de los que todavía no comprenden el carácter y la dimensión del peligro restaurador.La restauración tiene sus antenas y tentáculos preparados para aprovechar los deficientes reconocimientos mutuos que hemos tenido entre aquellos que en el pasado compartimos horas decisivas para constituir una fuerza popular transformadora desde distintas vertientes de la historia argentina. Llamamos entonces a que consideren favorablemente estas ideas, precisamente los compañeros de las izquierdas, de las corrientes nacional-populares, de los libertarismos, de los autonomismos y de los socialismos.Es imprescindible que sigan realizando observaciones críticas a las que siempre les otorgamos credibilidad, pero también les proponemos que las integren a un seno común aunque heterogéneo de opiniones situado ante la urgencia de oponerse a la restauración conservadora. Pero no menos imprescindible es que se constituya una gran fuerza autónoma que recorra las diversas experiencias de transformación social y las devuelva a la esfera pública de un modo movilizador, renovado y creíble. Allí radica una de las apuestas sin la que resulta casi inimaginable la profundización popular de un proyecto democrático que vino a renovar las lenguas políticas en un tiempo dominado por las clausuras y las desesperanzas.Llamamos a actuar contra la restauración conservadora de un modo creativo, inhibiendo su diseminación con argumentos sutiles y masivos, que pongan en evidencia su auténtica impostura, su anacronismo y la amenaza que suponen a cualquier forma de redención social, defendiendo los aspectos progresivos de la actual situación y haciendo explícitas las reservas, a modo de un necesario reencaminamiento de las acciones políticas populares. Llamamos a no dejarnos sorprender por el clima de desprecio que crean los operadores de una crisis anunciada, que es el ensueño de las viejas fuerzas del Orden con pañuelito de seda al cuello, gozando ahora de la masividad mediática con que instalaron el partido del miedo.Llamamos a retirarnos de la quietud y a no quedar atados al comprensible malestar por los enredos que poseen muchos de los recorridos políticos de la hora. Porque la aparente claridad de los restauradores traerá al país los capítulos ya conocidos de la pasividad cívica, el descompromiso con el trabajo colectivo, la mediocridad política y el predominio de los círculos áulicos que operan en el servicialismo a los más oscuros poderes imperiales, cuyo resultado previsible es la multiplicación de la desigualdad, su marca más auténtica.En estos meses, se desplegará una contienda electoral que tendrá mucho de plebiscito respecto de las políticas gubernamentales, que en algunos casos presentan deficiencias pero que configuran acciones reparatorias para una sociedad dañada. Las rutinas electorales –con sus desfiles de espantajos y sus diatribas mutuas- serían insufladas de otro entusiasmo si se las dota de un carácter programático. De un programa en el que la defensa de los humanos, la consideración de la seguridad sin reduccionismos represivos, políticas de retención de las rentas extraordinarias, estrategias de apoyo a la producción, proyectos educativos que promuevan sujetos autónomos e inclusión social, políticas de salud enraizadas en las vastas necesidades populares, la profundización de la integración regional, la preservación ambiental (incluidos los glaciares) no puedan ser expurgados ni menoscabados. Por otro lado, también se estará debatiendo una de las más radicales medidas de distribución cultural: una ley que impulsa la democratización del sistema de medios de comunicación. El proyecto, surgido de intercambios y consultas, estará recorriendo los vericuetos del debate en la sociedad civil antes de su trato parlamentario. No serán, no son, tiempos fáciles, portan una nitidez casi dolorosa y exigen renovadas pasiones. Muestran que no hay para el pueblo argentino “salida ordenada” contra la restauración conservadora. ¡Profundicemos los cambios! Ese es nuestro llamado.
CARTA ABIERTA marzo de 2009
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la quinta carta
viernes, 20 de marzo de 2009
De fiascos mediáticos y oportunidades históricas
Por Daniel Calabrese
Hace mas de 70 años el actor y director de Cine Orson Wells dramatizaba en un radio teatro una obra de su homónimo H G Wells, “La guerra de los mundos”.
Una supuesta invasión extraterrestre potenciada por un nuevo dispositivo de comunicación implicó que la audiencia no distinguiera entre el verosímil y la realidad y saliera a las calles en algunos casos aterrada y en otros casos armada para enfrentar marcianos.
Los que hemos pasado por las carreras de comunicación sabemos que dicho acontecimiento fue estudiado como uno de los casos emblemáticos para observar el alcance de los medios masivos de comunicación que irrumpían a principios del siglo 20.
Muchos años han pasado desde esos primeros estudios sobre los “mass media”. Términos como manipulación, resignificación, teorías y escuelas diversas, han intentado comprender desde diversas miradas la problemática de la comunicación y su incidencia determinante en las sociedades modernas.
El fenómeno desatado por la dramatización radial de la novela “la guerra de los mundos” me hizo pensar que quizá dentro de unos años se analice en las facultades de comunicación de nuestro país el fracaso de una movilización que estaba pensada para ser demostración masiva de repudio y hastío ciudadano.
Ayer en la marcha en contra de la “inseguridad”, unas cinco mil personas incluyendo falsos ingenieros e impresentables miembros de la farándula vernácula, fueron el paupérrimo resultado de un fenomenal esfuerzo de manipulación llevada a cabo desde los grandes medios masivos, y acompañados por el uso intensivo de nuevos soportes como el email y los sms.
No bastó la manipulación de acontecimientos, la sistemática creación de “sensaciones”, el ocultamiento de toda información seria basada en estudios comprobables, para lograr que miles de televidentes salieran aterrados a enfrentar a nuevos “marcianos en platos voladores”.
Lo que ocurrió ayer, será seguramente estudiado con mas tiempo por investigadores de la comunicación pero me animo a conjeturar que la plaza vacía de las multitudes esperadas, es un ejemplo más de que donde hay poder hay resistencia, que donde hay intento de manipulación hay posibilidad de desarticulación, de desmontaje de dicho proceso.
“Algo” pasó en la “instancia” de recepción que impidió que el formidable dispositivo comunicacional que intentó imponer una convocatoria que debería haber sido masiva, sencillamente no prosperó.
Este dato debería ser seriamente leido por todos aquellos que desde distintos lugares deseamos contribuir a una comunicación democrática al servicio del pueblo y que interpele a los individuos promoviendo su capacidad de reflexión.
Posibles lecturas en vistas de lo que se viene.
Nuestro pueblo aun sometido a la mas feroz e infame de las campañas, demostró que es capaz de resistir, demanda si, tener las herramientas básicas para que sometido a intentos de manipulación cotidianos, cuente con los elementos para discernir, confrontar y desmontar operaciones mediáticas.
El periodo de dos meses de debate que se abre para discutir el anteproyecto de ley de servicios de comunicaciones audiovisuales presentado ayer por CFK es una formidable oportunidad para llegar con talleres, encuentros , debates y mesas de esclarecimiento no tan solo informando acerca de la nueva ley , sino también y acompañando la información sobre los alcances de la misma, brindándoles a los ciudadanos contenidos que le permitan abrir interrogantes básicos sobre la supuesta inocencia de los paladines de la información "independiente."
Modos de adjetivación, modos básicos de cómo se construye la imagen , lo que se dice y lo que no, lo que se pregunta y lo que no se pregunta, por exponer solo algunos tópicos sobre lo que en el plano de los contenidos se pueden llegar a elaborar futuros materiales y acciones de trabajo. Ayudar al debate y la comprensión de la trama comunicacional, también significa entender que los fenómenos de la comunicación desbordan a los medios. Salir a la calle, salir a los espacios públicos demostrarle a ese ciudadano que no esta solo frente al discurso de los medios debe ser el modo de encarar algunas tareas futuras.
Ayer fue un día histórico por diversos motivos para todos aquellos que sostenemos desde hace tiempo que la posibilidad de construcción de sociedades mas justas, esta ligada a la democratización de sus comunicaciones.
En la histórica plaza de las madres y del pueblo, se transmitía en cadena el fracaso de una operación mediática digna de futuros análisis comunicacionales. A cincuenta kilómetros , deliberadamente omitida por los mismas empresas de medios, una presidenta de la nación daba inicio con un emotivo discurso a la oportunidad de darnos entre todos la herramienta que por fin brinde el derecho a la información.
"Si ustedes me dijeran qué espero como resultado de esta ley, diría que cada uno aprenda a pensar y decida por sí mismo y no como le marcan desde una radio o desde un canal de televisión.” Así finalizaba la presidenta de los argentinos un discurso y abría un sueño que entre todos deberíamos procurar convertir en realidad. Vaya hermosa utopía tenemos por delante.
Hace mas de 70 años el actor y director de Cine Orson Wells dramatizaba en un radio teatro una obra de su homónimo H G Wells, “La guerra de los mundos”.
Una supuesta invasión extraterrestre potenciada por un nuevo dispositivo de comunicación implicó que la audiencia no distinguiera entre el verosímil y la realidad y saliera a las calles en algunos casos aterrada y en otros casos armada para enfrentar marcianos.
Los que hemos pasado por las carreras de comunicación sabemos que dicho acontecimiento fue estudiado como uno de los casos emblemáticos para observar el alcance de los medios masivos de comunicación que irrumpían a principios del siglo 20.
Muchos años han pasado desde esos primeros estudios sobre los “mass media”. Términos como manipulación, resignificación, teorías y escuelas diversas, han intentado comprender desde diversas miradas la problemática de la comunicación y su incidencia determinante en las sociedades modernas.
El fenómeno desatado por la dramatización radial de la novela “la guerra de los mundos” me hizo pensar que quizá dentro de unos años se analice en las facultades de comunicación de nuestro país el fracaso de una movilización que estaba pensada para ser demostración masiva de repudio y hastío ciudadano.
Ayer en la marcha en contra de la “inseguridad”, unas cinco mil personas incluyendo falsos ingenieros e impresentables miembros de la farándula vernácula, fueron el paupérrimo resultado de un fenomenal esfuerzo de manipulación llevada a cabo desde los grandes medios masivos, y acompañados por el uso intensivo de nuevos soportes como el email y los sms.
No bastó la manipulación de acontecimientos, la sistemática creación de “sensaciones”, el ocultamiento de toda información seria basada en estudios comprobables, para lograr que miles de televidentes salieran aterrados a enfrentar a nuevos “marcianos en platos voladores”.
Lo que ocurrió ayer, será seguramente estudiado con mas tiempo por investigadores de la comunicación pero me animo a conjeturar que la plaza vacía de las multitudes esperadas, es un ejemplo más de que donde hay poder hay resistencia, que donde hay intento de manipulación hay posibilidad de desarticulación, de desmontaje de dicho proceso.
“Algo” pasó en la “instancia” de recepción que impidió que el formidable dispositivo comunicacional que intentó imponer una convocatoria que debería haber sido masiva, sencillamente no prosperó.
Este dato debería ser seriamente leido por todos aquellos que desde distintos lugares deseamos contribuir a una comunicación democrática al servicio del pueblo y que interpele a los individuos promoviendo su capacidad de reflexión.
Posibles lecturas en vistas de lo que se viene.
Nuestro pueblo aun sometido a la mas feroz e infame de las campañas, demostró que es capaz de resistir, demanda si, tener las herramientas básicas para que sometido a intentos de manipulación cotidianos, cuente con los elementos para discernir, confrontar y desmontar operaciones mediáticas.
El periodo de dos meses de debate que se abre para discutir el anteproyecto de ley de servicios de comunicaciones audiovisuales presentado ayer por CFK es una formidable oportunidad para llegar con talleres, encuentros , debates y mesas de esclarecimiento no tan solo informando acerca de la nueva ley , sino también y acompañando la información sobre los alcances de la misma, brindándoles a los ciudadanos contenidos que le permitan abrir interrogantes básicos sobre la supuesta inocencia de los paladines de la información "independiente."
Modos de adjetivación, modos básicos de cómo se construye la imagen , lo que se dice y lo que no, lo que se pregunta y lo que no se pregunta, por exponer solo algunos tópicos sobre lo que en el plano de los contenidos se pueden llegar a elaborar futuros materiales y acciones de trabajo. Ayudar al debate y la comprensión de la trama comunicacional, también significa entender que los fenómenos de la comunicación desbordan a los medios. Salir a la calle, salir a los espacios públicos demostrarle a ese ciudadano que no esta solo frente al discurso de los medios debe ser el modo de encarar algunas tareas futuras.
Ayer fue un día histórico por diversos motivos para todos aquellos que sostenemos desde hace tiempo que la posibilidad de construcción de sociedades mas justas, esta ligada a la democratización de sus comunicaciones.
En la histórica plaza de las madres y del pueblo, se transmitía en cadena el fracaso de una operación mediática digna de futuros análisis comunicacionales. A cincuenta kilómetros , deliberadamente omitida por los mismas empresas de medios, una presidenta de la nación daba inicio con un emotivo discurso a la oportunidad de darnos entre todos la herramienta que por fin brinde el derecho a la información.
"Si ustedes me dijeran qué espero como resultado de esta ley, diría que cada uno aprenda a pensar y decida por sí mismo y no como le marcan desde una radio o desde un canal de televisión.” Así finalizaba la presidenta de los argentinos un discurso y abría un sueño que entre todos deberíamos procurar convertir en realidad. Vaya hermosa utopía tenemos por delante.
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