domingo, 31 de mayo de 2009

Como los Medios ocultan el mundo

Por Sandra Russo

“Este nuevo libro de Pascual Serrano establece de modo definitivo, con un catálogo estremecedor de hechos, la prueba del ADN de que los medios desinforman.” La frase es de Ignacio Ramonet, quien prologa Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, que acaba de ser publicado en España. Ramonet es ese francés un poco respingado de Le Monde Diplomatique, a quien a su vez el propio Pascual Serrano admira porque le atribuye la noción de “pensamiento único”. Fue una frase que Ramonet usó en un Foro Social, y que prendió en todo el mundo para nombrar algo que todavía, antes de ser detectado y pasado a discurso, circulaba camuflado en el agua del neoliberalismo de los ’90.
Pascual Serrano, me gustaría presentarlo, es uno de los directores del periódico digital Rebelión, en el que diariamente se pueden leer algunos de los mejores artículos de política exterior y derechos humanos de todo el mundo. Y Pascual tiene una especialidad, una especificidad como intelectual de izquierda, y es detectar la trampa del poder en el lenguaje periodístico. Tiene un ojo entrenado como he visto pocos y una solidez admirable para transmitir sus hallazgos semánticos en textos breves que desvisten títulos, ediciones, formas de expresión, fotos, secuencias de información.
De eso se trata su nuevo libro, pero lo que es verdaderamente nuevo y necesario es el enfoque del trabajo de Serrano. Porque vivimos un tiempo en el que los circuitos de la información se han llenado de dinero. La información ya no es sólo poder, sino capacidad económica para escindir el poder de la política. La libertad de la economía para subordinar a la política a sus intereses específicos es la libertad central que se defiende en el coloquio al que fueron a hablar los Vargas Llosa.
Pero precisamente a propósito de sus presuntas detenciones o retenciones en el aeropuerto, que no fueron más que trámites migratorios largos, y del operativo mediático increíble que se montó en la Argentina, donde el aire preelectoral es el cultivo en el que crecen los hongos informativos, es oportuno hacer pie en el trabajo de Serrano. En el mundo del capitalismo globalizado, la información que circula por los grandes medios construye diariamente un mundo paralelo a su antojo, hundiendo a los espectadores, oyentes y lectores en los velos de ese mundo paralelo, en el que fue detenido Mario Vargas Llosa al llegar a Venezuela. Eso jamás ocurrió, pero es lo de menos. Se monta la estantería mediática de los hechos y se pone a hablar a todo el mundo como si lo que no ocurrió hubiera ocurrido, y después sólo se debe repetir las declaraciones: una ficción está siendo consumida como información.
La semana pasada, Serrano publicó un artículo en el que afirma que “sólo se puede llegar a la conclusión de que en Venezuela hay un empresario de apellido Chávez que compra bancos. Para los medios no es que el Estado venezolano haya comprado el Banco de Santander, ha sido Chávez quien ha sacado los millones de su bolsillo y se lo ha quedado. Es curiosa la sintonía de todos los medios: Agencia AFP: Grupo Santander vende a Chávez el Banco de Venezuela por 1050 millones de dólares, El Mundo: Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, EFE en Heraldo de Soria: El Santander acuerda la venta del Banco de Venezuela a Chávez, RTVE: El Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, El País: El Santander vende su filial venezolana a Chávez por 750 millones. Y, por si no fuera poco, El Mundo llega a titular Chávez se convierte en el primer banquero de Venezuela.”
Los medios sustraen al Estado venezolano del escenario significante. Atribuyéndole a Chávez un personalismo propio de la presunta dictadura que describen, son los propios medios los que se niegan a entrar en la lógica de un Estado democrático y soberano. “En El País del día siguiente, ya ni siquiera Chávez compra el banco, se lo entregan: ‘El Santander entrega el Banco de Venezuela a Chávez por 755 millones’.”
Quizá sea necesaria esta manipulación informativa del proceso venezolano, ya que lo que está haciendo el gobierno de Chávez es lo mismo que hacen otros gobiernos. Por eso debe ser narrado de otra manera. “Los estados están comprando acciones de los bancos, es decir, nacionalizando. Medio año antes, Bush anunció la compra de acciones en nueve de los mayores bancos del país por un total de 250.000 millones de dólares. Claro que, entonces, el dueño ya no era el presidente, por eso titulaban EE.UU. negocia la nacionalización de hasta el 40 por ciento de Citigroup (El País 22-2-2009) o EE.UU. baraja nacionalizar parte de la banca (Público 9-20-2008). No publicaban que Obama negocia la compra o Bush baraja comprar.
El objetivo preciso, discursivo, es evitar “la asociación entre Hugo Chávez como legítimo representante de los venezolanos y convertir las decisiones de su gobierno en iniciativas personales y, si es posible, que las audiencias crean que el banco se lo queda Chávez para él”. Un ejemplo, apenas, del mundo paralelo que crean los medios, para no responder por el mundo que ocultan.

martes, 19 de mayo de 2009

La fórmula de Clarín, la verdad al desnudo

Por Daniel Calabrese

Diego Genoud publicó hoy en el diario Crítica un artículo que deja a las claras -por si hacia falta -que se juega y quienes son los reales jugadores en la discución politica y comunicacional que tendrá su momento cúlmine el día de la elecciones.
Para aquellos que decimos que Los oligopolios mediáticos no solo apoyan sino que son la oposición misma, dicha nota lo muestra con un cruda sinceridad.
Por otra parte demuestra la necesidad urgente por dotar a nuestra sociedad de una nueva Ley de Servicios de Comunicación de la democracia, herramienta imprescindible para acompañar los cambios que proponga cualquier gobierno que pretenda gobernar para las mayorías.
Este artículo cuyo link adjunto, es también la prueba de como los politicos de derecha, serviles y rastreros se pavonean ante las grandes corporaciones para ver quien será elegido para representar sus minoritarios intereses.
Queda mas claro que nunca La verdadera discusión que se dará el 28 de junio: Proseguir con los cambios y profundizar la democracia o los impresentables de siempre, al servicio de las corporaciones. La verdad al desnudo.

Hacer Clic en el copete para leer nota completa.


abierta competencia por el padrinazgo del gran grupo periodístico en el poskirchnerismo
Clarín, el árbitro de la pelea hacia 2011
Reutemann y Schiaretti, éste último que quiere ser vice, se adjudican el aval del diario de Ernestina Herrera de Noble en la carrera presidencial. A cambio, apoyan públicamente la cruzada contra la ley de Radiodifusión. Quejas de Carrió: “Siempre te pide más”.

El Grupo Clarín y su particular método de construir "realidades"


Por Víctor Ego Ducrot

A las 9 y 36 minutos de la mañana del martes 19 de mayo de 2009, la página electrónica del diario Clarín, de Buenos Aires, difundía la siguiente información: Conmoción en la Ciudad y el GBA por tres violentos casos de inseguridad. Ocurrieron ayer, con diferencia de horas. En Mataderos, un hombre de 70 años fue asesinado al resistirse al robo de su auto. Y dos ladrones murieron en tiroteos con la Policía, que intentaba impedir dos asaltos, uno en Ingeniero Maschwitz y otro en Parque Chas.No trata este artículo sobre la evolución de la curva del delito en un conglomerado urbano como el de Buenos Aires – la ciudad y su área metropolitana o Gran Buenos Aires, unos 12 millones de habitantes según el censo de 2001- ni mucho menos negar la gravedad de los tres hechos consignados por el matutino porteño. La propuesta consiste en reflexionar sobre los mecanismos, sobre las herramientas que utilizan lo medios periodísticos pertenecientes al oligopolio de la corporación mediática, para crear sus propias “realidades”.El modelo teórico y metodológico Intencionalidad Editorial, desarrollado en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y recogido en sus primeras aproximaciones por un libro de próxima aparición (El sigilo y la nocturnidad de las prácticas periodísticas hegemónicas, compilado y prologado por quien esto escribe ) plantea (entre muchos otros conceptos) y reconoce como legítimo y perteneciente a la naturaleza misma del periodismo que sus discursos se inscriben dentro del campo de la puja por el poder, y que el fin último de los mismos es la construcción de sentidos hegemónicos.Por consiguiente, considera que no existe el discurso periodístico imparcial (en el marco del desarrollo teórico se habla de procesos, no de discursos) y que las parcialidades se construyen básicamente desde tres campos: la selección de agenda (temas a tratar), el recorte de fuentes (voces con las cuales se traza la noticia, la información) y las herramientas de gramáticas periodistas (las que ofrecen una amplia gama de posibilidades, en consideración de géneros y diversidad de soportes –gráficos tradicionales, audiovisuales y digitales-).Dentro de esos parámetros funcionan el diario Clarín y todos los medios periodísticos, de cualquier posicionamiento editorial. Y ello es así porque no hay discurso periodístico que pueda plasmarse de otra forma. Lo que nuestro modelo teórico y metodológico cuestiona no es la construcción y difusión de parcialidades sino que las mismas aparezcan encubiertas por los velos de la Objetividad como mito hegemónico (por necesidad de eficacia a la hora de construir sentidos hegemónicos, presentar esas parcialidades, que son de grupo o de clase, como valores universales, como verdades “objetivas”).En atención al cumplimiento de dos derechos y garantías que deben ser contemplados por todo orden democrático (y proclamados por los propios medios hegemónicos) –el derecho de todos y todas a informar y a estar informados, y la libertad de prensa, que rige para todos y todas, no sólo para las empresas de medios y para los periodistas- el diario Clarín (y todos los medios) están obligados a cumplir con un conjunto de preceptivas profesionales, reconocidas por el conjunto de la comunidad aplicada a estos tópicos, e incluso, una vez más, por los propios medios hegemónicos.El no cumplimiento de esas normas se transforma en un atentado sistemático contra los principios anunciados de derecho a la información y de libertad de prensa.Cuando el diario Clarín, en la nota de su portal electrónico que nos ocupa, sostiene que en la ciudad y el gran Buenos Aires impera la conmoción por tres violentos casos de inseguridad, desconoce, niega, oculta y tergiversa el significado de la palabra conmoción.El diccionario de la Real Academia Española nos informa al respecto: (Del lat. commotĭo, -ōnis). 1. f. Movimiento o perturbación violenta del ánimo o del cuerpo. 2. f. Tumulto, levantamiento, alteración de un Estado, provincia o pueblo. 3. f. Movimiento sísmico muy perceptible.Esa manipulación de los métodos aplicables a la construcción de parcialidades, y la utilización en forma indiscriminada de la objetividad como mito hegemónico concluyen en lo que quizá sea el grado más alto de desinformación: la construcción de “realidades” mediáticas ajenas al campo de la realidad.Los tres episodios en cuestión, graves y de suficiente envergadura como para convertirse en materia noticiable, según la selección de agenda a la que tiene derecho todo medio periodístico, pudieron haber registrado, al tiempo de la difusión de la noticia, cualquier tipo reacción. Pero ningún habitante de la ciudad y del Gran Buenos Aires fue partícipe o testigo de movimiento o perturbación violenta (…) alguna, ni de ningún tumulto, levantamiento, alteración de un Estado, provincia o pueblo, ni mucho menos de un movimiento sísmico muy perceptible. Si a las breves consideraciones que hace este artículo sobre el comportamiento puntual de Clarín digital en la información difundida el martes 19 de mayo a las 9 y 36 minutos de la mañana, las cruzamos con los resultados que arrojaron algunos de los detallados análisis realizados por el Observatorio de Medios de Argentina, de la FPyCS de la UNLP, respecto del mismo diario Clarín a lo largo del año pasado (ver www.pecyp.com.ar y elobservatoriodemediosdeargentina.blogspot.com), podríamos concluir que ese diario sí pretende provocar un conmoción, en sentido metafórico, según se desprende de otra acepción que le reconoce el diccionario de la Real Academia Española, cuando se refiere a la cerebral: 1. f. Estado de aturdimiento o de pérdida del conocimiento, producido por un golpe en la cabeza, por una descarga eléctrica o por los efectos de una violenta explosión…la explosión desinformativa para la cual trabajan los oligopolios mediáticos.

martes, 28 de abril de 2009

Acerca de epidemias y otras calamidades.

Por Daniel Calabrese

La aparición de la gripe porcina en México y EEUU ocurrida en las últimas horas permite comparar la cobertura que los medios internacionales le están dando a la noticia respecto a como nuestros medios nacionales se han referido a la problemática del dengue.
Son pocas las áreas en donde queda mas claro el rol social que deben jugar los medios de comunicación como en el caso de un evento que afecta la salud pública e implica la posibilidad de epidemias, pandemias y contagios masivos,. Si la responsabilidad informativa y el derecho ciudadano a recibir información fidedigna es necesario siempre, es en estas situaciones donde cobran vital importancia. Veamos entonces.
Los medios internacionales, por ejemplo la CNN, recurren como fuentes de primer orden a las autoridades sanitarias tanto mexicanas como estadounidenses para dar cuenta del estado de situación y comunican a través de distintos reportes las medidas que van tomando las autoridades.
Simultáneamente se informa sobre los cuidados básicos a tener en cuenta para evitar el contagio siempre en un tono que intenta evitar el pánico y el amarillismo.
Basta con detenerse unos minutos en la pantalla de nuestros noticieros vernáculos para confirmar que respecto al dengue están haciendo todo lo contrario.
No se recurre a los funcionarios sanitarios salvo para desacreditarlos o desmentirlos con el claro objeto de generar dudas sobre sus versiones en la población. Se apelan a fuentes difusas que cuanto peores y mas infundadas sean sus versiones, mas espacio obtendrán en las pantallas.
Un ejemplo de ello fue el luego desmentido caso de bebes que habían nacido infectados por el dengue.
Las cifras supuestas de contagios y de casos fatales se transmiten con ligereza y sin ningún tipo de chequeo previo de la información. En cuanto al tono en que se dan ciertas estadísticas, remite con su jerga liviana, a la de una contienda deportiva en la que se le va “ganando” a las versiones estadísticas oficiales y realmente comprobadas.
Todo intento de investigar profundamente las causas del avance del mosquito, sea el calentamiento global, la deforestación -en muchos casos producto del avance sobre los bosques nativos del cultivo de soja transgénica - y el efecto del glifosato sobre los predadores naturales del agente transmisor, son deliberadamente ocultados.
En un terreno donde la responsabilidad y la información certera son de altísima necesidad, los medios no ven otra cosa que un espacio para erosionar al gobierno, generar pánico en la población y jugar su rol opositor.

Momentos tan oscuros como estos, en donde se vulneran limites éticos básicos y normas elementales del ejercicio profesional de la comunicación, no se pueden entender sino como una manifestación de desesperación política ante un gobierno que junto a la sociedad civil avanza en la discusión de una nueva ley de medios antimonopólica y que pondrá en jaque muchos de los negocios de los medios comerciales.


La mentira, la omisión y el sinceramiento.
Conjuntamente con la problemática del dengue, tres actos canallescos se destacaron en los últimos días en el tratamiento mediático. Una mentira, una omisión y un sinceramiento .
La mentira.
En el marco de la visita del presidente del Brasil, Clarín informó que durante la conferencia de prensa ofrecida en conjunto por ambos mandatarios y ante la pregunta que su periodista le hiciera a Lula, “Cristina pidió que no le conteste por tratarse de un medio opositor”.
Para aquellos que hemos escuchado en vivo tal conferencia, sabemos que esto fue una mentira desvergonzada , para quienes no la hayan podido escuchar solo basta volver a el propio diario que al día siguiente aclara, muy chiquito por cierto, que se trató de un “error" al dar la noticia.
La idea de Cristina "censurando" a la prensa, ya estaba instalada.
La omisión
En el crimen de Lanús que ocupó la tapa de los medios graficos , los noticieros televisivos y todos los programas de opinología barata se calló en lo posible, o lisa y llanamente se ocultó la información de que la víctima, Facundo Capristo, tenia un arma y que disparó al adolescente que le dio muerte.
Todos sabemos la diferencia, entre un asesinato a sangre fría y un crimen producto de un intercambio de fuego. Esa información solo puede ser soslayada si lo que se persigue es generar sensación “intencionada” de inseguridad en la población.
El sinceramiento.
En su incesante y centenaria búsqueda de los “pilares” de la patria , las fuerzas armadas, la iglesia, el campo o todos juntos, el diario La Nación ha encontrado un nuevo pilar. En este caso un pilar de la producción nacional: El glifosato
El acto de sincericio del diario de los Mitre apareció en el suplemento rural y lo pueden apreciar en este link:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1121563&pid=6307205&toi=6279
El menú de canalladas semanales fue coronado con una amplia solicitada de ADEPA denunciando persecución a los medios “independientes”.
Veremos esta semana que se inicia con que otras se nos vienen: Observando su comportamiento, quizá podamos entender que la peor de todas las epidemias, la mas nociva, la estamos soportando a diario propagada a toda hora por nuestros inefables medios masivos de desinformación.
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jueves, 23 de abril de 2009

Parodiando entrevistas por Cadena Nacional

Por Daniel Calabrese

Fue ayer, pero podría haber sido antes de ayer, hoy o mañana que no hubiera diferido en mucho el panorama que describiré a continuación.
Me dispuse luego de cenar a hacer zapping entre los canales abiertos y de cable con contenidos periodísticos a ver que me encontraba.
En el canal de Francisco De Narváez, AMERICA, la inefable Mónica Gutiérrez entrevistaba, ¿entrevistaba? a Hilda “Chiche” Duhalde y anunciaba a Gabriela Michetti para el próximo bloque.
Jorge Lanata en el 26 tuteaba a Cobos en lo que parecía una tertulia de café entre dos amigotes. Detrás del "ex periodista" como lo llama Horacio Verbitsky, se anunciaba el programa de los “independientes” Leuco y Eliaschev .
Marcelo Longobardi en C5N miraba extasiado a Marcos Aguinis que le contaba a la audiencia que estamos en el medio de una dictadura. Se anunciaba un próximo bloque con “Gabriela”, que yendo de canal en canal explicaba su renunciamiento “heroico” a un puesto que jamás ejerció según su índice de ausencias en la legislatura. Los canales del grupo Clarín tocaban la misma partitura junto a los impresentables exponentes de la derecha argentina. En TN Santo Biazatti metía miedo con la “amenaza narco” en nuestro país y Daniel Muchnik en METRO entrevistaba a tres “consultores” económicos que anunciaban calamidades que nunca llegan. En MAGAZINE, De Narváez, mientras en su propio medio de comunicación Chiche le cuidaba las espaldas, le explicaba a a otro Chiche, Gelblung, que ser millonario no tiene nada de malo y que es auténtico, pues si no se hubiera mandado a sacar el tatuaje del cuello.

Indigna la uniformidad ideológica vendida como prensa independiente. Pero lo que mas asombra es que se rompan reglas básicas del periodismo en general y del género entrevista política en particular convirtiendo al momento en un simulacro en el que se diluyen los roles de entrevistador y entrevistado.
Todo se convierte en una gran parodia en la que no se sabe finalmente si el entrevistador es el agente de prensa del político de turno o el político entrevistado es una suerte de columnista del programa.
No es objetividad lo que tenemos derecho a reclamar como auditorio, la objetividad no existe desde el momento que el entrevistador es un sujeto que interpela desde sus propias competencias culturales, ideológicas, sus simpatías o antipatías políticas, etc. Lo que si tenemos derecho a exigir es rigurosidad, profundidad, investigación.
Una entrevista desde el punto de vista formal implica la repregunta como herramienta inherente. El entrevistado debe sortear preguntas comprometedoras, al entrevistado se le deben marcar sus contradicciones argumentales, se le debe exponer su trayectoria y conducta sobre ciertos temas y lo que opina de ellos. Reglas básicas del género permanentemente pisoteadas y vulneradas.

Luego del paneo por los medios comerciales, Me preguntaba..¿Nos tomarán de idiotas? ¿No pensarán algunos al menos, que están protagonizando una de las etapas mas oscuras del periodismo?
¿No se dan cuenta que la inminente sanción de una nueva ley de servicios audiovisuales de la democracia los dejará descolocados?

Es posible que en su interior se pregunten ciertas cosas, lo que creo que no deberían olvidar son las lecciones de la historia.
Alguna vez en la Argentina 60 minutos con audiencias multitudinarias eran conducidos por un tal José Gómez Fuentes. En su momento también debe haber creído que éramos todos idiotas y que el poder omnímodo con el que contaba desde su parafernalia tecnológico comunicacional no terminaría nunca.
Por los mismos tiempos, mimetizado para no ser descubierto por los agentes de la muerte, Rodolfo Walsh en la clandestinidad metía en un buzón de la ciudad una de las copias de su famosa, “Carta abierta a la junta militar”
El tiempo puso todo en su lugar. El susodicho Gómez Fuentes al olvido y al repudio, Esa carta tipeada en una máquina casera y distribuida artesanalmente se ha convertido en una de las piezas informativas y literarias mas asombrosas de la historia del periodismo.

Cambia todo cambia dice el estribillo de una hermosa canción de Julio Numhauser a la que la Negra Sosa le puso su voz y sus entrañas. Los comunicadores que hoy gozan de pantalla impune, deberían escucharla de vez en cuando.

miércoles, 22 de abril de 2009

El peor analfabeto

El peor analfabeto es el analfabeto político.
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales". Bertolt Brecht. (1898)

domingo, 19 de abril de 2009

Por que hay que votar a la oposición


Por Orlando Barone
Hay que votar a la oposición para no volver a votar a esta dictadura. Que reprime en las calles y que impide marchas pastoralespacifistas, donde se pueda decir la verdad: que Kirchner es Nerón.
Sí, hay que votar a la oposición para que los grandes medios vuelvan a tener libertad de prensa. Y no como ahora que tienen que callarse por miedo a la persecución.Porque si critican al gobierno van a la mazmorra, y si no lo alaban y dicen que es maravilloso, los echan de /Clarín/, de /La Nación/, de /Perfil/, de /Ámbito/, de /El Cronista/, de /Para Ti/, de /Gente/ y de la mayor parte de los canales y emisoras.Hay que votar a la oposición porque la Expoagro es postergada y tiene que realizarse a escondidas y con recursos modestos. Y porque las tapas de los grandes diarios y noticieros están censuradas y condenadas a poner títulos chupamedias del gobierno. Y el ciudadano debe resignarse a tener que leer, ver y escuchar únicamente noticias benévolas oficialistas.
Porque los grandes diarios no pueden publicar editoriales que denuncien escándalos y corrupción; y porque los noticieros tienen que ocultar el drama de la inseguridad y no poner en pantalla a víctimas de delitos para que nadie se entere de que las calles sonun matadero.Porque los ricos y famosos de la farándula no se atreven a decir lo que piensan acerca de torturar y fusilar o guillotinar a los delincuentes a simple vista.
Porque los taxistas van calladitos sin decir nada en contra del Gobierno y miran por el espejito desconfiando de los pasajeros porteños, que son todos oficialistas.Porque no se puede denunciar que Guillermo Moreno manipula el Indec.
Y porque el periodismo político está controlado. Y tiene que contenerse de revelar que El Calafate es como el principado de Mónaco.
Y porque ningún entrevistador puede entrevistar libremente a los líderes opositores, que por eso nunca aparecen en pantalla y son condenados al silencio. Nadie sabe quiénes son los políticosopositores porque no tienen espacio en los medios: los censuran.
Y porque también el campo es silenciado. Y aunque sus dirigentes no participan en la política y son neutrales, es sospechado. Porque los representantes rurales están sin voz, empobrecidos. Porque se les impide bloquear rutas, decomisar camiones y presionar intendentes ylegisladores.
Y mientras, el vicepresidente por temor a represalias no se atreve a confesar su adoración por la soja y debe comportarse furtivamente de todo el esfuerzo que hace para que no haya más retenciones.
Hay que votar a la oposición para que cuando el país deje de percibir estos ingresos, los ciudadanos que no tienen campo compensen la falta de dinero de la retenciones pagando más impuestos.
Hay que votar a la oposición para que el país vuelva al FMI como se debe, para que termine sus relaciones con países indígenas que inferiorizan a la Argentina, y para que los sindicatos dejen deexpoliar a las patronales.Hay que votar a la oposición para salvarnos de este desastre que no deja ni siquiera ánimo ni plata para festejar Semana Santa e irse a la costa en masa.
Los ciudadanos son sabios. Por eso, si la dictadura gana es por fraude. O por culpa de la OEA.

miércoles, 15 de abril de 2009

El rap del dengue sojero

Por Eduardo Real

Llega enfermo de dengue

Mosquito pica al enfermo
Sapo se come mosquito
¡No hay dengue!

Alfredo planta soja
Alfredo fumiga veneno
Veneno mata sapito
Sapo muerto no come mosquito
¡Hay soja!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!

Nonsanto reparte los sobres
Al periodismo in-the-pendiente
¡Hay soja!
¡No hay noticia!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!

Hormiga atómica fumiga mosquito
Sapo vivo se caga de hambre
¡Se muere!
¡No hay sapo!
¡Hay mosquito!
¡Hay dengue!
¡Hay malaria!
¡Hay fiebre amarilla!

Nonsanto no garpa bloguero
Bloguero publica noticia
¡Nonsanto se cae de culo!
¡Cristina prohibe la soja!
¡Hay sapo!
¡No hay mosquito!
¡No hay dengue!

La nueva ley de servicios audiovisuales, una discusión estratégica.

Por Daniel Calabrese

Mientras el gran ojo de los “mass media” transmitía en cadena falseando multitudes en Plaza de Mayo, en un emotivo acto en el Teatro Argentino de la Plata, deliberadamente ocultada por los mismos medios, comenzaba a rodar la propuesta de ley de Servicios de Comunicaciones Audiovisuales.
Inspirada en la legislación comparada que es referente en el mundo, y sostenida en los 21 puntos que han podido consensuar una amplia gama de organizaciones como la CGT, CTA, madres, abuelas , organizaciones de derechos humanos, universidades nacionales, entidades representativas de radios comunitarias, sindicatos de trabajadores de prensa, educación, canillitas, la nueva ley se propone reemplazar a la 22285 dictada por la dictadura en 1980.
Son pocos los casos en donde un sueño que aboga por el derecho a la información y la libertad de expresión en tanto derechos humanos básicos, se enriquece en su proceso de materialización con el aporte democrático del mas amplio abanico de organizaciones y que cuenta con la posibilidad de enriquecerse aún mas en estos dos meses de debate en donde se incorporarán mas ideas y se afinarán detalles de implementación.
Algunos de los aspectos mas destacados del anteproyecto se describen a continuación. Se reserva el 33 % del espectro a entidades sin fines de lucro de la sociedad civil. Se desmonopolizan los medios restringiendo la cantidad de licencias para un solo titular. Los titulares de licencias de canales abiertos no podrán tener licencias de televisión por cable. Se estipulan cuotas de pantalla para el cine nacional, se exigirá un mínimo del 70 % de producción nacional en radio y un 60 % en televisión. Se fomentará la producción de contenidos educativos e infantiles, Se impedirá la codificación de todo espectáculo considerado de interés público que se deberá transmitir por canales abiertos. Se implementarán medidas para permitir el acceso a las minorías y a las personas con capacidades diferentes. Se establecerán tarifas sociales para el pago de los abonos de cable, se le dará al ciudadano el derecho de conservar su número telefónico aunque cambie de compañía, etc.

Bajo estas y muchas otras propuestas que van en el sentido de garantizar derechos básicos a la ciudadanía, parecería imposible que alguien, salvo que represente a los intereses mas espurios y antidemocráticos, ponga algún obstáculo para su sanción.
Aún así, a solo horas de ser presentada públicamente, algunas voces mostraron su desacuerdo bajo dos argumentos a saber: que prefieren defender los intereses de los grupos monopólicos antes que votar una ley propuesta por el gobierno y que la campaña electoral no es el momento para discutir la nueva ley. La primera afirmación no merece la pena ni refutarse, le cabe solo el viejo adagio de los abogados: “a confesión de parte relevo de pruebas”.
El segundo argumento no por menos crudo es más inocente y se merece un análisis mas profundo.
Que quieren decir cuando dicen “el momento preelectoral no es el marco adecuado para debatir la nueva ley”.
¿Qué deberían debatir los argentinos si no es propuestas, ideas y proyectos previos a una elección?
Desde 1983 dos visiones discuten entre si, una visión entiende por democracia una estructura formal, vacía de contenidos, que no debe modificar nada y por consecuencia conservar los privilegios y el statu quo instaurado a partir de la dictadura.
Otra es una concepción de la democracia que a las formas no las entiende disociada de los contenidos, que intenta plasmar modelos distintos de producción y de distribución de la riqueza y por cierto, modos mas democráticos de acceso a los medios de comunicación fomentando la polifonía de opiniones a las que tiene derecho la población. En esta matriz habrá que insertar algunos argumentos que se escucharán en los principales medios, respecto a la “oportunidad” para presentar la ley. En otras palabras nos quieren decir que la política debe ser entendida como cáscara vacía al servicio del marketing político y los asesores de imagen y no como la discusión de proyectos e ideas, con el pueblo participando y opinando.

Muchos han denominado al debate que se avecina como la madre de todas las batallas y no les falta razón, pues expone al desnudo a los verdaderos jugadores y sus proyectos de restauración o cambio. De un lado los medios que manejan el 80 % del flujo de la información circulante, entrelazados de diversas formas con intereses en múltiples esferas de la economía. Medios que no apoyan a la oposición como erróneamente se dice a veces, sino que son la oposición misma.
Nunca mas expuestos, comienzan a comprender que puede perder muchísimo poder y recurren a modos cada vez más canallescos de sostener su emporio. El país deberá saber que estos meses de discusión alrededor de la nueva ley y en el marco de una campaña electoral, implicará resistir campañas mediáticas furibundas, relatos catastróficos de la realidad, victimizaciones por supuestas agresiones “a la prensa independiente” y todo el andamiaje de recursos que tengan para defender sus intereses.
Este es el momento por lo tanto, para que las más amplias masas hagan suya una herramienta que le pondrá límites al discurso único e interesado de los monopolios mediáticos que permanentemente insultan la inteligencia y provocan miedos paralizantes.
Este es el momento, han pasado 25 años de democracia, de romper un eslabón estratégico del perverso cepo cultural que nos dejó la última dictadura

martes, 31 de marzo de 2009

La quinta Carta

Restauración conservadora o profundización del cambio
Recorre la Argentina la fanfarria de una restauración conservadora, expresión de una derecha vieja y nueva. Con arrebatos cambiantes, a veces con estridencia, muchas veces en la penumbra, nerviosamente se preparan. Van de reunión en reunión, en una coreografía que se hace y rehace bajo la bitácora de semanales gacetilleros del gran desquite. Ventrílocuos, pronostican el próximo viraje.El fin de la pesadilla. No llegan a ser aún la Santa Alianza. Pero a falta de un Metternich, pululan políticos de diversas historias y procedencias, estilos comunicacionales aparentemente objetivos y representantes de economías facciosas que apuestan a recrear un Estado sin capacidad de pensar el conjunto de la Nación, cuando es necesario transformarlo en el sentido contrario, sacudiéndose sus modos neoliberales y su debilidad institucional. Los restauradores exudan el deseo de recuperar los fastos de la Argentina del primer centenario, aquella en la que la mitología agroganadera representaba los fundamentos de la Nación. Sus narrativas del presente se inspiran en las injusticias y desigualdades del pasado.Ellos realizan sus rápidos cálculos de reposición del viejo orden. Alegan pureza institucional, pero se han abstenido de hacer gala de ella cada vez que les tocó actuar en tareas de responsabilidad. Esgrimen que se han superado los límites tolerables en materia de seguridad, pero en vez de pensar los abismos sociales que sólo se remedian con políticas democráticas y con el desafío aún pendiente de una nueva distribución del ingreso, expanden un miedo difuso preparando futuras agencias y formas regresivas de control poblacional.Vigilar y castigar parecen ser sus recursos privilegiados, el núcleo primero y último de la brutal simplificación de la anomia que subyace a una sociedad desquiciada por la implantación, desde los años de la dictadura videlista, de un proyecto de país fundado en la exclusión, la marginalidad y la miseria creciente de aquellos mismos que acabarán convertidos en carne de prisión o de gatillo fácil.Si es el caso, no vacilan en aceptar pigmentos de “izquierda” para presentar un proyecto que pertenece a las fantasías recónditas de una nueva derecha mundial.Desenfadados, anuncian que todo lo que harán no será contradictorio con la asunción de “la política de derechos humanos”. El neo-conservadorismo argentino ha aprendido a no ser literal como sus ancestros. Puede ser también, si lo apuran, un “progresismo de derecha”, imbuido de los miles de fragmentos sueltos que vagan por los lenguajes políticos. Todo vale. Pueden tomar las premisas de una lengua que hace poco pertenecía a los movimientos sociales de transformación.O pueden sonreír por lo bajo pues alguien sustituyéndolos reclamará magnas puniciones y pronunciará el supremo veredicto: “pena de muerte”. Será la forma sublimada de indicar el rumbo de la reingeniería de una “sociedad turbada”, una Argentina que reclamaría la pastoral de la seguridad, que en vez de considerarse un grave problema que debe convocar imaginativas soluciones económicas, democráticas, laborales y pedagógicas, es visto como una peste medieval que exige periódicos exorcismos de punitivas sacerdotisas y ávidos prelados.Junto a la complicidad con quienes exigen un cadalso público como forma de una nueva razón disciplinadora, los mundos políticos de la restauración conservadora extienden bruscamente ante sí el descuartizado mapa de las ideologías argentinas. Unos buscando “patas peronistas”, otros “patas liberales” y otros “patas radicales” para lo que creen que son sus baches a ser rellenados con cuadrillas políticas nocturnas de urgencia. Confunden política con pavimentación. Se entrecruzan en el complaciente intercambio de figuritas sobre el vacío que se atribuyen a sí mismos. Comienzan por reconocerse carentes, vivir en el socavón de su propia escasez. No sorprende que la decadencia de las grandes ideas de cambio social haya traído aparejada la decadencia del lenguaje político.Las viejas corrientes políticas, que supieron ser corrientes de ideas, son ahora partes de un pensamiento rápido, aleatorio, que se arrastra por el piso como un mueble que desgastó sus soportes. La nueva derecha, forjada en los lenguajes massmediáticos, carece de escrúpulos a la hora de arrojar por la borda ideas y principios o de adherirse a los restos tumefactos de tradiciones antagónicas; lo único que le importa es conquistar, por la vía de la simplificación y el vaciamiento ideológico, a una ciudadanía apresada en las matrices heredadas de los noventa menemistas. Pretenden organizar las filas del individualismo atemorizado pero si triunfan no gobernarán como estrategas de la concordia social sino como artífices de una implacable revancha represiva.Los representantes de la restauración han memorizado así archisabidos preceptos, míseras cartillas para refundar el Orden Conservador, pero se sienten vivados por los abstractos públicos presentados como momentánea platea popular sustituta. Saben que actúan en medio de poblaciones estremecidas por los diversos planos de una crisis civilizatoria de la que dicen no tiene conclusión visible, pero la suelen ver como parte de un oscuro deseo de que esa crisis llegue pronto a la Argentina como “gran electora catastrófica”.La crisis mundial sería la prestidigitadora de una devastación. Desarticularía previsiones, refutaría políticas públicas y esparciría desempleo, inestabilidad o pánico. Y les daría votos. La conciencia invisible del conservador se mueve en todos los rubros de la lengua movilizadora, pues sabe que hay un público difuso extendido en todo el país que lo escucha y que proviene de muchos legados políticos destrozados. Se parte del anhelo de que la crisis venga ya. Que irrumpa por fin esa crisis mundial y derrote a los esfuerzos que se hacen por conjurarla, a veces buenos, otras improvisados sobre el vértigo que la crisis impone, no siempre efectivos.En el inconciente colectivo de la restauración se halla emplazado el pensamiento de que la “llegada visible de la crisis” equivaldría a una admonición mesiánica que se encargaría de derrotar a los frágiles gobiernos a martillazos del Dow Jones y drásticos patrullajes del Nasdaq. Ninguna conciencia parecen tener de que esas catástrofes en el centro del mundo se han llevado consigo los paradigmas sobre los que construyeron sus capitales político-intelectuales. Más que paradigmas, son sofismas que no cesan de repetir a despecho de las evidencias. Eluden dar cuenta de la gravedad mundial de la crisis para menoscabar las medidas que atenúan sus ondas expansivas más duras. No se atreven a reconocer que la demora y cierta “suavidad” relativa de la crisis en Argentina se vincula con las políticas gubernamentales de moderada desconexión de las lógicas financieras del capitalismo contemporáneo. Los restauradores repiten sus axiomas ya fallidos y no trepidan en solicitar el fin de la desconexión: volver al seno del FMI es ya una consigna de batalla.Los líderes del "partido del orden", mientras aguardan el auxilio de la crisis, no pueden atravesar ciertos dilemas de parroquia: ¿qué representación política dará finalmente el nuevo bloque agrario que trae la sorprendente fusión en las consignas de los agronegocios de los sectores que antaño se diferenciaban por distintos tipos de actividad agropecuaria? Una nueva soldadura material y simbólica ha ocurrido frente a las nuevas características tecnológicas y empresariales de la explotación de la tierra sobre el trasfondo de ganancias inesperadas. Se trata de un bloque “enlazado” que, bajo un débil manto de republicanismo, se propone la cruzada restauradora y para hacerlo declara vetustos a los desvencijados partidos remanentes, exige una derechización social y pone en crisis también a las tradicionales representaciones del sector..Los restauradores anuncian que están frente a una impostura histórica pero llaman impostura a novedades introducidas por un juego democrático que sin duda es desprolijo pero vital; anuncian que están frente a manifestaciones de locura y tilinguería, pero no se privan de reclutar en sus filas a toda clase de comediantes que postulan el regreso a una normalidad administrada desde antiguos retablos ajustistas. Anuncian también que están frente a un gobierno errático, peligrosamente estatista –si son liberales-, e insensible a lo social –si asumen aires ocasionales de izquierda. La impostura de la que acusan al gobierno atraviesa de lado a lado su lenguaje, en especial cuando recurren a antiguas y venerables simbologías populares en nombre de intereses antagónicos de esas tradiciones.Este tema es necesario recorrerlo claramente. El gobierno se halla en medio de una tormenta social y política –local e internacional- acerca de la cual, tanto como no se puede aceptar que la haya provocado en lo que tiene de incierta, tampoco es posible dejar de ver en sus medidas más atrevidas el origen de las hirientes esquirlas que recibe como respuesta y debe afrontar. Estas medidas ya se conocen, y van desde los primeros gestos en relación a fuertes reparaciones simbólicas que desataron nudos asfixiantes de la historia hasta el pasaje de las existencias de las AFJP al patrimonio público bajo administración estatal o el profundo y necesario proyecto de ley de medios audiovisuales, sin dejar en un segundo plano la recuperación de una perspectiva latinoamericana que abandonó el paradigma de las “relaciones carnales” para encontrarse con irredentas pertenencias histórico-culturales.Con sus diferencias y particularidades, los procesos boliviano, venezolano, brasileño, ecuatoriano, cubano, uruguayo, chileno, paraguayo, nicaragüense, salvadoreño, no nos dejan pensar que esta hora latinoamericana va a ceder su horizonte de realizaciones ante la agresión mancomunada de las nigromantes y los hechiceros del retroceso. Y sabemos que la difícil encrucijada económica y social no puede sortearse sin la composición de tramas políticas, económicas y culturales de alcance regional.El ciclo abierto en el 2003, no sin titubeos, produjo una diferencia con las formas de gobernabilidad anteriores, diferencia surgida de la lectura de los acontecimientos de 2001, cuando el protagonismo popular sancionó el fin de aquellas formas. Diferencia que se percibe en sus intentos democratizadores (que van desde la modificación virtuosa de la Corte Suprema hasta la afirmación de una política de derechos humanos que retoma los reclamos de los grupos organizados por su defensa), en el tipo de encuentro que propició con los movimientos sociales (entrecruzamiento de diálogos y no de medidas represivas), en el planteo de núcleos centrales para una sociedad justa (desde la enunciación de una pendiente redistribución del ingreso hasta la extensión de los derechos jubilatorios y la reposición de la movilidad de los haberes), desde la innovación en políticas de defensa hasta la decisión de no rendir ante el altar de la crisis los sacrificios tradicionales del trabajo y del salario.Se conocen también sus deficiencias. Existe un gran contraste entre acciones innovadoras en campos sensibles de la vida social y apoyaturas que arrastran estilos rígidos, no decididamente democráticos, de organización política. Nos referimos a una escasa renovación en los sostenes oficiales del gobierno, cuando no a un chato horizonte de conveniencias sectoriales –encarnadas por lo general en porciones extensas del Partido Justicialista- y específicamente en el profundo error que se comete con alianzas como las de Catamarca, donde se marchó junto a la figura que gobernaba la provincia cuando sacudía al país el caso María Soledad y con las huestes de un confeso ladrón.También lo que implica la cercanía con Aldo Rico en San Miguel, para mencionar sólo los casos que más hieren. No sólo por lo que componen, también por la ausencia que revelan de otra construcción política capaz de efectuar una interpelación popular, convocar a los hombres y mujeres, a los trabajadores, a los desocupados, a los que estudian y los que crean, a apoyar y expandir una diferencia que efectivamente existe en ciertos actos y se opaca en la rutina de las antiguallas partidarias. No es casual que en las entretelas de estas alianzas de ocasión con personajes sin moral y sin conciencia, que han navegado los últimos veinte años de vida política, haya tomado cuerpo la “idea” de una “salida ordenada” del kirchnerismo, manejando figuras como el cáustico sojero fórmula 1.Esa salida –engalanada con prefijo post- dejaría al pueblo como rehén. Se trata, en realidad, de la restauración conservadora con la misma soja al cuello pero con Hugo del Carril en la vitrola. El gobierno se recuesta sobre una estructura partidaria que parece garantizarle un piso electoral imprescindible, sin transitar por sendas en las que se podría vislumbrar un horizonte distinto. Comprender la carencia no significa aceptar la solución como la única posible. Es, más bien, anticipar los costos a pagar.Son temas que es necesario revisar. La dignidad de un proyecto social de cambios requiere que sus apoyos surjan convencidamente de llamados a las vertientes sociales, productivas y culturales que esperan participar en un movimiento que pueda gobernar en medio de desafíos fundamentales y vencerlos innovadoramente.Ese llamado aún no ha ocurrido aunque, como debe brotar de los pliegues críticos de la sociedad, es necesario encontrar en la sociedad civil el lenguaje y los argumentos para concretarlo. Un lenguaje sensible a una sociedad que se ha transformado y cuyas disidencias internas, sus polémicas públicas, no pueden ser explicadas sólo con la cartilla de las anteriores lecturas nacional-populares.El desafío es apropiarse de aquellas lecturas pero entramadas en una nueva y compleja realidad; de reencontrarse con los afluentes de una memoria de la justicia y la igualdad en el contexto de inéditos saltos al vacío del capitalismo actual. Es bajo esta perspectiva que reconocemos la trascendencia de lo abierto en mayo del 2003 y que no olvidamos las enormes dificultades que existían y que todavía persisten para construir un proyecto democrático y popular. Algunas izquierdas, como lo han hecho repetidamente, no atinan a dar cuenta de la singularidad de los acontecimientos.Es hora de entrelazar miradas, perspectivas, tradiciones y biografías diversas que comparten el ideal emancipatorio, intuyendo que la hora argentina reclama una fuerte toma de partido que sea capaz de enfrentar la restauración conservadora.No queda mucho tiempo para ello. Pero reconocer las dificultades no implica bajar los brazos. Las consecuencias de un triunfo de la coalición conservadora pueden ser graves, pero este documento quiere ser de esperanza y de reagrupamiento en la lucha. Veamos: en la Ciudad de Buenos Aires está en curso una experiencia. La gobierna una derecha que con remozada gestualidad despliega destructivos ataques a las instituciones públicas de la ciudad, rastrilla las calles con anteojeras represivas y no desdeña ocasión de borrar aquello que otros pensamientos políticos habían inscripto en la vida estatal. Gobierna esa derecha por su capacidad de seducir a un electorado dispuesto al festejo de fórmulas abstractas que (ilusoriamente) resolverían problemas complejos. Pero el progresismo porteño aún merece una revisión crítica y el gobierno nacional el cuestionamiento de su escasa reflexión sobre la peculiar sensibilidad cultural y política de la ciudad. Cuando algo permanece intratado, cuando no se lo considera en su especificidad, es arrojado a un trato consignista, abstracto, reactivo. Campo fértil para las derechas, con sus maniqueísmos excluyentes.Por eso, se arriesga demasiado cuando se trata con categorías deseñosas a una ciudadanía que puede ser complaciente y superficial, pero en ocasiones, además, díscola y crítica. También el riesgo es altísimo cuando se renuncia a considerar ciertos temas, como el de seguridad, por lo que arrastran de amenaza. Las grandes ciudades argentinas, escenarios y protagonistas de luchas emblemáticas de la historia nacional (desde las huelgas de la Semana Trágica o la Reforma universitaria hasta el Cordobazo; desde el 17 de octubre o la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre hasta las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001), esas mismas ciudades han sido permeables al discurso neoliberal. Pero las ciudades anteriores persisten.Tradiciones culturales y memorias comunitarias subyacen a la espera de una invocación política que las reavive y contenga. Nadie es dueño de la conciencia de los millones que viven, sueñan y despotrican en estas urbes. La crisis puede ser oportunidad de reabrir esa historia y para considerar los núcleos potentes de las luchas urbanas actuales: la confrontación contra la precarización del trabajo y el desempleo, el enfrentamiento contra las añejas pero actualizadas formas de opresión a las mujeres, para nombrar sólo algunas. No damos por perdida esa apuesta por arrebatar las ciudades de sus cautiverios mediáticos y sus temblores restauradores.Cuestiones vitales como el modelo energético, el régimen de entidades financieras, el transporte ferroviario y fluvial, la explotación minera, requieren formas de desarrollo viables que no acepten fáciles composiciones con empresas transnacionales que no tienen hipótesis de preservación ambiental ni se componen con un modelo económico nacional autónomo. Es necesario actuar con criterios eficaces en torno a crear opciones económicas democráticas, donde un pragmatismo inmediatista no sustituya un proyecto más profundo de economía distributiva, proteccionismo democrático, urbanismo integrador e inclusivo y ordenamientos normativos que impidan la rapiña de recursos. Esto requeriría de instituciones estatales con capacidad de desplegar políticas públicas, con efectiva llegada a todo el territorio nacional. Pero sabemos que, si entre los méritos del ciclo abierto en el 2003 está el de resituar la importancia del Estado, también es claro que el realmente existente no está a la altura de esa relevancia.Se han desplegado, sin embargo, considerables apoyos a los compromisos científicos sustantivos, expandiendo la investigación, los presupuestos a ella destinados e incentivando la innovación intelectual en la vida social productiva. En este mismo itinerario, queda pendiente la renovación de las fuentes de la reflexión crítica sobre estas materias, sin esquematismos ni fervores momentáneos que demoren el encuentro de los grandes núcleos de acción intelectual creativa en torno a la ciencia, el arte, el urbanismo, los medios de comunicación, el lenguaje, el diseño y las tecnologías. La creación del Ministerio de Cultura de la Nación, capaz de articularse con el de Ciencia y Tecnología, permitiría pensar la inteligencia y la creatividad sociales en conjunto, no como secciones estancas de acciones nómadas.Por todo esto, llamamos a ejercer el derecho de crítica autónoma dentro de un gran campo de apoyo a los aspectos realizativos que ha encarnado el gobierno nacional. El momento lo reclama. No somos partisanos de una axiomática y binaria contradicción fundamental, aún cuando reconozcamos que las situaciones críticas conllevan, a nuestro pesar, un borramiento de matices. Debe haber distintas variantes y situaciones para los pensamientos críticos.Pero tampoco el gobierno es ese manojo irreversible de contradicciones obtusas que a diario nos propone la vasta maquinaria mediática que lo envía al patíbulo en miles de minutos diarios de televisión, acudiendo a las doctrinas ubicuas del escándalo y el odio, en uno de los momentos más graves de irracionalismo asustadizo y de no tan encubiertos racismos que haya vivido la sociedad argentina contemporánea. Esa ofensiva de una derecha agromediática que no deja nada por tocar ni ensuciar, que corta rutas y agita conspiraciones, nos persuade de la decisiva importancia que adquiere no solamente la defensa de la legitimidad democrática sino, más hondo y grave, del decisivo entrelazamiento de un proyecto popular con el destino del gobierno. Desatar el nudo que une ambas perspectivas constituye un error cuyo costo puede ser desmesuradamente elevado; imaginar que la caída de lo inaugurado en el 2003 puede ensanchar el horizonte popular y nacional es no sólo una gigantesca quimera sino una perturbadora irresponsabilidad histórica de los que todavía no comprenden el carácter y la dimensión del peligro restaurador.La restauración tiene sus antenas y tentáculos preparados para aprovechar los deficientes reconocimientos mutuos que hemos tenido entre aquellos que en el pasado compartimos horas decisivas para constituir una fuerza popular transformadora desde distintas vertientes de la historia argentina. Llamamos entonces a que consideren favorablemente estas ideas, precisamente los compañeros de las izquierdas, de las corrientes nacional-populares, de los libertarismos, de los autonomismos y de los socialismos.Es imprescindible que sigan realizando observaciones críticas a las que siempre les otorgamos credibilidad, pero también les proponemos que las integren a un seno común aunque heterogéneo de opiniones situado ante la urgencia de oponerse a la restauración conservadora. Pero no menos imprescindible es que se constituya una gran fuerza autónoma que recorra las diversas experiencias de transformación social y las devuelva a la esfera pública de un modo movilizador, renovado y creíble. Allí radica una de las apuestas sin la que resulta casi inimaginable la profundización popular de un proyecto democrático que vino a renovar las lenguas políticas en un tiempo dominado por las clausuras y las desesperanzas.Llamamos a actuar contra la restauración conservadora de un modo creativo, inhibiendo su diseminación con argumentos sutiles y masivos, que pongan en evidencia su auténtica impostura, su anacronismo y la amenaza que suponen a cualquier forma de redención social, defendiendo los aspectos progresivos de la actual situación y haciendo explícitas las reservas, a modo de un necesario reencaminamiento de las acciones políticas populares. Llamamos a no dejarnos sorprender por el clima de desprecio que crean los operadores de una crisis anunciada, que es el ensueño de las viejas fuerzas del Orden con pañuelito de seda al cuello, gozando ahora de la masividad mediática con que instalaron el partido del miedo.Llamamos a retirarnos de la quietud y a no quedar atados al comprensible malestar por los enredos que poseen muchos de los recorridos políticos de la hora. Porque la aparente claridad de los restauradores traerá al país los capítulos ya conocidos de la pasividad cívica, el descompromiso con el trabajo colectivo, la mediocridad política y el predominio de los círculos áulicos que operan en el servicialismo a los más oscuros poderes imperiales, cuyo resultado previsible es la multiplicación de la desigualdad, su marca más auténtica.En estos meses, se desplegará una contienda electoral que tendrá mucho de plebiscito respecto de las políticas gubernamentales, que en algunos casos presentan deficiencias pero que configuran acciones reparatorias para una sociedad dañada. Las rutinas electorales –con sus desfiles de espantajos y sus diatribas mutuas- serían insufladas de otro entusiasmo si se las dota de un carácter programático. De un programa en el que la defensa de los humanos, la consideración de la seguridad sin reduccionismos represivos, políticas de retención de las rentas extraordinarias, estrategias de apoyo a la producción, proyectos educativos que promuevan sujetos autónomos e inclusión social, políticas de salud enraizadas en las vastas necesidades populares, la profundización de la integración regional, la preservación ambiental (incluidos los glaciares) no puedan ser expurgados ni menoscabados. Por otro lado, también se estará debatiendo una de las más radicales medidas de distribución cultural: una ley que impulsa la democratización del sistema de medios de comunicación. El proyecto, surgido de intercambios y consultas, estará recorriendo los vericuetos del debate en la sociedad civil antes de su trato parlamentario. No serán, no son, tiempos fáciles, portan una nitidez casi dolorosa y exigen renovadas pasiones. Muestran que no hay para el pueblo argentino “salida ordenada” contra la restauración conservadora. ¡Profundicemos los cambios! Ese es nuestro llamado.
CARTA ABIERTA marzo de 2009

viernes, 20 de marzo de 2009

De fiascos mediáticos y oportunidades históricas

Por Daniel Calabrese
Hace mas de 70 años el actor y director de Cine Orson Wells dramatizaba en un radio teatro una obra de su homónimo H G Wells, “La guerra de los mundos”.
Una supuesta invasión extraterrestre potenciada por un nuevo dispositivo de comunicación implicó que la audiencia no distinguiera entre el verosímil y la realidad y saliera a las calles en algunos casos aterrada y en otros casos armada para enfrentar marcianos.
Los que hemos pasado por las carreras de comunicación sabemos que dicho acontecimiento fue estudiado como uno de los casos emblemáticos para observar el alcance de los medios masivos de comunicación que irrumpían a principios del siglo 20.
Muchos años han pasado desde esos primeros estudios sobre los “mass media”. Términos como manipulación, resignificación, teorías y escuelas diversas, han intentado comprender desde diversas miradas la problemática de la comunicación y su incidencia determinante en las sociedades modernas.

El fenómeno desatado por la dramatización radial de la novela “la guerra de los mundos” me hizo pensar que quizá dentro de unos años se analice en las facultades de comunicación de nuestro país el fracaso de una movilización que estaba pensada para ser demostración masiva de repudio y hastío ciudadano.
Ayer en la marcha en contra de la “inseguridad”, unas cinco mil personas incluyendo falsos ingenieros e impresentables miembros de la farándula vernácula, fueron el paupérrimo resultado de un fenomenal esfuerzo de manipulación llevada a cabo desde los grandes medios masivos, y acompañados por el uso intensivo de nuevos soportes como el email y los sms.

No bastó la manipulación de acontecimientos, la sistemática creación de “sensaciones”, el ocultamiento de toda información seria basada en estudios comprobables, para lograr que miles de televidentes salieran aterrados a enfrentar a nuevos “marcianos en platos voladores”.
Lo que ocurrió ayer, será seguramente estudiado con mas tiempo por investigadores de la comunicación pero me animo a conjeturar que la plaza vacía de las multitudes esperadas, es un ejemplo más de que donde hay poder hay resistencia, que donde hay intento de manipulación hay posibilidad de desarticulación, de desmontaje de dicho proceso.
“Algo” pasó en la “instancia” de recepción que impidió que el formidable dispositivo comunicacional que intentó imponer una convocatoria que debería haber sido masiva, sencillamente no prosperó.
Este dato debería ser seriamente leido por todos aquellos que desde distintos lugares deseamos contribuir a una comunicación democrática al servicio del pueblo y que interpele a los individuos promoviendo su capacidad de reflexión.



Posibles lecturas en vistas de lo que se viene.

Nuestro pueblo aun sometido a la mas feroz e infame de las campañas, demostró que es capaz de resistir, demanda si, tener las herramientas básicas para que sometido a intentos de manipulación cotidianos, cuente con los elementos para discernir, confrontar y desmontar operaciones mediáticas.
El periodo de dos meses de debate que se abre para discutir el anteproyecto de ley de servicios de comunicaciones audiovisuales presentado ayer por CFK es una formidable oportunidad para llegar con talleres, encuentros , debates y mesas de esclarecimiento no tan solo informando acerca de la nueva ley , sino también y acompañando la información sobre los alcances de la misma, brindándoles a los ciudadanos contenidos que le permitan abrir interrogantes básicos sobre la supuesta inocencia de los paladines de la información "independiente."
Modos de adjetivación, modos básicos de cómo se construye la imagen , lo que se dice y lo que no, lo que se pregunta y lo que no se pregunta, por exponer solo algunos tópicos sobre lo que en el plano de los contenidos se pueden llegar a elaborar futuros materiales y acciones de trabajo. Ayudar al debate y la comprensión de la trama comunicacional, también significa entender que los fenómenos de la comunicación desbordan a los medios. Salir a la calle, salir a los espacios públicos demostrarle a ese ciudadano que no esta solo frente al discurso de los medios debe ser el modo de encarar algunas tareas futuras.

Ayer fue un día histórico por diversos motivos para todos aquellos que sostenemos desde hace tiempo que la posibilidad de construcción de sociedades mas justas, esta ligada a la democratización de sus comunicaciones.
En la histórica plaza de las madres y del pueblo, se transmitía en cadena el fracaso de una operación mediática digna de futuros análisis comunicacionales. A cincuenta kilómetros , deliberadamente omitida por los mismas empresas de medios, una presidenta de la nación daba inicio con un emotivo discurso a la oportunidad de darnos entre todos la herramienta que por fin brinde el derecho a la información.
"Si ustedes me dijeran qué espero como resultado de esta ley, diría que cada uno aprenda a pensar y decida por sí mismo y no como le marcan desde una radio o desde un canal de televisión.” Así finalizaba la presidenta de los argentinos un discurso y abría un sueño que entre todos deberíamos procurar convertir en realidad. Vaya hermosa utopía tenemos por delante.

martes, 3 de marzo de 2009

Entre la restauración conservadora y el deseo de una democracia corporativa

Por Ricardo Foster
1 El escenario es elocuente, los actores ocupan sus lugares y despliegan con justeza sus respectivos papeles. Al levantarse el telón lo que antes podía quedar supeditado a la imaginación del espectador se vuelve pura evidencia; no hace falta vestuario ni maquillaje porque cada quien actúa de sí mismo. No hay ocultamientos ni falsas máscaras; las voces, sus tonalidades, se corresponden con las ideas de sus expresivos portadores que sabiéndose observados se deleitan imaginando que, ahora sí, ellos son el poder y lo son de una manera como no se había vuelto a ver desde las épocas de la Argentina del Centenario, aquella Nación construida por los dueños de la tierra que se emocionaba ante la llegada de la infanta Isabel y que se aprovechaba de la abundancia exuberante de estas pampas bendecidas por Dios, mientras los otros, los pobres de ayer y de hoy, permanecían y permanecen como figuras borrosas e insustanciales de una historia siempre escrita por la pluma de los poderosos. La prodigalidad de la Pampa húmeda alcanzó a unos pocos, esos mismos que harían lo imposible para acallar los reclamos de justicia y equidad de los humillados y explotados; dueños de la tierra que se encargarían de escribir su propia versión de la historia, una versión que vuelve a emerger, aunque algo gastada y desvencijada, para convertirse en la escritura de una nueva derecha (sofisticada por los lenguajes de la corporación mediática y las formas inéditas de construcción de la opinión pública) dispuesta a recuperar los oropeles perdidos.
El Congreso de la Nación, obra diseñada en aquellos tiempos conservadores y oligarcas, se convirtió, por esas cosas de la política y del espectáculo que ofrecen los medios de comunicación, en el escenario majestuoso para que los herederos de la Sociedad Rural, algo plebeyizados por la participación de los restos travestidos de la Federación Agraria, se unieran en un coro estupendo en su afinación destituyente con una oposición que ya no sabe qué más hacer para llamar la atención y para expresar su entrega absoluta al proyecto de un país agromediático, formulado desde la convicción de que los destinos de la patria deben volver a ser conducidos por sus verdaderos señores, aquellos que nos ofrecen sus riquezas, las de la pródiga tierra, como si fueran generosos portadores de un bien dispuesto a ser repartido entre todos los habitantes de estas geografías sureñas.
Una alianza franca, sin mediaciones ni ocultamientos; nada queda velado cuando hablan y manifiestan sus deseos, urgentes, de ser ellos los encargados de gobernar. Están, eso sí, algo apurados, su ansiedad denuncia la desprolijidad con la que suelen pensar la democracia, los derechos legítimos, el voto popular y todo aquello que es válido siempre y cuando sirva a sus intereses. Como los patrones de estancia toman posesión de sus propiedades y exigen que se los escuche. Mientras tanto, unos advenedizos hacen de las suyas tomando decisiones que alteran los nervios de quienes siempre se acostumbraron a ser los dueños de la última palabra. Extraña escena en la que se mezclan propietarios y gerentes, miembros conspicuos de intereses corporativos y dirigentes partidarios que se ofrecen como los mejores administradores de tanta riqueza.
Una democracia corporativa que nos muestra la imagen cierta de una restauración conservadora encabezada por la gauchocracia y sus aliados. Una democracia sustentada en la propiedad de la tierra, en su renta extraordinaria y en la convicción de una sociedad que debe girar, en su conjunto, alrededor de las riquezas agroganaderas, aquellas que, desde que la patria es patria, han sido, así lo hemos escuchado infinidad de veces desde nuestra más tierna infancia, la base de nuestro éxito y de nuestro desarrollo. Un país construido desde el verde océano de soja capaz de garantizar que regresemos al lugar al que la generación del ‘80 nos condujo cuando éramos un país agroexportador, el granero del mundo, y no teníamos que preocuparnos por los derechos sociales, por los sindicatos, por la desigualdad ni por la pobreza porque esos eran ideologismos importados que nada tenían que ver con nuestro ser nacional. Una democracia de propietarios que se ven a ellos mismos como los verdaderos ciudadanos mientras que definen a los otros, a los que debieran permanecer invisibles, como carne de cañón del clientelismo populista, ese que intentó y sigue intentando con diferentes medios entorpecer nuestra marcha hacia la grandeza. Un populismo que se desespera por confiscar la riqueza genuinamente generada por aquellos que representan, entre nosotros, la esencia del trabajo y de la honestidad, aquella que desde los lejanos tiempos de Hesíodo nos cuenta, en tono elegíaco, que la bondad y la transparencia habitan en el campo, son la marca de los antiguos pastores, mientras que en las ciudades, vil descendencia cainita, lo que crece es la inmoralidad y la corrupción, en especial aquella que viene de la mano de la bestia negra de la época y que busca apropiarse del esfuerzo de nuestros “pastores y agricultores”, de esos que se ven a sí mismos como los fundadores de la patria, pilar insustituible de la Nación. ¿Será a ellos a los que se refería el poeta de la Hélade? ¿Tan confundidos estamos que ya no somos capaces de diferenciar a un honesto campesino de un gran propietario, a un pequeño y trabajador chacarero de un estanciero o, más grave todavía, a un jornalero de su patrón?
2 Asistimos no al drama de la historia sino, y no por desmerecer al género que también tiene prosapia griega, a la comedia, a la puesta en escena de un guión que ya conocemos y que viene a reintroducir los argumentos avejentados, insólitos por inactuales, de aquellos dueños de la tierra que un día fueron los dueños de hacienda y de hombres, de ríos y de valles, de pobres y de bosques, de soldados que los defendían y de curas que los bendecían e, incluso, como ahora, de partidos políticos que se desviven por expresar sus intereses. Los asalta la nostalgia de aquellos días gloriosos y sueñan con recobrar, en el presente, el lugar que les corresponde como artífices de la patria, como incansables chacareros que, de sol a sol, de surco a surco, van regando con su sudor y su trabajo las diversas geografías argentinas. Tal vez, la única novedad respecto de sus ancestros es que aquellos no se sonrojaban al afirmar su condición de terratenientes, mientras que éstos buscan escudarse en los restos deshilachados de una Federación Agraria que pasó del Grito de Alcorta al grito del Monumento a los Españoles; de defender los intereses de los genuinos trabajadores de la tierra, de los pequeños productores siempre explotados por sus actuales socios, a ser la fuerza de choque y la cara bonita de los verdaderos dueños del negocio sojero.
El telón que se levanta para ofrecernos el espectáculo de una alianza restauradora, de un relato que ya conocimos en el pasado y que hoy vuelve por sus fueros pero envuelto en nuevas vestimentas, engalanado con trajes a la moda, de aquellos que se corresponden con los gustos contemporáneos. Viejas y ajadas retóricas maquilladas y rejuvenecidas por la gramática de un nuevo y virginal republicanismo. Aunque parezcan diferentes, aunque respondan a las actuales estéticas políticamente correctas, aunque logren apropiarse del sentido común a través de la corporación mediática que defiende sus intereses van, hoy, como ayer, por lo mismo: por la apropiación de la riqueza, contra los derechos de los desiguales de la historia y por la conservación de sus privilegios, esos que, nos cuentan, nacieron incluso antes de que alumbrara la patria.
Ellos, que son anteriores a la democracia, se ofrecen, como en otros momentos de nuestra historia, como los garantes de una República seria, capaz de defender los intereses de aquellos que son la esencia de la nacionalidad y los exponentes de un orden económico social que nos devuelva al mito de los orígenes, ese que nos mostró como una potencia ascendente, afincada en el ideal agroexportador, mientras la desigualdad, la injusticia y el privilegio encarnaban en nuestro cuerpo social y político. Ahora, cuando la economía del capitalismo global cruje y se rompe en mil pedazos, cuando el modelo neoliberal se desbarranca y desvela su esencia, nuestros cultores de un republicanismo liberal, asociados a los dueños de la tierra y de los medios concentrados de comunicación, dirigen toda su batería contra un Estado que intenta, con dificultades, recuperar aquello que les fue arrebatado por esas mismas políticas que hoy se vuelven a ofrecer como salvadoras de la patria, cuando no expresan otra cosa que la sempiterna defensa de su propios intereses. Una democracia corporativa que expulsa a millones de argentinos que poco o nada tienen que hacer en el reino de la soja y de sus derivados; una Argentina agroexportadora que se saca de encima a un tercio de su población pero todo en nombre del saneamiento de las instituciones, de una avejentada retórica republicana que no hace otra cosa que expresar la restauración conservadora travestida, ahora y como lo pudimos ver sin sorpresa durante estos días en el Congreso Nacional, en democracia corporativa. Debemos agradecerles, eso sí, que ya no ocultan absolutamente nada de nada... son lo que son y así les gusta mostrarse ante los flashes y las cámaras, coqueteando con volver a ser los patrones de una estancia que, eso creyeron ayer y lo siguen creyendo hoy, siempre les perteneció.
* Doctor en Filosofía, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), ensayista.

sábado, 21 de febrero de 2009

La Derecha "Progre"

Por Daniel Calabrese
En momentos donde comienzan a tomar cuerpo alianzas políticas y sociedades electorales, es oportuno repasar algunas derivaciones que dejó el denominado por los medios “conflicto campo – gobierno”.
Inconclusa hasta el momento, la disputa por la renta agraria trajo como consecuencia, lo que algunos intelectuales han denominado el “trasfondo cultural” de la disputa política/ económica.
Es en esa dimensión donde reaparecieron, los términos derecha e izquierda, después de años en donde proponerlas como categorías vigentes para pensar las ideas y las organizaciones políticas era sinónimo de esquematismo y simplificación.
Desvanecidas en la siempre especial Argentina, estas herramientas terminológicas nunca se dejaron de utilizar en el resto del mundo ni cuando las teorías de Francis Fukuyama estaban en la cresta de la ola.
Es en el marco de la “125”, donde el impulso de los acontecimientos las vuelve a instalar. No fue difícil entonces, “reubicar” a las fuerzas tradicionales de derecha, que por años se autodenominaron el “centro” en el eufemístico lenguaje que se acuña por estos lares.
Basta recordar que Alvaro Alsogaray designó con el nombre de UCEDE (Unión del Centro Democrático) a su última organización partidaria y Mariano Grondona se autodefine como un periodista de “centro”. Las fuerzas conservadoras de Argentina intuyeron siempre el sentido políticamente incorrecto que denotaba la palabra “derecha” y optaron por desconocerse en dichos términos.
Esta reflexión previa está hecha a los efectos de distinguir a los viejos dinosaurios, mediáticos, partidarios o ambas cosas, de la nueva derecha, la derecha “progre”, aquella que por venir en envase renovado, puede ocasionar incluso, mas daño y confusión que los viejos tricerátopos.

La Derecha “Progre”
Personajes simpáticos que en muchos casos los emociona el mismo cine que a nosotros, suelen apoyar las causas justas de algunas minorías y se conmueven muy especialmente por aquellas que ocurren a mas de cuatro o cinco mil kilómetros de distancia u ocurrieron hace mas de cuarenta o cincuenta años.
En algunos casos son frontalmente anticlericales, y se sienten cómodos escuchando a Serrat y categorizando a Julio Iglesias como un producto comercial para cavernícolas.
Abundan en posiciones estratégicas en los medios de comunicación cuyos dueños intuyen que pueden propagar con mas efectividad sus intereses corporativos, con modos mas edulcorados y discursos menos apelmazados.
Pero,habría que advertir, que detrás del nuevo pack, se esconde la misma matriz ideológica y los intereses políticos y económicos de siempre.
Son lisa, clara y llanamente de derecha y voy a tratar de explicarme.

La derecha Progre, subespecie mediaticus habitats
Observemos su comportamiento en un lugar superpoblado por estos personajes: los medios masivos de comunicación.
Autodefinidos como independientes cuando opinan o comportándose como inocuos transmisores de la “realidad” , esta pléyade de columnistas , presentadores de noticias, editorialistas, tienen el estratégico rol de divulgar la agenda mediática y lograr en el mismo acto que las audiencias crean que lo que ellos llaman realidad es la única manera posible de ver las cosas.
Aca van algunos rasgos de su habitual comportamiento.
Sensibles a las formalidades institucionales, les simpatiza el tema siempre y cuando no se vaya a fondo con las formas democráticas. Si la democracia es directa, plebiscitaria, y se toman las decisiones estratégicas mediante consultas populares, no dudarán en llamar demagógico populista al gobierno de turno.
Quejosos, potenciaran desde sus tribunas todos los malestares cotidianos. Si llueve porque llueve, si sale el sol porque sale el sol. Jamás harán lo que nuestros hijos que cuando llueve, juegan con los vidrios empañados y cuando sale el sol sencillamente se pegan un manguerazo.
Se horrorizan porque en “este” país se mueren por causas evitables ocho niños por día. Les indigna, reclaman al Estado y por supuesto omiten cualquier referencia a que en el 2003 se morían mas de doscientos niños por las mismas causas. No sea cosa que algún receptor se permita deducir que el dramático fotograma esta inserto en una película.
Para estos paladines de la siempre irritable clase media vernácula, los actos de corrupción de funcionarios políticos, por mas aislados que sean, son el símbolo de la corruptela general de un gobierno. Si un cisne es negro, todos los cisnes son negros, generalizan en su discurso para doña Rosa.
Nunca se van a preguntar por la pata privada del acto de corrupción pues eso conlleva el riesgo de tocar los intereses de algún potencial benefactor publicitario.
A propósito, ¿notaron que unos de los actos de corrupción mas importantes por la cantidad de dinero que mueve y por el daño efectivo que le hace a la población, se realiza ante nuestros orificios nasales?
Un APM (agente de propaganda médica) se presenta a un médico con las ofertas del laboratorio al que representa. En la acción de Marketing directo que les describo, se habla de las especificidades de la medicación y de los beneficios para los pacientes. Los médicos, no todos lo hacen por supuesto, si estimulan el uso de la novedad, serán merecedores de premios varios, viajes, “invitaciones” a congresos internacionales, etc.
Algunas de los resultantes de esta “inocente” maniobra, es que tenemos una de las poblaciones mas sobre medicadas del planeta.
Para estos héroes mediáticos de la “gente”, ahí no hay posibilidad de sembrar el discurso de la “antipolítica”, y para colmo se corre el riesgo de estar tocando los intereses de algún posible sponsor. Los Pells detrás de su costado risueño y sus excelentes actuaciones, tienen una interesante mirada sobre la verdad desnuda de estas fábricas de realidades.

Gobierno y Poder

Sigamos. Propagan directamente o insinúan subrepticiamente que la mas miserable actividad del mundo es la política.
Estos personajes conocen muy bien la distinción existente entre dos palabras que se parecen pero no son lo mismo: Gobierno y poder. Gobernar significa tener solo parte del poder, una parte mínima y por demás legítima cuando emana de la decisión soberana del pueblo. Ahora bien, la gran torta del poder, los verdaderos poderosos, son algo mucho mas amplio y en países como los nuestros normalmente operan presionando al “podercito” del gobierno para arrancarle condiciones, beneficios y otras prebendas en desmedro de las mayorías.
El auditorio para el que hablan puede que sepa o no la diferencia entre gobierno y poder, pero que no quepa duda, ellos la saben bien.

Se manejan en un permanente equilibrio en donde su intuición juega un importante rol para saber lo que puede molestar a sus patrones y lo que quieren escuchar sus audiencias, a las que nunca se animarán a contradecir.
Si la “opinión pública” quiere creer que la “inseguridad “ es el mal que esta carcomiendo a nuestra sociedad, jamás se les ocurrirá discutir que se entiende por inseguridad, que papel juega la policía heredada de la dictadura y sus zonas liberadas, o quizá exponer algunas de las tantas estadísticas que demuestran que tenemos índices de muertes violentas mas parecidos al primer que al tercer mundo.
¿Argumentos, razones, condiciones, que expliquen dicho fenómeno? “¿para que?”. Romper el código y preguntarse si inseguridad no es también la persona que no sabe que le va a dar de comer a sus hijos “¿ Pero vos querés que me echen”?
Si la “gente” quiere creer, no serán ellos quienes le ayuden a entender.
La derecha siempre va a los efectos no a las causas. Es parte de su ADN. A la realidad no hay que explicársela para poder cambiarla, sino “anular posibles efectos disfuncionales”.
Por supuesto si alguien osara decirles que son de derecha se pondrán en ebullición. Ni Neustadt se reconocía como tal, imagínense la urticaria que les puede ocasionar a estos muchachos. A pesar de sus enojos y detrás del barniz superficial, ellos están embutidos en una matriz ideológica y la llevan a donde apoyen sus honorables culos.
Para el que quiera ver desde donde nos interpelan, no hay hecho que los deje tan expuestos que esas esporádicas coyunturas en las que se discute la renta nacional y el rol del Estado. Ahí, aun cuando se emocionen igual a usted o a mi cuando Serrat le canta a la República Española, muestran sus verdaderos ropajes.
Pueden parecerse a nosotros mismos pero son parte del sector que se viene defecando en el futuro de nuestros hijos desde hace décadas. Desde mi modo de ver mas peligrosos aún que la pletórica de monigotes y personajes grotescos que forman la derecha partidaria. Macri, Menem, Carrió, pasan, ellos perduran.
Son la derecha “progre”. Sub especie metiaticus habitats.
De estos personajes están atestadas nuestras pantallas, nuestras audiciones radiales y las columnas gráficas de opinión.
Saber desactivar sus “relatos” es un buena manera de auto inmunizarse ante el bombardeo de falacias, omisiones y verdades a medias que palabras mas, palabras menos, recibiremos de acá a Octubre.

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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Documento de la Comisión de Medios Audiovisuales en Carta Abierta

Espacio Carta Abierta


COMISION DE MEDIOS AUDIOVISUALES
EN CARTA ABIERTA

Documento – diciembre de 2008 (Este documento ha sido elaborado por la Comisión de Medios Audiovisuales para exponer al debate de la próxima asamblea del espacio Carta Abierta)


Parte 1

Problemas de comunicación

A la hora de pensar en los problemas de comunicación del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, suele aludirse a cierto aspecto técnico o instrumental, de equivocación en las formas o en la elección de los canales y voceros. Y aunque todo ello pueda ser cierto, no atañe en absoluto a lo esencial. El gobierno tiene serios problemas de comunicación, pero ellos apenas se relacionan con cuestiones de instrumentación o de eficacia, subsidiarias de otros asuntos verdaderamente relevantes.
No obstante, debemos detenernos en distinguir la estrategia comunicacional del gobierno con la política comunicacional que impulsa.

Los medios

Por estos días el gobierno ha comunicado una noticia de irrefutable relevancia. Por sus consecuencias fácticas y su importancia estratégica, la eliminación de las AFJP y la reconstrucción de un sistema previsional único y estatal deberían asegurarle el recupero de la iniciativa política y de la confianza popular. Sin embargo, y aún con un consenso sustancial en favor de tales medidas, la noticia parece haber sido tomada con cierta reserva por la opinión pública (acaso por efecto de la grosera manipulación llevada a cabo una vez más por parte de la opinión publicada). De aquí emerge una primera e insoslayable dificultad comunicacional del gobierno, que sólo puede negarse por complicidad, ingenuidad o dogmatismo:
los medios masivos de comunicación ocupan de manera orgánica el lugar
de la oposición política, compensando con creces la ineficacia de aquélla.

Los medios de información de mayor alcance e influencia, capaces de producir agenda y de construir opinión, se encuentran en manos de agentes que han decidido jugar decididamente en contra de las políticas gubernamentales, apelando para ello a múltiples estrategias de ocultamiento, manipulación y tratamiento asimétrico de la información. Frente al monopolio privado de la palabra pública, la necesidad de que el estado modifique la legislación vigente sobre radiodifusión parece
impostergable si se tiene conciencia de que, más que sobre un gobierno en particular, la amenaza se cierne sobre la propia democracia, impensable por debajo de un umbral mínimo de pluralismo - y buena fe - en la opinión.




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Los medios públicos, de influencia más limitada, no llegan a compensar tal desequilibrio comunicacional por diversas razones, entre las que se cuentan los altibajos en sus niveles de profesionalismo y la dificultad que supone el intento de transmitir mensajes alternativos a través de estéticas dominantes respecto de cuya utilización, para peor, suele carecerse de la necesaria pericia. Por otro lado, las cooptaciones y alianzas tejidas por el gobierno con algunos medios resultan cuanto menos temerarias (el caso de
Infobae o C5N es paradigmático), mientras que los medios alternativos están afuera del paradigma comunicacional oficial y, aunque vastos sectores intentan promoverlos, adolecen del alcance y la influencia necesarios para contrarrestar el aceitado despliegue del conglomerado mediático.

Y los discursos

Sin embargo, la cuestión relativa al desnivel desfavorable en la opinión que resulta de la actual configuración de los medios de masas en Argentina, y que podría comenzar a corregirse paulatinamente con la impostergable sanción de una nueva normativa que garantizara una efectiva pluralidad de voces, no es ni la única ni la más profunda de las dificultades comunicacionales del gobierno. En efecto, más allá de los medios están -amplificados o negados por ellos - los discursos. Suele afirmarse desde ciertas posiciones que intentan ubicarse a la izquierda del gobierno, que en variados aspectos no se ha avanzado más allá de la gestualidad o del discurso. Independientemente de la mayor o menor entidad de tales críticas, no hay razón para restar valor a las palabras y los gestos en una época en la que el discurso político se encuentra bastardeado.
El intento de restituir a la política su centralidad en la organización social y económica es también una disputa semiótica. Precisamente en este aspecto, las resistencias en el universo de la recepción son inocultables, constituyendo una barrera difícil de franquear. El discurso antipolítico, que los medios construyen/retoman/reenvían a y desde la sociedad parece constituir un anticuerpo resistente y efectivo a la hora de contrarrestar las intervenciones que, desde el discurso y la acción, intentan restituir un ideario de integración social sobre cuya derrota se ha afianzado el neoliberalismo más salvaje.

Desafortunadamente, la comunicación gubernamental parece adolecer de toda estrategia y, lo que parece peor, de todo diagnóstico acertado frente a ese estado de cosas. A la narrativa mediática, estructurada sobre la base
del conflicto entre la "gente" y los "políticos", el gobierno opone un discurso argumentativo de corte ilustrado, también destinado a la "gente". Así, frente al núcleo duro y extenso de la antipolítica, las interpelaciones del discurso oficial despiertan adhesiones tibias y contradictorias entre los propios, y exacerbados odios militantes en los ajenos. Resultaría indispensable, entonces, pensar en otra discursividad. La "gente",





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colectivo imaginado sobre el espectro de los sectores medios urbanos, sólo en segundo grado puede ser el sujeto de la interpelación de un gobierno popular. Es necesario, antes que nada, volver a referirse al Pueblo, apelar a su movilización simbólica. Tal vez recién entonces una política popular pueda comenzar a ser oída; y a hacerse escuchar.

El sujeto destinatario es un constructo. Como tal, la democratización de la opinión pública no es otra cosa que la democratización del uso de los medios públicos.


Parte 2


Lugares comunes, sentido común.

El gran Otro mediático, privado y monopólico realiza permanentemente la construcción política de la realidad global y nacional. Articula y ordena discursos que dan forma a un sustrato de sentido común que hunde sus raíces en los fantasmas más reaccionarios de las clases medias para devolverlo naturalizado.
Lugares comunes que la repetición de los medios y la presunta autoridad de opinólogos creados a su medida transforman en sentido común universal.
La apelación a la "verdad de los hechos" y al "lenguaje de la gente" enmascara que la "cruda realidad" tiene estructura ficcional. Se presenta a modo de natural lo que es una puesta en escena preparada y ambientada. La realidad mediatizada es un relato; "En vivo y en directo" nos remite a la artefactualidad de Derrida ya que ninguna percepción está despojada de interpretación o intervención técnica y la "actualidad" que fija agendas suele ser "actuada" o interpretada a través de numerosos dispositivos artificiales, jerarquizados y selectivos. Ni la realidad ni las palabras son transparentes. Acierta Barthes: el sentido común es la domesticación de la realidad.
Es aquí donde los medios inciden sobre la palabra -que es la expresión del pensamiento- declarando la muerte de categorías por anacrónicas y travistiendo otras para robarles su significación histórica. El robo y supresión de la categoría "pueblo" por la de "gente" es probablemente la más grosera, pero también han desaparecido otras que describen el
contexto sociopolítico persistente y gravoso. Desapareció la palabra
imperialismo sin que desapareciera el imperialismo, los trabajadores no son una clase para los medios y crecen las replicas a la categoría compañeros desde el progresismo. La universalidad de que todos somos sujetos de derecho, sobre la que Evita propuso su paradigma de que donde hay una necesidad existe un derecho, trocó en la de que todos somos consumidores “iguales ante el producto”. Ciudadano se opone con ”habitante” y los niños son "menores"…





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Los soportes

El abismo tecnológico, hace imposible describir el fenómeno de los medios como "la relación homóloga interpares" que propone Antonio Pasquali.
Es mas bien una suerte de compulsa desigual que Umberto Eco analoga con la lucha de clases en la que todos somos proletarios comunicacionales. Y cada vez más dependientes, si reconocemos la inexorable, indetenible e inminente convergencia de los soportes tecnológicos. Televisión, computadora personal y teléfono comparten dispositivos. Las derivas futuras no son tan impensables como novedades científicas sino como
nuevos usos y apropiaciones del medio. Por lo tanto, la ley deberá garantizar la distribución equitativa y la implementación de las nuevas tecnologías.
Existe cierta idealización con respecto a la capacidad democratizadora de algunos contenidos o de algunas tecnologías. No hay contenidos o tecnologías neutras. Tampoco existe un glosario de contenidos o un dispositivo tecnológico que determinen por sí mismos la distribución plural de las condiciones de producción y reconocimiento del discurso mediático. Más aún: una política democrática no se agota en un repertorio de procedimientos republicanos formales. Como interpretante y resultante de los contenidos y la tecnología, la acción política se articula en los medios masivos y en todos los sectores de la sociedad.
La problemática de los medios resulta, entonces, una tríada que vincula tres vértices: el conceptual, el tecnológico y el ideológico. Una relación triádica, debido a que cualquier acción o modificación en algunas de estas zonas produce una acción o modificación en las otras dos, por lo que es imposible su resolución con procedimientos formales y, menos aún, tomando estas cuestiones por separado. Asistimos a cambios cualitativos de tal magnitud que reportan un nuevo paradigma. En el área tecnológica, la digitalización representa una nueva configuración del dispositivo mediático. En el campo ideológico, una ley de la democracia puntúa una agenda que nada tiene que ver con la ley nacida durante la última dictadura militar (Ley 22.285/80).


La madre de todas las batallas - La ley

La concepción del estado moderno lo exige árbitro entre las fuerzas sociales y es el soporte legal su marco de acción. Es la ley, cuanto la más elocuente, la que impide el abuso del poderoso sobre el débil y es, por tanto, siempre el poderoso el beneficiado por la ausencia de ley y la abdicación del estado. En un contexto dominado por el poder de la información una ley de servicios audiovisuales de la democracia será una ley en defensa propia: Una nueva Ley de Radiodifusión que admita a otros oferentes simbólicos y esté regida por otra racionalidad que no sea la del lucro; que procure una
adecuada reserva del espectro para lo social, lo comunitario y lo público





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además de lo privado; y, sobre todo, que este imbuída del concepto de la información como derecho, rechazando la categoría que toma al público como cliente.

No es gratuito que la ley vigente, la 22.285 sea una ley al amparo de la doctrina de la seguridad nacional. Que la dictadura más horrorosa, sangrienta y perversa de nuestra historia haya promulgado su propia ley parece una cuestión de sentido común. En el contexto de la represión ilegal del terrorismo de estado, signado por el secuestro, la tortura, el asesinato, la desaparición forzada de personas, el robo vil, la corrupción y el robo de niños; bajo la doctrina de la seguridad nacional y firmada en el mes de septiembre de 1980 por Videla, Martínez de Hoz y Harguindeguy tiene una impronta autoritaria y centralista insalvable. De hecho toda actualización,
en democracia, del marco regulatorio con base en esa ley no hizo mas que favorecer la concentración de los medios y su influencia sobre el relato histórico y social. El aumento de la cantidad de licencias para cada empresa es el ejemplo emblemático, pero, además, los huecos legales propiciaron todo tipo de abuso.
La matriz ideológica de la ley se revela, sin embargo, en el art. 45 que en su redacción original determinaba el otorgamiento de licencias a personas físicas o personas jurídicas de carácter comercial, salvado recién en 2003 por la Corte Suprema de Justicia que lo declaró inconstitucional en un dictamen relativo de una causa iniciada por una mutual cordobesa, y modificado en 2005 por la Ley 26.053 que habilita a organizaciones sin fines de lucro, exceptuando a las cooperativas de servicios públicos. Fue el mismo año en el que el decreto 527 suspendió por diez años el conteo del transcurso de las licencias de servicios de radiodifusión.

Primero la ley

El momento es ya. La mejor oportunidad es aquella en la cual la acción se lleva a cabo: siempre es el momento porque nunca es el momento.
La nueva ley de radiodifusión de la democracia incide directamente en los intereses materiales concretos de los monopolios mediáticos, en una legión de operadores culturales complacientes con esa situación y en un burocratismo parasitario gestor del inmovilismo y la prebenda.
No hay fundamentos que justifiquen la continuidad de una ley anacrónica que no contempla la evolución tecnológica. A las puertas de la definición de la norma digital una nueva ley marco es el previo indispensable. Primero la ley. Y en ella la creación de un organismo de control fuerte y federal con participación de los sectores involucrados.
Desde la recuperación de la democracia, no faltaron proyectos para una nueva ley de radiodifusión: fueron 37 Proyectos, entre ellos 2 oficiales, que sucumbieron a las presiones ejercidas por los grupos económicos que condicionaron insalvablemente o se asociaron impúdicamente con el poder político.





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Raúl Alfonsín no supo, no pudo y no quiso promover una ley democrática. Carlos Menem aprovechó la ley vigente para agudizar la concentración de la propiedad de los medios en el negocio de unos pocos. En el gobierno de la Alianza no sólo se negó el tema sino que incluso se encorcetó y condicionó a los medios estatales, cuando a tres días de asumir vetó la ley que creaba RTA, sancionada por unanimidad en ambas cámaras un mes antes:
un multimedio no gubernamental con control social y parlamentario. Para Fernando De la Rúa la cuestión de los medios quedaba resuelta en una agencia de publicidad.

Ante la fuerte impronta de la iniciativa política del gobierno, el híbrido opositor políticos-medios sólo atina a ironizar cuando tiene algunas responsabilidades gubernamentales o agraviar cuando las tuvo y no las tiene.

En el contexto de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner y de sus declaraciones en ese sentido, se vuelve fosforescente su deuda manifiesta en la demora de una ley de radiodifusión que vaya en consonancia con su acción política en el marco del proyecto nacional.

Aunque aún no esté en la agenda del colectivo social la discusión sobre la nueva ley salió de los estrechos círculos académicos y de especialistas en comunicación, llegando a espacios gremiales, sociales y comunitarios. Pero estas discusiones no fueron reflejadas por los grandes medios; los medios no discuten sobre la propiedad de los medios.

Una ley democrática de radiodifusión es sólo el primer paso formal hacia una política comunicacional de inclusión social, y además, que la sanción de una nueva ley debería insertarse en el marco más amplio de una política comunicacional; que contemplara el conjunto de acciones del Estado en relación al sector, el control, regulación y gestión de medios públicos, así como el manejo de la información pública.



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