martes, 30 de junio de 2009

El verdadero ganador del 28, Clarín Festeja.

La corporación mediática, El Jugador "invisible" de estas elecciones.
Se dispararon ayer las acciones del Grupo Clarín en la bolsa.


BUENOS AIRES, jun 29 (Reuters) - Las acciones del gigantesco conglomerado argentino de medios Grupo Clarín, que mantiene una tensa relación con el Gobierno, se dispararon el lunes tras el resultado adverso para el oficialismo en las elecciones legislativas de medio término.

A las 1711 GMT, los papeles del Grupo Clarín CLA.BA (GCSAq.L: Cotización) en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subían un 30,63 por ciento, a 7,25 pesos.

El Gobierno argentino aseguró en repetidas oportunidades que el Grupo Clarín opera en su contra al publicar notas nocivas para la estabilidad del país.

El partido de Gobierno, liderado por el ex presidente Néstor Kirchner, fue derrotado el domingo en las elecciones de medio término, consideradas por analistas como un plebiscito sobre la gestión de la presidenta, Cristina Fernández.

El Grupo Clarín, uno de los conglomerados de medios más grandes de América Latina, es controlado por accionistas privados, que poseen el 70,99 por ciento de los títulos, mientras que un 19,9 por ciento flota en el mercado local y en el de Londres, y un 9,11 por ciento está en manos del banco de inversión Goldman Sachs.

El monto operado con los títulos de Clarín sumaba escasos 3,1 millones de pesos (unos 800.000 dólares).

(Reporte de Walter Bianchi; Editado por Lucas Bergman y César Illiano)

lunes, 29 de junio de 2009

Reflexiones en una madrugada fría y lluviosa.

Por Daniel Calabrese

Lo tendríamos que haber advertido el día del voto "no positivo" y la alegría mayoritaria de los "moderados" que volvían a erigir a un hombre gris y timorato como su nuevo paladín. No lo quisimos ver.
Lo cierto que a casi un año de esa derrota, nuevamente una gran parte del pueblo argentino castiga con su voto a un gobierno que con errores y aciertos fue el único en los 25 años de democracia, que no abdicó y le discutió poder real a las grandes corporaciones. Las mismas que siguen teniendo para la Argentina el modelo que pensaron hace mas de cien años.
No bastaron las fundamentaciones y realizaciones concretas con las que se interpeló al pueblo argentino. Es falso que no hubo propuestas en las elecciones por lo menos de parte del oficialismo. Cada alocución de la presidenta -como mínimo una por día, durante el último año - era una batería argumental lógicamente sostenida, pedagógicamente explicada y abrumadoramente confrontada con los hechos concretos.
Era la oposición política la que frente a los hechos y argumentos, debería haber propuesto como superarlas, como confrontarlas a sus propias ideas. No fue así. Un cúmulo de palabras vacías, agravios y slogans publicitarios bastaron para encumbrar a cierta argentina que ya gobernó.
Ahí, a la vuelta de la esquina de la historia, hace sólo siete años, dejó la prueba de cómo y para que quiere el poder político de la República. El que quiera ver ni siquiera tiene que recordar. La Capital Federal y su gobierno presente tendrían que haber servido como ayuda memoria.

¿Qué pasó entonces?
No faltarán los análisis de acá en mas que hablen de errores de comunicación, de errores de “construcción” política y otras aristas todas pasibles de ser analizadas.
Es claro también que un formidable dispositivo comunicacional desatado desde hace mas de un año ayudó a construir relatos y desgastar desde las operaciones de prensa mas canallas. Sería tortuoso a las horas de la noche que esto escribo, enumerar las distintas acciones y operaciones que los grandes medios diseñaron para erosionar al gobierno. Algún día estos grandes actores de la política Argentina deberán rendir cuentas por tantas mentiras, miedos y confusiones diseminadas sobre una población inerme.
Pero ni aun por su papel se explica lo que sucedió hace un año, ni lo que ocurrido ayer.
Habrá que preguntarse entonces si enormes proporciones de la población argentina, sencillamente no están preparadas para sostener un intento serio por cambios que al menos restituyan condiciones de vida que en algún momento se han tenido. Habrá que pensar si la critica a los supuestos modos “confrontativos” , a los problemas de “estilo” que se le adjudican al gobierno, no esconden simplemente la actitud de un pueblo que no quiere discutirle a aquellos sectores concentrados y monopólicos parte de la renta otrora propia.
Ese sector mayoritario de este pueblo no quiere saber de que se “trata”. Está mas cerca de la idea de consumir candidaturas que de elegir propuestas y proyectos. Solo así se explica que no hayan comprendido lo que los medios masivos luego llamaron “Testimoniales”. Solo así se explica que un día voten masivamente al Pro y a unos meses sin sonrojarse los mismos voten a “Pino”.
Muchos dirán es la cultura menemista “instalada” en nuestro pueblo, yo me preguntaría en tal caso, si dicho soft no ha encontrado en ciertos rasgos de la “argentinidad” el hardward adecuado.

miércoles, 24 de junio de 2009

Despolitizar la política o politizar la sociedad

Por Daniel Rosso *

Francisco de Narváez habla sereno, intimista, a cámara. El pronunciado primer plano no permite ver a sus interlocutores. Estos aparecen luego, en otros planos. Vemos a un señor tomando mate que lo escucha por la radio. Al lado, un niño con boina. Luego, una serie de hombres y mujeres que miran, concentrados y reflexivos, hacia un fuera de cámara donde –no es difícil deducir– hay pantallas televisivas. Los protagonistas del spot “El plan es cambiar” de De Narváez son consumidores de medios. Y, como tales, aparecen escuchando la radio o atentos ante las pantallas televisivas. En otro spot, jóvenes seleccionados en prolijos casting caminan por calles vacías increpando a miles de ciudadanos escondidos detrás de persianas cerradas. Irritados, nerviosos, los instan a participar, para que no “nos roben el voto”. Por supuesto, esa gente, detrás de las persianas cerradas, está asustada. Es sabido: el espacio público ha sido tomado por los delincuentes. Pero, de paso, esa gente encerrada mira televisión. Desde los años ochenta a la actualidad mucho se ha escrito sobre la relación entre política y medios. Se ha insistido con que la política se fue trasladando desde las calles hacia los medios. E, incluso, se ha dicho que cuando retorna a las calles lo hace a través de los medios. Así sucedió en los tramos más álgidos de la disputa por la aprobación de la resolución 125, cuando los medios concentrados pusieron sus cámaras en las calles para alentar la salida de caceroleros y otros sectores medios nerviosos y embarcables en una intermitente militancia delivery. La cacerola ilustra bien este modo específico de movilización activado por los medios desde el interior profundo de la esfera privada. Se trata de la señora o el señor que mira TV en su living y, de pronto, encuentra un estímulo para salir a la calle. Toma un instrumento disponible, por ejemplo una cacerola, en el camino agrega una cuchara o cualquier cosa a mano. Son utensilios del ámbito privado, muy lejos de los bombos y los redoblantes, los clásicos instrumentos militantes del espacio público. Se trata de un activo militante de crisis que nace y se reproduce en el ámbito privado. A ellos les está hablando De Narváez. Por eso, los protagonistas de sus spots son consumidores de medios. El empresario sabe que los tiene del otro lado de las pantallas, pero decide ponerlos también dentro de las pantallas, como protagonistas del spot. Por supuesto, dentro del spot aparecen escuchando a De Narváez. Así, el empresario televisivo dispone que la gente lo escuche dos veces: dentro del spot y en las casas cuando miran el spot. Y cuando los muestra movilizados, lo hace en la lógica de esa militancia intermitente que nace y se reproduce en la esfera privada: militantes de un día, el de la votación, que luego vuelven a sus ámbitos privados a mirar televisión. Es también lo que sucede en el último spot, donde una multitud corre por las calles hacia los lugares de votación. El origen del maratón es espontáneo, no hay historia política de esa movilización. También, infaltable, se muestra una pantalla televisiva desde donde se observa la rara épica ciudadana de miles corriendo a votar. Es la política fluyendo leve y localizada, en la superficie, despolitizada. La publicidad de Kirchner-Scioli también recurre a la gente, pero la ubica en otra posición. Los protagonistas de los spots hablan –a través de carteles o contando su experiencia personal– desde las calles, desde la puerta de su casa, desde su lugar de trabajo. Son protagonistas que se mueven en el espacio público. No están escuchando pasivamente. Hablan, opinan, relatan. También, Kirchner, en sus caminatas, en sus recorridos por los barrios, aparece rodeado de miles de personas. Incluso se zambulle literalmente en la gente. Son dos modelos de pensar la comunicación. Y de pensar al ciudadano. El que expresa Durán Barba, que se resume en despolitizar la política. Y el que expresa Néstor Kirchner, que consiste en politizar la sociedad. Esto también se elige el 28 de junio.

* Ex subsecretario de Medios de la Nación.

lunes, 22 de junio de 2009

EL OPORTUNISMO A COSTA DEL PROYECTO NACIONAL - USTED LO SABE PINO !!!

Por Santiago "Coco" Plaza

El conífero PINO va a sacar buenos votos ... pero no con los de Heller, sino con los de la "derecha progre" contenedora de gelatina de frutas en el bocho en vez de ideas, propio del porteñismo mediopelo. Señor Pino Solanas, convertido en un Lilito coyuntural; la historia lo tendrá muy en cuenta (o NO) por su execrable oportunismo, que le da la categoría de mediocre hombre que tira por la borda lo que construyó con sacrificio y arte (que de última es SU problema). Juega también la decepción de los que creyeron en usted alguna vez (no es mi caso). Y ... si de respeto se trata, usted se lo está faltando nada menos que a un PROYECTO NACIONAL Y POPULAR - no a los K - sino al pueblo que es el primer beneficiado. Un Proyecto Nacional que lleva gestándose desde hace 5 años con un esfuerzo titánico y con logros jamás vistos desde los primeros gobiernos del Gral. Perón. Con todas las fuerzas de la reacción opositora de la derecha destituyente pujando con su poder en contra. Y TODO ESTO USTED LO SABE, porque de boludo no tiene nada; y esto es lo triste del asunto, QUE LO SABE. No venga a vender minas a cielo abierto ni negociados petroleros, que está en lo cierto quizás,... pero usted sabe muy bien que acá se está jugando algo más serio y definitorio; y eso es lo lamentable...USTED LO SABE. Pero antes que un proyecto nacional y popular prefiere dar rienda suelta a la debilidad humana de un ego enfermizo y oportunista.

martes, 16 de junio de 2009

Los medios y la campaña electoral

Por Luciano Sanguinetti (*)
Habría que celebrar esta campaña electoral. Y celebrar dos cosas: el trabajo de los medios de comunicación y el trabajo de la gente.
Vayamos por lo primero: los medios. Desde los que se dedican a la información hasta los que hacen entretenimiento.
En realidad, desde la refundada democracia en el ’83 hasta ahora, probablemente nunca fueron más objetivos. Digo, más objetivos en mostrar y demostrar cuáles eran y son sus intereses. Todos.
¿Es malo eso?
No. Lo que no tiene es remedio.
Porque de algún modo sería ingenuo suponer que, como actores políticos en la sociedad, los medios no tienen (y defienden) sus intereses.
Que sus productos sean noticias (es decir, construcciones simbólicas sobre cómo es el mundo y sus avatares cotidianos) no los excomulga del resto de las otras industrias dedicadas a elaborar mercancías que circulan también en este mundo.
¿No habrá que exigirles a esta altura, como al resto de las otras mercancías, un mínimo de calidad?
Sí. Porque nunca antes actuaron de manera más desembozada. Y juegan con fuego.
“Bueno, no es para tanto; no afectan la salud”, nos dirá exculpándose algún empresario periodístico.
¿Pero las sociedades no se enferman también?
Digresión: la semana pasada un diario porteño tituló en su tapa, para referirse a las colas que había en los hospitales: “Gripe A: colapsan servicios médicos y piden cautela”. Enseguida recordé la Alemania de los años ’30, y aquel film genial de Ingmar Bergman, El huevo de la serpiente. Recordé a Orson Welles y su radioteatro sobre la invasión marciana, del ’38, previo a la Segunda Guerra Mundial. Y recordé también que aquí nomás desaparecieron 30.000 personas y apenas si hubo alguna gacetilla que decía “subversivos caen en un enfrentamiento”.
La pregunta es por qué ahora sí y antes no.
Sencillamente porque antes los partidos políticos no eran tan débiles y la gente no estaba tan expuesta a los medios. Más lo segundo que lo primero.
Que una encuesta diera por resultado que un 15 por ciento de los porteños admitiera que “Gran cuñado” tendrá influencia en su decisión electoral no hace más que confirmarlo.
Que en ese mismo programa, Francisco de Narváez reconociera cuánto lo estaba ayudando el programa, cierra el círculo. A confesión de parte, relevo de prueba.
En los Estados Unidos tienen una práctica saludable: los periódicos informan un tiempo antes de las elecciones a qué candidato apoyan. Eso daría a los medios una mayor transparencia. Porque la transparencia no supone desinterés: nadie está ajeno a las disputas y conflictos que hacen la historia.
Quienes dicen actuar por desinterés, en realidad demuestran que creen estar por encima de los demás.
¿Quién puede estar en una democracia por encima de los demás?
Nadie. O en todo caso, sólo aquellos que saben o suponen que sus intereses no deben estar sometidos al escrutinio público.
¿Y la gente?
La gente porque nunca también como antes se involucró tanto políticamente. Y no solo se involucró sino que armó sus propios medios, especialmente las redes, los celulares, las pantallas de YouTube, los blogs, para hacerse sentir y trabajar, por fuera de la estructura monopolizadora de la información que imponen las grandes corporaciones mediáticas.
La blogósfera se llenó de ciberactivistas, de militantes, de ciudadanos preocupados por el país y por los medios, haciendo una suerte de contrainformación permanente.
Nunca como antes el instrumento político fundamental del juego democrático (la comunicación y los medios que la hacen posible) se ha sometido a ese escrutinio público.
Y más, mucho más, los jóvenes y no tan jóvenes.
Pienso: si la globalización fragmenta la sociedad y concentra poder, no hay otro medio para enfrentarla que transparentando el poder y democratizando la sociedad y sus medios.
Todos.

* Docente e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

sábado, 13 de junio de 2009

Ecuanimidad, si. Objetividad JAMÁS

Por Dante López Foresi

Quienes trabajamos con las palabras, debemos tener muy claro el significado de cada término que utilizamos al informar.
Permanentemente se hace referencia a una supuesta y necesaria “objetividad” periodística con la cual ideológica y conceptualmente no coincidimos. Es más. Nos parece que el periodista que se autodefine como “objetivo” atenta directamente contra su credibilidad, ya que nadie puede creer en alguien que comienza su tarea basado en una mentira o falacia. La objetividad presupone la definición del periodista como un “objeto” alejado y no involucrado en las noticias que produce.
La elección de las noticias es, de por si, un acto de subjetividad absoluta: las noticias que Usted leerá en esta edición de EL VIGÍA fueron elegidas subjetivamente y, para ello, miles de informaciones debieron quedar sin tratamiento. Por ende, sería una hipocresía jurarle que somos objetivos. Nos parece que los medios o periodistas que aluden a la objetividad, lo hacen simplemente para ocultar deliberadamente la función que “eligieron” cumplir y los intereses que optaron defender. No es respetable un ciudadano que no se involucra en lo que a su sociedad le sucede.

Quizás muchos periodistas que hacen de la objetividad una guía de ética y conducta, quieran referirse en realidad a la “ecuanimidad” imprescindible al ejercer nuestro oficio. La objetividad puede ser comprada y el “periodista objetivo” puede escudarse tras ella a cambio de sobornos o, simplemente, simpatías o antipatías. Pero aquel periodista que es ecuánime debe ser necesariamente creíble, ya que al publicar equilibradamente todas las voces hace imposibles segundas interpretaciones. Nos parece que para lograr esa credibilidad, que es el capital más preciado de cualquier periodista, deben al menos cumplirse dos requisitos ineludibles. El primero es el de ser equilibrado e intentar reflejar todas las posiciones, sobre todo aquellas con las cuales el periodista, en tanto ser humano con ideas y reflexiones que es, no concuerda. En segundo lugar, sólo es creíble el periodista que avisa con su firma las oportunidades en las cuales está opinando y cuando solamente informa. Esta reflexión es imprescindible a pocos días de unas elecciones cargadas de contenido como las que se desarrollarán el próximo 28 de junio.

La prueba más cabal de que los periodistas jamás podemos ser objetivos, es que ese día también votaremos. Está en Usted, estimado lector, determinar si le resulta más creíble quien le jura ser “objetivo” y no tener asumida posición alguna en cada tema que aborda pero que, a la vez, lo abruma con mensajes subliminales en sus informaciones y presenta solamente determinadas campanas ocultando deliberadamente las otras o, por el contrario, aquellos periodistas que elegimos dejar sentada nuestra posición en cada oportunidad pero no le negamos espacio a nadie para expresarse. En EL VIGÍA se diferencian claramente cuáles son opiniones y cuáles, solo noticias. Piense profundamente si cuando en un programa de TV o de radio o cualquier publicación escrita insisten rabiosamente en transmitir los mismos mensajes casi con los mismos invitados o consultados, están haciendo periodismo equilibrado o no. Y suelen ser, casualmente, medios o periodistas que más alarde hacen de una supuesta “objetividad”.

La historia está llena de frases que definen a los “objetivos”: “A los tibios los vomita Dios” o “Quien en una guerra no se coloca en ninguno de los dos bandos, también es enemigo”, son solo dos ejemplos. Sirva esta reflexión a pocos días de haberse conmemorado el Día del Periodista que honra a hombres como Mariano Moreno que, lejos de ser objetivo, sirvió expresamente a los intereses de la verdad, la libertad y la independencia, poniendo en juego su propio honor en cada palabra que publicó.

Gracias a Dios hubo hombres como él o como Rodolfo Walsh, quien eligió no ser “objetivo” el 24 de marzo de 1976 y escribió la memorable “Carta a la Junta Militar”, por la cual pagó con su vida. Nos parece que el periodismo no es un oficio para “tibios” ni para “objetivos”, sino para personas decentes que, al informar, son concientes de que asumen una responsabilidad social importantísima, que implica deberes que no pueden eludirse tras una supuesta “objetividad” absurda y mentirosa.

Ésta será la nota editorial de la próxima edición de Periódico EL VIGÍA, a punto de aparecer.